Será en octubre: la profecía que nunca llega y el chiste que se quedó
Cada 31 de octubre el mundo financiero sigue en pie y alguien, desde algún rincón de internet, vuelve a retrasar el apocalipsis bursátil al mismo mes del año siguiente. Esa es la esencia de "será en octubre", una expresión nacida al calor de la crisis de 2008 y convertida en herramienta para desmontar a los agoreros de turno.
El mes maldito de la bolsa
Octubre concentra los mayores sustos de la historia bursátil, y eso lo convirtió en el ancla favorita de quienes llevan años anunciando el fin del sistema. El ritual es siempre el mismo: en septiembre se anuncia un crash inminente, y cuando no ocurre, se desplaza la fecha. El mantra se repite desde 2009 con una resignación que roza la liturgia.
El profeta de los tochos
Entre las posibles raíces de la frase destaca un personaje legendario que firmaba análisis kilométricos sobre el sistema financiero, el petrodólar y los bancos centrales. Su especialidad era fijar fechas para el colapso del mundo; su frase más célebre, que el crash llegaría en octubre. Nunca acertó, pero dejó una marca indeleble. La comunidad lo idolatraba y lo parodiaba a partes iguales, hasta que desapareció sin que nadie supiera muy bien por qué.
La memoria es selectiva
Su recuerdo ha sido reescrito varias veces. Hay quien sostiene que fue un oráculo ridiculizado mientras el 80% negaba la burbuja, y quien responde que la historia se ha inventado para santificarlo. El caso El Corte Inglés sirve de antídoto: lleva 15 años con sentencia de muerte anunciada y ahí sigue, abriendo paso entre profecías fallidas. La frase "será en octubre" sobrevivió a todos ellos, ahora como burla, no como advertencia. El dato que descoloca: el mundo no se ha acabado ni una sola vez, pero la expresión sigue más viva que nunca.