La dieta extrema que mató a los 39 años a una influencer vegana
Su última publicación era una celebración. El 7 de junio, Zhanna Samsonova escribió que estaba emocionada por la temporada de frutas en Tailandia y que era «hora de aumentar de peso». Mes y medio después, el 21 de julio, esta influencer rusa de 39 años fallecía en Malasia a causa de una infección similar al cólera que, según su madre, se agravó por el «agotamiento de su cuerpo». Durante los últimos años ingería exclusivamente frutas, brotes de semillas de girasol, batidos y zumos naturales. Su familia avisó durante todo ese tiempo.
No sirvió de nada.
El caso no es el de una persona anónima. Samsonova viajaba y vivía en distintos países de Asia desde hacía 17 años y exhibía su menú diario ante 10.000 seguidores: melón entero con zumo de zanahoria, tomates cherry con aguacate, sopas y ensaladas crudas. «A pesar de que cocino platos crudos sofisticados, como muy simple. Mi comida es simple, sin aceite, sin sal, sin alimentos deshidratados y sin proteínas», escribió en una de sus publicaciones. La frase, leída hoy, funciona como un resumen clínico de lo que le estaba ocurriendo.
Qué comía Zhanna Samsonova: fruta, brotes y seis años sin beber agua
La dieta no fue extrema desde el primer día. Empezó hace una década incorporando de vez en cuando pescado y lácteos a su menú. Con los años la restricción se cerró sobre sí misma: primero el veganismo, después el crudivorismo estricto. En los últimos siete años, según el testimonio de una amiga recogido por medios rusos, apenas comía durian, la fruta puntiaguda de olor penetrante que puede llegar a medir 30 centímetros y pesar casi tres kilos.
A eso se sumó el
ayuno seco: periodos en los que se negaba a comer y beber durante días. Y un dato que resume el resto:
llevaba seis años sin ingerir agua. La sustituía por zumos de frutas y verduras.
El cuerpo humano tolera carencias durante meses, incluso años. Lo que no tolera es que la carencia se convierta en identidad.
Exhausta fue la palabra que usó un amigo que la vio en Sri Lanka unos meses antes de morir. Otra amiga que la conoció en Tailandia fue más explícita: «Daba miedo mirarla, para ser honesta, sus manos eran como las de mi hermana de 12 años de delgadas».
Cuando el «estilo de vida saludable» esconde un trastorno alimentario
Aquí es donde el asunto deja de ser una excentricidad y se convierte en patrón. Una parte del debate sostiene que buena parte de lo que hoy se vende como alimentación «limpia» no es más que un trastorno de conducta alimentaria con mejor prensa: el mismo control obsesivo, la misma pérdida de peso, el mismo rechazo a reconocer el problema. La diferencia es que antes había un diagnóstico y ahora hay una comunidad de seguidores aplaudiendo.
Enfrente pesa otro argumento, sostenido también en el debate: el veganismo, por sí solo, no mata. Lo que mató a Samsonova, dice esta corriente, fue la radicalización individual, el ayuno seco y una personalidad que se negó a escuchar a su propia familia. La discusión no está cerrada.
Lo que sí parece claro es el papel de las redes. Una cuenta con 10.000 seguidores ya genera el ruido suficiente como para que quien la gestiona confunda la aprobación con la evidencia. El incentivo es perverso: cuanto más extrema la dieta, más interacción; cuanto más interacción, más difícil dar marcha atrás.
Berenjena cruda, B12 y los riesgos del crudivorismo
El crudivorismo ha disparado las alertas nutricionales. Un especialista advertía hace poco de que determinados alimentos resultan tóxicos sin cocinar, con casos que acaban en urgencias por comer berenjena cruda, y de la necesidad de extremar el lavado de vegetales frente a infecciones. La falta de proteínas y la carencia de vitamina B12 son los déficits clásicos de estas dietas: quien apenas consume productos animales puede acabar con problemas digestivos y neurológicos serios si no compensa la carencia.
Cualquier decisión alimentaria de este tipo debería pasar por un profesional sanitario. No es una opinión: es lo que se deduce de un caso en el que la familia llevaba años pidiendo hábitos más equilibrados y recibiendo negativas. Samsonova tenía previsto volar a Kazán, a casa de su madre,
el mismo día en que murió. No llegó.
La profesión de riesgo que nadie regula
La conversación pública se ha llenado de creadores que monetizan la restricción. Algunos extremos se convierten en marca personal, y la marca personal, cuando se sostiene sobre el propio cuerpo, se paga cara. No hay regulación, ni cámara, ni aviso legal que frene una cuenta cuando el mensaje empieza a ser peligroso. El resultado es una vitrina permanente de menús imposibles y ayunos milagrosos sin un solo contrapeso técnico.
¿Cuántas de las personas que hoy publican ayunos y platos crudos como fórmula milagrosa están caminando exactamente la misma línea?