118 puñaladas y una jinetera: el coste económico de las relaciones interesadas
En Sant Adrià de Besòs, un voluntario que dedicaba su tiempo a niños discapacitados fue asesinado por su pareja, una mujer cubana, tras ser engañado para participar en un supuesto juego sexual. La víctima, Gerard, fue atado a una silla y recibió 118 puñaladas, la mayoría mientras aún vivía. El caso no es solo un crimen atroz, sino un reflejo de las dinámicas económicas que subyacen en las relaciones de pareja cuando media la dependencia financiera.
El perfil económico de la agresora
La acusada, Arletys Castillo, responde al perfil de 'jinetera' cubana: mujeres que utilizan el atractivo sexual para obtener recursos de hombres más pudientes. En este caso, la relación con Gerard se cimentó en la promesa de estabilidad económica. Según los datos del juicio, ella estaba embarazada de cinco meses en el momento del crimen, lo que apunta a una estrategia para asegurarse un sustento a largo plazo. Cuando la víctima decidió terminar la relación, la respuesta fue la violencia más extrema.
La asimetría de la ley de violencia de género
En España, la ley integral contra la violencia de género solo protege a las mujeres como víctimas. Por ello, este asesinato no se tipifica como violencia de género, lo que reduce las penas y el tratamiento mediático. Los análisis del caso apuntan a que la condena será inferior a diez años, frente a las décadas que habría recibido un hombre en circunstancias similares. Esta asimetría tiene un coste económico y social: desincentiva la denuncia de violencia masculina y perpetúa un sesgo que cuesta vidas.
El silencio mediático y sus consecuencias
Mientras el caso de Julio Iglesias copaba titulares, este asesinato apenas tuvo cobertura. Los datos sobre el número de feminicidios masculinos son escasos, pero la evidencia anecdótica sugiere que se infravaloran. El silencio mediático no solo oculta la realidad, sino que también distorsiona las políticas públicas: si el coste de un crimen no se visibiliza, difícilmente se asignarán recursos para prevenirlo.
El caso de Gerard y Arletys no es una anécdota, sino un síntoma de un problema más profundo: la mercantilización de las relaciones sentimentales y la incapacidad del sistema para proteger a todas las víctimas. Que nadie se llame a engaño: el amor no tiene precio, pero en este caso tenía tarifa, y se pagó con 118 puñaladas.
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