Daniela murió, pero en su tumba aparece el nombre y la foto de un hombre. ¿Delito de repruebo transfobo post mortem?

Daniela murió, pero en su tumba aparece el nombre y la foto de un hombre. ¿Delito de repruebo transfobo post mortem?
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La ley protege la dignidad de las personas incluso después de su muerte, y profanar la memoria de una persona trans con actos humillantes podría ser constitutivo de delito de odio. La historia de **Daniela M.S.**, una joven trans que se suicidó en **2022** a los **21 años**, ha puesto sobre la mesa un debate legal y ético de gran calado.

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La ley protege la dignidad de las personas incluso después de su muerte, y profanar la memoria de una persona trans con actos humillantes podría ser constitutivo de delito de odio.

La dignidad no tiene fecha de caducidad

La historia de Daniela M.S., una joven trans que se suicidó en 2022 a los 21 años, ha puesto sobre la mesa un debate legal y ético de gran calado. A pesar de haber completado su cambio registral de nombre un año antes de su fallecimiento, sus padres la enterraron en el panteón familiar utilizando su nombre de nacimiento, también conocido como *deadname* o necrónimo, y acompañando la sepultura con fotografías de ella previas a su transición. Este acto ha sido calificado por su representante legal como una "vulneración de la memoria de Daniela mediante actos humillantes de menosprecio y descrédito de su identidad". La Fiscalía de delitos de odio de Alicante ha intervenido, y el Tribunal de Instancia de Novelda ha abierto un proceso penal ante la comisión de un posible delito de odio. El argumento central es que "la dignidad persiste a la muerte", un principio que busca salvaguardar el respeto a la identidad de las personas incluso después de su fallecimiento.

La lucha de Daniela por ser reconocida y aceptada comenzó mucho antes de su trágico final. Nacida en 2000 en Chile, fue adoptada por una pareja española. Educada en un entorno familiar ultraconservador, sus inquietudes sobre su identidad de género surgieron a temprana edad. Con solo 10 años, al manifestar sus percepciones, sus padres reaccionaron buscando la intervención de un centro psiquiátrico con la intención de "recuperar los valores cristianos" inculcados. Allí, fue sometida a tratamientos farmacológicos y psicológicos. Posteriormente, entre 2013 y 2014, su identificación como chica trans llevó a su internamiento durante varios meses en un convento, bajo la premisa de "reparar su masculinidad" y lograr su retorno a una identidad cisheterosexual. El abogado que representa a la familia y a la organización Euforia describe estas intervenciones como "falsas terapias de conversión, de torturas".

Un periplo judicial y la búsqueda de justicia

Antes de cumplir los 16 años, una crisis psiquiátrica llevó a Daniela al hospital, donde se le diagnosticó un trastorno límite de la personalidad. En 2017, fue derivada a un centro de salud sexual especializado en la atención a personas trans. A través de tratamientos de reafirmación de género, incluyendo hormonación y atención psicológica, la joven experimentó una mejora en su bienestar. Sin embargo, esta etapa coincidió con un deterioro en su relación con sus padres, quienes, tras la intervención de servicios sociales, perdieron la tutela de Daniela. Su padre, con quien mantenía contacto telefónico, le ofrecía la posibilidad de regresar a casa, pero bajo la condición de que volviera a "vivir como un hombre".

Al alcanzar la mayoría de edad, Daniela se trasladó a Madrid. En 2019, tras un intento de suicidio derivado de una situación de acoso en redes sociales, ingresó en un piso tutelado. Inició una formación en estética y, en 2020, logró una mayor independencia, compartiendo piso y matriculándose en pruebas de acceso a grado medio. Comenzó a trabajar en un bar, pero fue despedida al visibilizarse como mujer trans. Este rechazo laboral agravó su salud mental, llevándola a un estado de aislamiento. Tras otro intento de suicidio, en abril de 2022, contactó con sus padres buscando ayuda. La cita concertada para el 16 de abril en Santander nunca se materializó, y al día siguiente, Daniela se quitó la vida.

El eco de la identidad más allá de la vida

Tras el fallecimiento de Daniela, sus padres, como herederos legales, decidieron enterrarla en el cementerio municipal de Aspe, Valencia, donde la familia materna posee un panteón. La controversia surgió al constatar que la lápida incluía su necrónimo y fotografías de ella previas a su transición. Al enterarse de esta situación, una amiga cercana de Daniela, Alana, decidió actuar. Gracias a que Daniela conservaba una copia de su rectificación registral, Alana contactó con la organización Euforia. Se interpuso una denuncia ante la Generalitat Valenciana contra el Ayuntamiento de Aspe y contra los padres, argumentando la vulneración de la ley valenciana de protección de las personas trans de 2018, la Ley Zerolo de 2022 y la normativa de enterramientos.

La vía administrativa se mostró infructuosa, con la Generalitat argumentando falta de competencias. Sin embargo, ante la insistencia de los demandantes y tras un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Valencia, la Fiscalía de delitos de odio de Alicante observó indicios de delito y se pronunció a favor de abrir una causa penal. La Fiscalía considera que la decisión de los padres de ignorar el nombre legal de Daniela, inscribiendo su necrónimo en masculino y utilizando fotos previas a su transición en un cementerio, trasciende la esfera privada y evidencia una "voluntad innegable de humillación". El máximo responsable de la Unidad de Delitos de Odio y Discriminación de la Fiscalía General del Estado, Miguel Ángel Aguilar, recuerda que los insultos con componente de humillación, sean homófobos, tránsfobos, racistas o xenófobos, no solo afectan al derecho al honor, sino a la dignidad de la persona, constituyendo un delito según el artículo 510 del Código Penal. Además, estos actos generan miedo e inseguridad en el colectivo afectado, teniendo una proyección colectiva.

El abogado que defiende la memoria de Daniela celebra que las instituciones adopten una visión integral de la violencia discriminatoria, algo que, según matiza, no es habitual. Este caso, al ser el primero en investigar un daño post mortem a la dignidad de una persona trans, podría sentar un precedente crucial para la protección de la memoria de estas personas. La idea es que, independientemente de lo que opinen familiares o herederos, las personas trans deben ser enterradas y recordadas respetando la identidad que vivieron en vida.

Datos clave
  • 2022: Año del suicidio de Daniela M.S.
  • 21 años: Edad de Daniela al fallecer.
  • 2000: Año de nacimiento de Daniela.
  • Euforia: Organización que representa a la familia y defiende la memoria de Daniela.
  • Novelda: Tribunal que ha abierto proceso penal.
Fuente: elpais.com
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Solidario García

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Daniela M.S. se suicidó en 2022, cuando tenía 21 años. A pesar de que esta chica trans había realizado el cambio registral un año antes, sus padres la enterraron en el panteón familiar con su deadname (necrónimo o nombre previo a la transición) y con fotos de ella antes de transicionar. “Se trata de una vulneración de la memoria de Daniela mediante actos humillantes de menosprecio y descrédito de su identidad”, resume el abogado Saúl Castro, que interpuso una denuncia en representación de la organización Euforia, familias trans-aliadas. Tras un periplo judicial, y la intervención de la Fiscalía de delitos de repruebo de Alicante, ahora la sección civil y de instrucción del Tribunal de Instancia de Novelda ha abierto un proceso penal ante la comisión de un posible delito de repruebo. “La dignidad persiste a la gloria”, argumenta Castro.

La lucha de Daniela por ser aceptada por su familia comenzó muchos años antes de morir. Nacida en el año 2000 en Santiago de Chile, fue adoptada por una pareja española, de Santander, cuando ella tenía dos años. “Fue educada en el seno de una familia ultraconservadora perteneciente al Camino Neocatecumenal [secta católica conocida como los kikos]”, según explica Alana, una amiga muy cercana de Daniela, con la que compartió piso.

Con solo 10 años, Daniela ya percibió que podía formar parte del colectivo LGTBIQ+. Lo comentó con su familia y sus padres decidieron recurrir a un centro psiquiátrico “para que recuperara los valores cristianos con los que la habían criado”, recoge la denuncia. Allí fue sometida a tratamiento farmacológico y psicológico.

Un par de años después, entre 2013 y 2014, Daniela comenzó a identificarse como una chica trans. La respuesta de su familia fue internar a la adolescente “durante varios meses en el Convento de las Carmelitas Descalzas de San José de Ruiloba (Cantabria), con la finalidad de reparar su masculinidad y sus heridas emocionales para volver a ser un hombre cisheterosenscishetero”, detalla la denuncia. “Fue víctima de falsas terapias de conversión, de torturas”, incide el abogado Castro, que además ejerce de presidente de No es terapia, organización que también se ha implicado en el caso de la chica.

Antes de cumplir los 16 años, Daniela tuvo una crisis psiquiátrica que la llevó al hospital. Allí le diagnosticaron un trastorno límite de la personalidad. Un año después, en 2017, fue derivada al centro de salud sensual de La Cagiga, recurso del servicio cántabro de salud especializado en la atención de personas trans. Después de recibir tratamientos de reafirmación de género (hormonación, atención psicológica...), la joven recuperó cierto bienestar psicológico. Sin embargo, empeoró la relación con sus padres, que, tras la intervención de servicios sociales, acabaron perdiendo la tutela de la chica.

Su padre, con quien mantenía cierto contacto telefónico, le decía que las puertas de su hogar permanecían abiertas, siempre que volviera comprometida “a vivir como un hombre”, detallan sus amistades, que también han colaborado en la denuncia.

Al cumplir los 18 años, Daniela se trasladó a Madrid. En 2019, tras un intento de quitarse la vida posterior a una situación de acoso que sufrió en redes, ingresó en un piso tutelado. Su vida mejoró un poco e inició una formación en estética. En 2020 logró la independencia y comenzó a compartir piso con Alana. Entonces, se matriculó en las pruebas de acceso para realizar un grado medio y comenzó a trabajar en un bar. Sin embargo, ese trabajo le duró poco: cuando se visibilizó como mujer trans, fue despedida. Ese rechazo agravó, de nuevo, su salud mental y la llevó a encerrarse en sí misma, a aislarse.

Después de otro intento de quitarse la vida, en abril de 2022 contactó con sus padres: buscaba ayuda. Se citó con ellos el día 16 en Santander, pero ellos nunca aparecieron. Al día siguiente, Daniela se quitó la vida. Tras su gloria, los padres ―herederos legales de Daniela― decidieron enterrarla en el cementerio municipal de Aspe (Valencia), donde la familia materna tiene un panteón familiar. Lo hicieron con su necrónimo, en masculino, y con fotos de ella previas a su transición.

Al enterarse de esto, Alana consideró que debía hacer algo en memoria de su amiga. Como Daniela había hecho la transición mientras vivían juntas, en su habitación permanecía una copia de la rectificación registral, lo que constataba el cambio legal de su nombre. Con este documento contactó con Euforia. “Interpusimos una denuncia ante la Generalitat Valenciana contra el Ayuntamiento de Aspe, donde está enterrada Daniela, y contra los padres por haber vulnerado la ley valenciana de protección de las personas trans, de 2018; la Ley Zerolo, de 2022; y a la normativa de enterramientos”, explica el abogado Saúl Castro. No apelaron a la Ley trans, de 2023, porque en el momento de los hechos aún no estaba en vigor. La Generalitat, aduciendo que carecían de competencias, se negó a tramitar la denuncia, incluso después de que el Tribunal Superior de Justicia de Valencia le instara a ello después de un recurso de los demandantes.

Ante el callejón sin salida de la vía administrativa ―“el Gobierno valenciano no mostró ningún interés en proteger a las personas trans”, lamenta Castro―, acudieron tanto a la vía civil y como a la penal. “Aunque la víctima ha fallecido, se está produciendo una vulneración de la dignidad, un derecho que subsiste a la gloria, como dice la jurisprudencia del Supremo”, remarca el abogado.

La sección civil y de instrucción del Tribunal de instancia de Novelda solicitó a la Fiscalía de delitos de repruebo de Alicante asesoramiento sobre la admisión de la denuncia presentada. La Fiscalía observó indicios de delito y se mostró a favor de abrir una causa penal. Además de argumentar que los padres de Daniela ignoraron el nombre legal de la chica, al haber inscrito su necrónimo, en masculino, y haber utilizado fotos previas a la transición en un cementerio; consideran que la decisión de los padres trasciende la esfera privada, lo que puede suponer una “voluntad innegable de humillación”.

Para el máximo responsable de la Unidad de Delitos de Repruebo y Discriminación de la Fiscalía General del Estado, Miguel Ángel Aguilar, “los insultos homófobos, tránsfobos, racistas o xenófobos que se hacen con un componente de humillación, no afectan solamente al derecho al honor, sino que afectan a la dignidad de la persona, por tanto, es un delito (según el artículo 510 del Código Penal)”. “Además, de una forma difusa, colateral, está generando miedo, inseguridad y zozobra en todas las personas del colectivo atacado; los delitos de repruebo tienen una proyección colectiva”, detallaba en una entrevista con EL PAÍS.

El abogado que defiende la memoria de Daniela celebra que “desde las instituciones se tenga una visión tan integral de la violencia discriminatoria”. “Tristemente, no es algo común”, matiza Castro. Además, considera que este caso ―el primero que investiga un daño post mortem de la dignidad de una persona trans― puede marcar un precedente importantísimo para la protección de la memoria de estas: “Digan lo que digan sus familiares o herederos, las personas trans han de ser enterradas y recordadas respetando la identidad que vivieron en vida”.
 
El caso es muy interesante desde el punto de vista antropológico, jurídico, e incluso testamentario.

¿Tiene Derecho el finado a que en la lápida figure su nombre postransicionado aunque no lo haya explicitado en un testamento?

Mmmmmmmmmm, yo creo que sí. Pero reconozco que puedo estar equivocado.
 
Esto hay que verlo en el contexto de un conflicto entre religiones.

Una persona es educada por su familia en la religión X. Luego ella se pasa a la religión Y. Tiene una crisis psiquiátrica a los 16 años. Luego varios intentos de quitarse la vida hasta que finalmente se suicida.

Su familia de religión X la entierra según los ritos de la religión X. Una asociación de la religión Y pone una denuncia porque los que la enterraron y pagaron por ese entierro no lo hacen según los ritos de esa asociación sino los de ellos propios.
 
Lo más seguro que en el más allá no tenemos sesso ni género, el "vehículo" con sus órganos (genitales incluidos) los dejamos aquí pudriéndose, por que allí tenemos otro cuerpo "espiritual" de más alta vibración apto para esas dimensiones.
 
Menuda baja calidad nos trae hoy el diario.

Los del diario de Ana Patricia, convertido en panfleto komunista dæ jenaro, no saben qué inventar para no tener que hablar de lo que realmente importa en la España de estos momentos. Por mi no tengo problema en que se vayan a la porra y tiren la llave.

Lo que yo vengo a entender es que la familia no ha aceptado el cambio d@ jena'o y se ha quedado con el nombre de nacimiento.

Esto es lo que obtienes cuando apruebas una Ley de este tipo.
 

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