El cartel de Sagunt que ha puesto a prueba los límites del humor festivo
La Generalitat Valenciana ha denunciado oficialmente la exhibición durante las pasadas fiestas de Sagunt de un cartel ideado por una peña taurina. La imagen, titulada ‘Un forat es un forat’, mostraba a un toro en una escena de contenido sexual explícito con una mujer desnuda. La Dirección General de Igualdad ha expresado su “más absoluto rechazo a cualquier representación que contribuya a denigrar, cosificar o ridiculizar a las mujeres”.
La reacción institucional y el ruido posterior
El comunicado de Igualdad sitúa el caso en la estela de los avances conseguidos en materia de igualdad, pero la polémica ha ido mucho más allá. En la discusión pública, el rechazo al cartel se ha topado con un frente que invoca la libertad de expresión y la tradición del humor grosero de las peñas. Hay quien sostiene que el cartel no representa una agresión, sino una escena consentida, y quien lo eleva a categoría de “holgorio” sin más. La crítica, por contra, incide en que normalizaciones así construyen un relato que banaliza la violencia sexual.
El mito como coartada y otras comparaciones
Uno de los giros más llamativos del debate ha sido el recurso al mito clásico de Pasífae y el Minotauro para dotar de “cultura” al cartel. La justificación no ha convencido a quienes lo ven como un simple ejercicio de provocación con vaselina erudita. También se han traído a colación carteles de décadas pasadas, calendarios de los años 80 y anuncios de baterías con mujeres en ropa interior para denunciar una supuesta doble moral contemporánea. Y la comparación con determinados actos públicos recientes de otros colectivos ha servido para cargar contra lo que se percibe como censura selectiva.
Un debate que se desborda
Como suele ocurrir, la discusión ha acabado derivando hacia asuntos que poco tienen que ver con el cartel. Las referencias a la inmigración, a la política de fronteras o a la corrección política han salpicado un intercambio que a ratos ha perdido el foco. Lo que queda es una división nítida entre quienes ven en la denuncia un avance necesario y quienes la interpretan como la punta de lanza de una censura que amenaza cualquier forma de transgresión.
El cartel ya ha sido retirado, pero el debate permanece. Si el límite del humor festivo debe marcarlo la institución, la tradición o el sentido común colectivo es una pregunta que este episodio de Sagunt ha devuelto a la actualidad.