Muerte en Tailandia el precio de una obsesión
El culto al cuerpo en las apps de citas tiene víctimas reales. Un conocido personaje de la escena nocturna, considerado un «top pionero» hace 15 años, ha aparecido muerto en Tailandia. Llevaba seis o siete años con problemas mentales, y el desenlace ha reabierto el debate sobre los esteroides, la presión estética y la fragilidad de una identidad construida sobre la imagen.
No es un caso aislado. Quienes conocieron el ambiente describen una espiral de obsesión: ciclos de anabolizantes, pastillas contra la calvicie, gimnasio sin descanso y una autoexigencia que devora la autoestima. El resultado es un vacío que ni los encuentros casuales ni la validación constante en Grindr logran llenar.
La comunidad que lo idolatró ahora especula con su estado mental final. El viaje a Tailandia, destino frecuente de turismo sexual, fue el punto de no retorno. Las autoridades investigan, pero el fallecimiento se atribuye a ahogamiento relacionado con sustancias.
Lo que algunos llaman «nueva normalidad» en ciertos círculos –promiscuidad, drogas, anabolizantes– tiene costes ocultos. El deterioro psíquico de quienes intentan sostener una imagen inalcanzable es tabú. Hasta que una muerte lo saca a la luz.
Si este patrón se mantiene, veremos más casos. El silencio sobre la salud mental en el fitness extremo no se romperá sin más víctimas.