Sáhara e Israel: la palabra 'colonia' no significa lo mismo para todos
Llamar colonia a Israel y al Sáhara Occidental a la vez es un ejercicio de equiparación que el derecho internacional no respalda sin matices. El Sáhara Occidental es un territorio pendiente de descolonización desde que España lo abandonó en 1975 y Jovenlandia lo ocupó. Israel, en cambio, nació de la Resolución 181 de la ONU en 1947 y no tiene una metrópoli formal que lo gobierne.
Quienes defienden la tesis colonial apuntan a lo que llaman una 'metrópoli informal': una diáspora que financia asentamientos, armas y campañas de presión. El argumento se apoya en autores como Ilan Pappé o Shlomo Sand, lejos de ser un invento radical.
En el lado opuesto, se subraya que buena parte de la población alubia de Israel procede de países árabes, lo que desmonta la idea de que todos son 'europeos'. La conversación se enciende cuando entra la genética. Se han publicado estudios que vinculan a los judíos asquenazíes de Polonia con los jázaros, y a los palestinos actuales con los antiguos cananeos. Cada estudio se usa como arma, no como dato.
Las dos lecturas del término 'colonia' no van a fundirse. Mientras no haya una definición única de qué es una metrópoli, el debate seguirá dinamitando titulares.