MonteKarmelo
Madmaxista
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Lorenzo B. de Quirós, miembro del Consejo Editorial de elEconomista
Alrededor de las emisiones de pagarés realizadas por Nueva Rumasa (NR) se ha extendido un incomprensible, cómplice y, en buena medida, negligente manto de silencio. La mayoría de los medios de comunicación, quizá como consecuencia de la sequía publicitaria, no han prestado la atención debida ni han sometido a un análisis riguroso a una operación de alto riesgo y cuajada de opacidad.
Los organismos supervisores han eludido cualquier responsabilidad sobre la cuestión, como es el caso del Banco de España, o se han limitado a realizar advertencias genéricas, caso de la CNMV, sin entrar en el fondo del asunto.
Esta actuación tiene una especial gravedad en un escenario de crisis económico-financiera y resulta inquietante a la vista de fenómenos, como el de Afinsa, que se tradujeron en una masiva pérdida de fondos para quienes depositaron en ella su confianza y su dinero.
De entrada, toda la estrategia de captación de recursos desplegada por NR no reúne las condiciones exigibles a operaciones de esa naturaleza en una economía moderna y desarrollada. El recurso publicitario a expresiones susceptibles de interpretaciones erróneas como “rentabilidad garantizada” o “garantía real ante notario” e incluso la mención a un trinc depositado ante fedatario público tienen un cariz cuanto menos fuera de la ortodoxia, por no decir engañoso.
Esta falta de transparencia no se ha visto contrarrestada o debilitada por las declaraciones realizadas por los distintos portavoces de NR. La última justificación de su éxito en la obtención de fondos por parte de la entidad creada por el Sr. Ruiz Mateos se basa, en palabras de su fundador, en un acto de fe, concepto profundo pero en este caso un canto a Cartagena ajeno a cualquier práctica mercantil normal, esto es, presidida por la racionalidad.
Las operaciones de Carcesa
Aunque los anuncios y el “informe completo” hacen referencia al grupo NR, no consta la existencia del mismo. Su supuesta matriz, Nueva Rumasa SA, no presenta una contabilidad consolidada, por lo que es imposible conocer el verdadero estado de ese entramado empresarial y la consistencia y solidez de sus resultados.
En este contexto, las empresas controladas por la familia Ruiz Mateos tendrían la posibilidad de llevar a cabo operaciones entre sí inflando de modo artificial el valor de los activos y beneficios. Según se desprende de la escasa información disponible, la compañía emisora de los pagarés no es NR, la teórica matriz del grupo, sino Carcesa, fabricante de los productos Apis y Fruco, y los fondos obtenidos en la primera emisión se destinaron a adquirir una quesería, una bodega y cinco hoteles, actividades todas ellas ajenas al objeto social de Carcesa. Esto recuerda las prácticas llevadas a cabo por la antigua Rumasa.
Desde esta óptica, es posible o probable que Carcesa -Apis y Fruco- hayan prestado el dinero captado a otras compañías de la familia menos conocidas y con mayor riesgo. El análisis de los estados financieros de Carcesa y de todas las demás sociedades del grupo NR no permite un adecuado conocimiento de la situación patrimonial del conglomerado al no presentar contabilidad consolidada.
Publicidad engañosa
El “informe completo” de la emisión se limita, igual que la página web de NR, a mostrar fotos de hoteles, industrias y datos sueltos como una valoración de las existencias de brandy. Por otra parte, no consta jurídicamente que el patrimonio fotografiado respalde la devolución del dinero suministrado a NR por los inversores. A su vez, NR incorpora en su publicidad escudos del IESE y de la Universidad de Harvard sin que exista la certeza de que esas instituciones respalden las valoraciones de activos ofrecidas a los potenciales adquirentes de los títulos emitidos por NR.
Por otra parte, NR incurre en una grave y extraña incongruencia con implicaciones potencialmente explosivas: la de financiar con títulos a un año, deuda a corto, la adquisición de activos cuya maduración se va a producir en un horizonte temporal mucho más lejano.
Los negocios industriales y los hoteleros requieren una financiación estructural a largo plazo, reservando circulante para el funcionamiento del día a día. Esto significa que la forma de actuar de NR la forzará de modo ineludible a realizar emisiones sucesivas de pagarés en el futuro para poder ir devolviendo las anteriores. Esto configura un edificio piramidal de intrínseca inestabilidad que corre el serio peligro de desembocar en una situación financiera insostenible si la cadena se rompe. Es un ejemplo paradigmático de la denominada Pirámide de Ponzi.
Actuaciones sin control
NR ha diseñado sus emisiones de tal manera que, por una cuestión de forma que no de fondo, queden fuera de las competencias de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Pero no ha establecido las cautelas necesarias para no ser objeto de una investigación por parte del Banco de España.
La vigente legislación reserva a bancos y cajas la captación de fondos reembolsables del público, cualquiera que sea su destino, en forma de depósito, préstamo, cesión temporal de activos financieros u otras análogas que no estén sujetas a las normas de ordenación y disciplina del mercado de valores. Desde esta óptica, las emisiones de NR caen bajo la jurisdicción de la institución presidida por Miguel Ángel Fernández Ordoñez.
En una economía de mercado, los inversores han de tener y tienen la libertad para elegir la combinación riesgo-rentabilidad que les parezca oportuna. Si aciertan en su elección ganarán dinero, y si no, lo perderán. Ahora bien, sus decisiones han de adoptarse en un marco de transparencia que les permita hacerse una idea cabal de los activos que compran y de la posición patrimonial y financiera real de quienes los venden.
Los organismos supervisores y reguladores existen para garantizar que eso sea así. Desde esta perspectiva, parece que ni la CNMV ni el Banco de España han actuado con la diligencia esperable ante la emisión de pagarés efectuada por NR. Esperemos que no haya que lamentar las consecuencias.
Alrededor de las emisiones de pagarés realizadas por Nueva Rumasa (NR) se ha extendido un incomprensible, cómplice y, en buena medida, negligente manto de silencio. La mayoría de los medios de comunicación, quizá como consecuencia de la sequía publicitaria, no han prestado la atención debida ni han sometido a un análisis riguroso a una operación de alto riesgo y cuajada de opacidad.
Los organismos supervisores han eludido cualquier responsabilidad sobre la cuestión, como es el caso del Banco de España, o se han limitado a realizar advertencias genéricas, caso de la CNMV, sin entrar en el fondo del asunto.
Esta actuación tiene una especial gravedad en un escenario de crisis económico-financiera y resulta inquietante a la vista de fenómenos, como el de Afinsa, que se tradujeron en una masiva pérdida de fondos para quienes depositaron en ella su confianza y su dinero.
De entrada, toda la estrategia de captación de recursos desplegada por NR no reúne las condiciones exigibles a operaciones de esa naturaleza en una economía moderna y desarrollada. El recurso publicitario a expresiones susceptibles de interpretaciones erróneas como “rentabilidad garantizada” o “garantía real ante notario” e incluso la mención a un trinc depositado ante fedatario público tienen un cariz cuanto menos fuera de la ortodoxia, por no decir engañoso.
Esta falta de transparencia no se ha visto contrarrestada o debilitada por las declaraciones realizadas por los distintos portavoces de NR. La última justificación de su éxito en la obtención de fondos por parte de la entidad creada por el Sr. Ruiz Mateos se basa, en palabras de su fundador, en un acto de fe, concepto profundo pero en este caso un canto a Cartagena ajeno a cualquier práctica mercantil normal, esto es, presidida por la racionalidad.
Las operaciones de Carcesa
Aunque los anuncios y el “informe completo” hacen referencia al grupo NR, no consta la existencia del mismo. Su supuesta matriz, Nueva Rumasa SA, no presenta una contabilidad consolidada, por lo que es imposible conocer el verdadero estado de ese entramado empresarial y la consistencia y solidez de sus resultados.
En este contexto, las empresas controladas por la familia Ruiz Mateos tendrían la posibilidad de llevar a cabo operaciones entre sí inflando de modo artificial el valor de los activos y beneficios. Según se desprende de la escasa información disponible, la compañía emisora de los pagarés no es NR, la teórica matriz del grupo, sino Carcesa, fabricante de los productos Apis y Fruco, y los fondos obtenidos en la primera emisión se destinaron a adquirir una quesería, una bodega y cinco hoteles, actividades todas ellas ajenas al objeto social de Carcesa. Esto recuerda las prácticas llevadas a cabo por la antigua Rumasa.
Desde esta óptica, es posible o probable que Carcesa -Apis y Fruco- hayan prestado el dinero captado a otras compañías de la familia menos conocidas y con mayor riesgo. El análisis de los estados financieros de Carcesa y de todas las demás sociedades del grupo NR no permite un adecuado conocimiento de la situación patrimonial del conglomerado al no presentar contabilidad consolidada.
Publicidad engañosa
El “informe completo” de la emisión se limita, igual que la página web de NR, a mostrar fotos de hoteles, industrias y datos sueltos como una valoración de las existencias de brandy. Por otra parte, no consta jurídicamente que el patrimonio fotografiado respalde la devolución del dinero suministrado a NR por los inversores. A su vez, NR incorpora en su publicidad escudos del IESE y de la Universidad de Harvard sin que exista la certeza de que esas instituciones respalden las valoraciones de activos ofrecidas a los potenciales adquirentes de los títulos emitidos por NR.
Por otra parte, NR incurre en una grave y extraña incongruencia con implicaciones potencialmente explosivas: la de financiar con títulos a un año, deuda a corto, la adquisición de activos cuya maduración se va a producir en un horizonte temporal mucho más lejano.
Los negocios industriales y los hoteleros requieren una financiación estructural a largo plazo, reservando circulante para el funcionamiento del día a día. Esto significa que la forma de actuar de NR la forzará de modo ineludible a realizar emisiones sucesivas de pagarés en el futuro para poder ir devolviendo las anteriores. Esto configura un edificio piramidal de intrínseca inestabilidad que corre el serio peligro de desembocar en una situación financiera insostenible si la cadena se rompe. Es un ejemplo paradigmático de la denominada Pirámide de Ponzi.
Actuaciones sin control
NR ha diseñado sus emisiones de tal manera que, por una cuestión de forma que no de fondo, queden fuera de las competencias de la Comisión Nacional del Mercado de Valores. Pero no ha establecido las cautelas necesarias para no ser objeto de una investigación por parte del Banco de España.
La vigente legislación reserva a bancos y cajas la captación de fondos reembolsables del público, cualquiera que sea su destino, en forma de depósito, préstamo, cesión temporal de activos financieros u otras análogas que no estén sujetas a las normas de ordenación y disciplina del mercado de valores. Desde esta óptica, las emisiones de NR caen bajo la jurisdicción de la institución presidida por Miguel Ángel Fernández Ordoñez.
En una economía de mercado, los inversores han de tener y tienen la libertad para elegir la combinación riesgo-rentabilidad que les parezca oportuna. Si aciertan en su elección ganarán dinero, y si no, lo perderán. Ahora bien, sus decisiones han de adoptarse en un marco de transparencia que les permita hacerse una idea cabal de los activos que compran y de la posición patrimonial y financiera real de quienes los venden.
Los organismos supervisores y reguladores existen para garantizar que eso sea así. Desde esta perspectiva, parece que ni la CNMV ni el Banco de España han actuado con la diligencia esperable ante la emisión de pagarés efectuada por NR. Esperemos que no haya que lamentar las consecuencias.
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