De Mendizábal a los tokens: el ciclo eterno del expolio público
En 1836, Mendizábal expropió tierras eclesiásticas y las subastó al mejor postor. El resultado: latifundios, señoritos y una desigualdad que aún colea. Casi doscientos años después, el guión se repite con la tokenización de activos públicos, solo que ahora los postores llevan corbata y operan desde fondos como BlackRock.
La analogía no es casual. La desamortización del siglo XIX justificó su "utilidad pública" para sanear las cuentas del Estado; hoy la deuda pública acumulada se presenta como la excusa perfecta para privatizar lo que queda del patrimonio colectivo. La tecnología blockchain y los tokens serían el martillo digital con el que rematar la operación.
BlackRock, fundada en 1988, simboliza la concentración de capital que ya acapara el 0,1% del planeta. En paralelo, figuras como Jim Rickards alertan de un "National Trust Fund" que permitiría a grandes inversores —con solo mil millones de dólares de entrada— comprar activos públicos con permisos acelerados. La propuesta de Trump de crear una reserva federal de Bitcoin y su "tarjeta de oro" para inversores millonarios completan el cuadro.
Los defensores de la tokenización argumentan que democratiza la inversión; los críticos ven una nueva desamortización en la que el 99,9% de la población no podrá competir en la subasta. «El intermediario no desaparece, se integra en el activo», advierten, y las reglas de propiedad se aplican mediante contratos inteligentes que exigen permiso, no presumen derechos.
El final de la historia aún no está escrito, pero los patrones históricos son tozudos. Lo que empieza como necesidad fiscal termina como transferencia de riqueza hacia arriba. La cuestión es si esta vez la tecnología servirá para distribuir o para concentrar aún más. De momento, el guión avanza sin sorpresas.
Debates relacionados en el foro