El Darwinismo se ahoga en detalles que nunca termina de explicar.
La Logica y el sentido común desarman todos esos devaneos estériles.
Para cualquier mente que haya traspasado cierto umbral de inteligencia e intuición, resulta inevitable formularse una pregunta: ¿de dónde proviene esa racionalidad que percibo en cada objeto de la naturaleza…?
Porque esa racionalidad no ha surgido de mi propia mente, yo solo la descubro. la mente humana no hace sino reflejar lo que ya estaba allí, inscrito en la trama del universo.
Así que, ¿cómo eludir la sospecha de que esa racionalidad es el eco de una racionalidad superior, de un Diseñador que trazó el plano?
¿O acaso se pretende que la razón pueda engendrarse a sí misma, por la pura potencia de su propia lógica?
Tal proposición es, en sí misma, ilógica.
Si las cosas exhiben orden y coherencia, es porque previamente se establecieron leyes para que seres racionales pudieran descubrirlas.
Y no hay que olvidar que esas constantes físico-matemáticas que rigen todo desde una nebulosa a una ameba, ya habitaban el universo mucho antes de que existiera ningun ser humano que la observara,por ejemplo el valor del numero" pi" o el hecho de que determinados números enteros sean primos y tengan determinadas propiedades o la existencia de cinco poliedros regulares y solo cinco...el Hombre no existía aún pero esas entidades matemáticas ya existian ...
Más allá de eso, hay un hecho que se constata en este planeta y que previsiblemente se constatará en otros: la existencia de vida solo es posible si las leyes y condiciones iniciales del universo han sido ajustadas con una precisión extrema, milimétrica, casi obsesiva.
La gravedad, la expansión cósmica, la temperatura, las constantes fundamentales… todo parece finamente calibrado. Ante esa evidencia, la sugerencia del Diseño se impone con la fuerza de una necesidad lógica, no como una opción, sino como una conclusión ineludible.
Y una vez admitido eso, solo resta una pregunta, la última, la más incisiva:
¿ese diseño pudo originarse por sí mismo, a partir del caos y la aleatoriedad? ¿Puede el azar, por su propia dinámica, generar un orden tan sofisticado?
O, por el contrario, ¿no exige todo diseño la existencia previa de un Diseñador?
Porque si el orden no requiere de un ordenador, si la ley no requiere de un legislador, si el poema no requiere de un poeta, entonces el universo se convierte en un milagro sin autor, en una coherencia sin fuente, en una racionalidad huérfana. Y esa posibilidad, por absurda que parezca, es la única que podría liberarnos de la pregunta.
Pero liberarnos de la pregunta no es responderla...
La Logica y el sentido común desarman todos esos devaneos estériles.
Para cualquier mente que haya traspasado cierto umbral de inteligencia e intuición, resulta inevitable formularse una pregunta: ¿de dónde proviene esa racionalidad que percibo en cada objeto de la naturaleza…?
Porque esa racionalidad no ha surgido de mi propia mente, yo solo la descubro. la mente humana no hace sino reflejar lo que ya estaba allí, inscrito en la trama del universo.
Así que, ¿cómo eludir la sospecha de que esa racionalidad es el eco de una racionalidad superior, de un Diseñador que trazó el plano?
¿O acaso se pretende que la razón pueda engendrarse a sí misma, por la pura potencia de su propia lógica?
Tal proposición es, en sí misma, ilógica.
Si las cosas exhiben orden y coherencia, es porque previamente se establecieron leyes para que seres racionales pudieran descubrirlas.
Y no hay que olvidar que esas constantes físico-matemáticas que rigen todo desde una nebulosa a una ameba, ya habitaban el universo mucho antes de que existiera ningun ser humano que la observara,por ejemplo el valor del numero" pi" o el hecho de que determinados números enteros sean primos y tengan determinadas propiedades o la existencia de cinco poliedros regulares y solo cinco...el Hombre no existía aún pero esas entidades matemáticas ya existian ...
Más allá de eso, hay un hecho que se constata en este planeta y que previsiblemente se constatará en otros: la existencia de vida solo es posible si las leyes y condiciones iniciales del universo han sido ajustadas con una precisión extrema, milimétrica, casi obsesiva.
La gravedad, la expansión cósmica, la temperatura, las constantes fundamentales… todo parece finamente calibrado. Ante esa evidencia, la sugerencia del Diseño se impone con la fuerza de una necesidad lógica, no como una opción, sino como una conclusión ineludible.
Y una vez admitido eso, solo resta una pregunta, la última, la más incisiva:
¿ese diseño pudo originarse por sí mismo, a partir del caos y la aleatoriedad? ¿Puede el azar, por su propia dinámica, generar un orden tan sofisticado?
O, por el contrario, ¿no exige todo diseño la existencia previa de un Diseñador?
Porque si el orden no requiere de un ordenador, si la ley no requiere de un legislador, si el poema no requiere de un poeta, entonces el universo se convierte en un milagro sin autor, en una coherencia sin fuente, en una racionalidad huérfana. Y esa posibilidad, por absurda que parezca, es la única que podría liberarnos de la pregunta.
Pero liberarnos de la pregunta no es responderla...
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