Alvise acumula un año sin sortear su sueldo ni publicar los audios prometidos
Alvise Pérez prometió dos cosas al llegar al Parlamento Europeo: sortear su sueldo de eurodiputado y publicar la mayor filtración de la historia de España. Un año después, ninguna de las dos se ha cumplido. La primera la ha reconocido él mismo; la segunda sigue en el aire, con la excusa de que no dijo de qué año hablaba. El descontento que le aupó no se ha disuelto, pero la paciencia empieza a tener fecha de caducidad.
Qué prometió Alvise al llegar al Parlamento Europeo
El compromiso era doble y sonaba contundente:
sortear el sueldo de eurodiputado entre quienes le siguieran y soltar una filtración que dejaría en evidencia a medio establishment. La primera semana de julio se fijó como referencia para lo segundo, aunque nunca se concretó el año. Esa ambigüedad es hoy el principal argumento de quienes le defienden y el principal chiste de quienes le atacan.
La realidad es que el sorteo del sueldo no se ha producido y el propio Alvise lo ha reconocido. Los audios tampoco. Lo que sí ha aparecido, según se sostiene en el debate, son tres causas abiertas en el Tribunal Supremo, un dato que sus críticos usan como prueba de que el personaje se ha desinflado antes de empezar.
El voto prestado que no pide perdón
La reacción más repetida entre quienes le votaron no es la culpa, sino la reivindicación. Hay quien sostiene que votó contra el PSOE y contra el PP, que no se arrepiente y que no piensa pedir perdón. Otros añaden que el voto fue una
oportunidad única para ver el espectáculo de Bruselas por dentro y que, aunque no haya dado frutos, valió la pena solo por ver la cara de algunos el día del recuento.
Esa corriente convive con otra más dura: la que considera que depositar la confianza en alguien sin honor nunca puede salir bien. El argumento de fondo es que no se trata de un libertario ni de un autónomo, sino de un
jeta que cobra en negro de una estafa y luego busca justificación. La discusión deriva a menudo hacia si el problema es Alvise o el sistema que le hizo posible.
La teoría de la maniobra y el desgaste del relato
Una parte del análisis sostiene que Alvise es una operación para dividir el voto de la derecha y mantener a Sánchez en el poder. Otra lo atribuye a un error de cálculo del PP, que habría provocado descontento en su propio espacio y visto cómo le salían apéndices por todas partes. Ninguna de las dos hipótesis se apoya en pruebas, pero ambas circulan con la misma soltura.
El desgaste no es solo suyo. La conversación deriva hacia el
giro a la izquierda de todos los partidos tradicionales: Podemos se ha vuelto marxista, el PSOE es Podemos y el PP es ahora el PSOE. Vox, mientras, se consume en peleas internas. En ese paisaje, el voto a Alvise se presenta como un voto de castigo que no caduca.
El friki útil y la decadencia como programa
Hay una corriente que no pide resultados, sino
frikismo. Votar al personaje estrafalario para disfrutar de la decadencia del sistema, igual que se votaría a cualquier otro fenómeno similar. Es una postura que no exige coherencia ni cumplimiento: el espectáculo es el programa. Quien la defiende no se siente engañado porque nunca esperó nada.
Frente a eso, el cálculo más frío apunta a que Alvise acabará restando un par de escaños a Vox y poco más. Su objetivo declarado de pactar con el PP, salvo para retratarle, resulta difícil de encajar con el discurso antisistema. La pregunta que sobrevuela es si el próximo sorteo del sueldo llegará antes que la próxima filtración.
Con estos mimbres, lo previsible es que el próximo ciclo electoral vuelva a repetir la escena: un porcentaje de voto que se aglutina alrededor del descontento, sin que nadie termine de cuadrar si eso es una amenaza real o un simple aviso. La respuesta, con reservas, llegará cuando Alvise cumpla algo.