Petróleo a 70 dólares: ¿cuánto durará la fiesta?
Imagínese que el barril de petróleo cotiza en febrero de 2026 en torno a los 71-72 dólares el Brent, cuando hace año y medio llegó a rozar los 100. Para muchos inversores, ese precio es una broma de mal gusto: niveles donde extraer en muchas cuencas deja de ser rentable. Pero al mismo tiempo, la gasolina en Estados Unidos ronda los 0,63 euros el litro, y un conductor medio con sueldo de 80.000 dólares anuales se lo piensa dos veces antes de pasarse al coche eléctrico. ¿Estamos ante una oportunidad de compra histórica o ante una trampa geopolítica?
El precio que no cuadra con los costes de producción
Quien haya seguido el mercado sabe que por debajo de 50 dólares el barril, al menos la mitad del petróleo que se extrae en el mundo no es rentable. Según los datos manejados en el debate, ese umbral crítico está en 40 dólares para algunas operaciones convencionales. Sin embargo, la Administración de Información Energética de EE.UU. (EIA) revisó en diciembre de 2025 al alza su estimación de capacidad de la OPEP, sugiriendo que hay más oferta disponible de la que se creía. Eso, unido a la presión de Trump para mantener los precios bajos —como parte de su estrategia para perjudicar a Rusia y contener la inflación—, ha mantenido el crudo en un rango inusualmente contenido.
Pero hay un factor que pocos esperaban: la demanda de los centros de datos. La inteligencia artificial está quemando tarjetas gráficas como si fueran hornos incineradores, y esos cacharros no funcionan con molinillos ni con placas solares cuando no hay sol. Montar una central nuclear lleva años. A corto y medio plazo, lo único que queda para alimentar esa sed de electricidad es gas, petróleo y carbón. Y el carbón batió récords de producción y consumo año tras año.
El estrecho margen de maniobra de Estados Unidos
El análisis más fino del debate señala que el precio del petróleo se mueve en un pasillo cada vez más estrecho para la economía estadounidense. Por arriba, no puede dispararse sin reavivar la inflación y encarecer la mega deuda; por abajo, no puede hundirse porque el fracking —que sostiene la producción doméstica— dejaría de ser rentable. Ese margen, según se argumenta, es cada vez más fino, de ahí la urgencia de Washington por asegurarse reservas adicionales, como las de Venezuela. La presión sobre Irán y el acercamiento a Caracas no son casualidad: controlar la oferta es la única manera de evitar que el mercado se desboque en cualquier dirección.
La paradoja del consumidor: gasolina barata en EE.UU., cara en Europa
Mientras el barril cotiza en niveles que algunos califican de risa, el ciudadano español paga más de un euro por litro de gasolina, y el estadounidense apenas 0,63 euros. La diferencia no está en el crudo, sino en los impuestos. Como se apuntó en el debate, el problema no es el precio del barril de los países productores, sino la fiscalidad de cada gobierno. Por eso la gasolina apenas bajó de 1 euro durante la pandemia, cuando el petróleo llegó a cotizar a precios negativos. Es la misma lógica del tabaco: del coste real del producto, el Estado se lleva la mayor parte.
¿Y ahora qué? La tesis alcista y el riesgo geopolítico
Hay quien apuesta a que el petróleo provocará la próxima ola inflacionista entre 2026 y 2027. Los datos de declive en la cuenca pérmica de EE.UU. —donde la producción ya ha empezado a caer de forma definitiva— apuntan a una restricción de oferta que, sumada a la creciente demanda de Asia y los centros de datos, debería empujar los precios al alza. El objetivo de muchos es ver el Brent entre 80 y 90 dólares este mismo año, y no descartan picos hacia 100 si las tensiones con Irán se agravan.
Pero también hay quien recuerda que el pico no es lo que importa, sino los precios sostenidos en el tiempo. Una hiperinflación del petróleo sería brutal, pero pasajera; una inflación mantenida entre 80 y 100 dólares durante varios años transformaría la economía global, dejando a los países sin competitividad energética en tercer mundo. Por eso el ciclo de inversión en exploración ya ha comenzado, con empresas de servicios petrolíferos como Schlumberger, Halliburton o la española Técnicas Reunidas en el punto de mira.
Sin embargo, el dato que descoloca viene de la EIA: si realmente la OPEP puede bombear mucho más de lo que se pensaba, todo el castillo alcista se tambalea. Esa revisión silenciosa de las estimaciones de capacidad, publicada en diciembre de 2025, podría ser la clave que explique por qué el petróleo se resiste a despegar. Mientras tanto, los que compraron cuando el barril estaba a 55-60 dólares ya han recogido plusvalías del 34%, y el debate sigue abierto: ¿seguimos con el pájaro en la mano o apretamos el gatillo?