155.000 litros por piscina: la cifra que agita la guerra del agua
El verano trae de vuelta la misma pregunta: ¿deben prohibirse las piscinas privadas? El detonante de esta edición no es una norma, sino una discusión que arranca con doble falta de ortografía en el propio enunciado: «proibirse» y «pribadas». Más allá de la gramática, la sequía, el precio del agua y los límites del ocio privado han convertido la piscina en un símbolo de la batalla por un bien escaso.
El agua de una piscina: 155.000 litros que no se vacían
La cifra que se repite es 155.000 litros, la capacidad aproximada de una piscina media. Pero el consumo real depende de lo que se haga con ellos. Hay quien sostiene que tener depuradora y no vaciar la piscina reduce el gasto a la evaporación, que en parte compensa con lluvia; un caso citado lleva 20 años sin cambiar el agua. Otro recuerda que en los años 70, sin depuradora, se vaciaban tres o cuatro veces por verano: cuatro hermanos usándola todo el día durante cuatro o cinco meses. La técnica ha cambiado; el estigma, no.
Piscinas públicas: el otro frente
La discusión no se limita a las privadas. Una corriente de opinión sostiene que lo que habría que cerrar son las públicas, a las que atribuye problemas de higiene y convivencia en temporada alta. Enfrente, quienes defienden el baño como refugio climático y señalan que las privadas, al menos, las paga su propietario. La cuestión se convierte así en una pugna entre el derecho a disfrutar de lo propio y la obligación de no despilfarrar lo común.
La gestión del agua: el grifo manda, no el vaso
El argumento más sólido que aparece relaciona el problema con la distribución, no con la cantidad. Agua hay; falta canalización, tarifas y decisiones políticas. Se menciona el Plan Hidrológico Nacional como el gran proyecto fallido que habría garantizado recursos de sobra, mientras el excedente va al mar. Y se señala a las fuentes ornamentales y las fugas de la red como despilfarros mayores que cualquier piscina.
Mientras la discusión se enreda entre la tilde y la be corta, queda la sospecha de que prohibir es la forma más fácil de no gestionar. La propuesta final no pide cerrar piscinas: pide prohibir la letra V. Con eso está casi todo dicho.