Charo de Podemos a Charo de Bocs: el precio político de cambiar de bando
Hay un momento en que la militancia se rompe. Charo, hasta hace nada imagen de la base progresista, aparece ahora en un vídeo alineada con Bocs, la formación que siempre había quedado enfrente en el tablero político. El revuelo es inmediato: en los corrillos digitales se mezclan el reproche, la burla y una vieja tesis que vuelve a asomar: que las mujeres serían más influenciables, más propensas a tragarse el relato que toque.
Cada defección pública alimenta la misma dinámica: los que se quedan hablan de borreguismo y de mundos de yupi; los que se fueron explican que abrieron los ojos. El caso de Charo tiene un componente que lo hace más irritante: viene de Podemos, un proyecto que capitalizó el voto joven y femenino. Quien abandona no es un tránsfuga cualquiera; es un símbolo. Y una curiosidad que desactiva el drama: el vídeo no es nuevo. Lleva circulando más de un año, y las reacciones son calcadas.
Y en medio, la puntilla para los que quieren ver un despertar: hay quien recuerda que el partido de Charo, según cierta lectura de sus estatutos, se presenta como el más receptivo a la inmigración. Si fuera así, el viaje ideológico no sería un giro, sino una diagonal. Bienvenidos a la guerra cultural, donde hasta los bandos se disfrazan de enemigos.