El cuentakilómetros íntimo que nunca existió
En 2022, un hilo de economía planteó un producto tan delirante como irreal: un contador de kilómetros para medir la actividad sexual femenina, a imitación de los cuentakilómetros de los coches. La idea, lanzada con un tono claramente satírico, generó una cascada de comentarios que mezclaban humor negro, misoginia y referencias a proveedores chinos.
El debate, más allá de lo grotesco, reveló ciertos patrones de pensamiento económico informal: la tendencia a cosificar cualquier aspecto de la vida humana en métricas de mercado, la obsesión por la cuantificación y el deseo de convertir la intimidad en un bien medible. Algunos participantes bromearon sobre la aplicación de revisiones técnicas periódicas y limitaciones de emisiones para las “más pedorras”, mientras que otros directamente sugirieron que ninguna mujer bajaría de 300.000 kilómetros.
El Ministerio de Igualdad nunca llegó a desarrollar la app que se mencionaba irónicamente, y los proveedores chinos –según el propio foro– lo tenían todo listo, pero nunca se materializó. La propuesta, evidentemente, era una sátira sobre la mercantilización del cuerpo femenino y la hipocresía de ciertos discursos políticos.
Lo más curioso del asunto es cómo, en un foro de economía, se puede derivar a debates tan desviados. Al final, el hilo quedó como un ejemplo de lo que ocurre cuando la libertad de expresión se encuentra con el mal gusto y la falta de supervisión. ¿Una lección sobre los límites del humor en espacios públicos? Quizá, pero también un recordatorio de que no toda ocurrencia merece ser tomada en serio.