Mil millones de PCs siguen atrapados en Windows 10
¿Por qué sigue habiendo mil millones de ordenadores con Windows 10 cuando Microsoft ya ha declarado muerto el sistema? Dell puso cifras al atasco: de los 1.500 millones de equipos activos en el mundo, cerca de
1.000 millones siguen anclados en la versión anterior. El desglose es lo revelador. Unos 500 millones no pueden actualizar por las restricciones de hardware —el famoso TPM 2.0 y los chips no soportados— y otros 500 millones sí podrían pero sus dueños se niegan. Ni las alertas constantes ni las tácticas agresivas de Microsoft han movido la aguja.
El muro del hardware: 500 millones de equipos no compatibles
La barrera técnica ha sido un tiro en el pie. Al exigir chips TPM 2.0 y una lista cerrada de procesadores, Microsoft dejó fuera a millones de CPUs perfectamente funcionales. Equipos con años de vida útil por delante quedaron oficialmente excluidos. La respuesta de una parte de los usuarios avanzados fue intentar instalar Windows 11 a la fuerza, saltándose los requisitos, o directamente quedarse quietos. Esa fragmentación complica la seguridad global y no beneficia a nadie.
Hay quien sostiene que los requisitos son un negocio encubierto para forzar la renovación de equipos. El argumento que circula es que ni el 1% de los usuarios necesita esa potencia para su uso diario. Un equipo con un procesador de segunda generación, 8 GB de RAM y un SSD mueve ofimática, navegación y multimedia sin despeinarse. El salto solo se justifica en casos extremos: gaming exigente, edición de vídeo profesional o AutoCAD.
Los que pueden actualizar y no quieren: la mitad del atasco
La otra mitad del problema es puramente voluntaria. Equipos compatibles con Windows 11 que siguen en Windows 10 por decisión de sus dueños. La experiencia de uso pesa: hay quien relata instalaciones que se van a la mierda, cuelgues recurrentes, actualizaciones que revientan el sistema. Un usuario cuenta haber intentado tres instalaciones limpias de Windows 11 en un equipo con Ryzen 5800X, 32 GB de RAM y gráfica 6700XT —hardware de 2018, TPM 2.0 y arranque seguro activados— y haber vuelto al 10 definitivamente.
El sistema nuevo tampoco convence por rendimiento. Microsoft ha reconocido problemas de velocidad, hasta el punto de tener que preiniciar el explorador de Windows para que arranque con cierta agilidad. Si el sistema antiguo va bien y el nuevo exige más recursos, la lógica del usuario es simple: no toques lo que funciona.
Windows 10 tampoco es el paraíso: scripts, bloatware y red rota
La nostalgia del Windows 7 tiene fundamento. Una instalación limpia del 10 exige apagar el router para crear una cuenta local, scripts de terceros para desagrupar carpetas o silenciar avisos de seguridad, y lidiar con bloatware, noticias y apps promocionadas en el menú de inicio. El soporte Samba para compartir carpetas en red quedó capado tras el episodio de WannaCry y recuperarlo es un lío que no siempre funciona. Salen más rentables las herramientas de terceros.
El escenario que se dibuja es el de un sistema operativo que ha dejado de ser un producto para convertirse en un escaparate publicitario. La IA de turno, Copilot y Recall, se cuela por menús ocultos mientras la adopción real de esas funciones es ínfima. La paradoja es que Dell interpreta este atasco monumental como oportunidad de venta futura, confiando en que el fin del soporte obligue a renovar flotas empresariales. Pero ni particulares ni empresas mueven ficha.
La alternativa Linux y el factor disuasorio de la IA
El goteo hacia Linux existe, aunque modesto. Según datos de StatCounter y otros informes que se citan en el debate, el escritorio Linux ha pasado de rondar el 2-3% a moverse en el 4-6% del mercado global, con picos superiores al 6% en Estados Unidos. Parte del impulso viene del gaming: algunos títulos modernos rinden mejor en Linux que en Windows, con más FPS. También pesa el rechazo al espionaje masivo, las noticias invasivas y los banners publicitarios incrustados en el sistema.
La promesa de que las funciones exclusivas de inteligencia artificial serán el detonante final de la migración suena hueca. Si Copilot y Recall no han convencido a nadie, difícilmente van a arrastrar a los 500 millones que ya dijeron no. El buen Windows fue el 7: soportaba de serie funciones, juegos y una instalación sencilla sin cuentas de Microsoft ni avisos por todas partes. Eso, hoy, es ciencia ficción.
Al final, la industria espera que el miedo a los virus empuje la renovación. Lleva esperando desde que Windows 10 dejó de tener soporte. Sigue esperando.