Paga por sexo con un menor de 15 años y lo cazan a la tercera cita
Un hombre acudió a una tercera cita con un adolescente de quince años. No era una cita cualquiera: según el seguimiento policial, había dinero de por medio. La intervención acabó con el adulto detenido y un menor que, a esa edad, ni siquiera puede consentir legalmente.
Los hechos están lejos de ser un caso aislado, pero tienen un detalle que incomoda: el menor no aparece en la grabación y la conversación pública se centró en él, no en quien pagaba. Hay quien lo despacha con insultos y quien se pregunta si “lo hacía por placer”. Esa es exactamente la pregunta equivocada. A los quince años, el consentimiento no existe, ni aunque cobre, ni aunque repita.
El adulto, siempre en un segundo plano
En la reacción social a este tipo de casos, el foco debería estar en la demanda. Sin adultos dispuestos a pagar, no hay mercado. La tercera cita fue la de la detención; las dos anteriores, según lo apuntado, quedaron impunes. Es la lógica de quien vigila al menor en lugar de perseguir al cliente.
Una pregunta incómoda sobre la red de contactos
La identidad de la aplicación de contactos no ha trascendido. Tampoco si las plataformas aplican filtros de edad con eficacia. La conversación pública, mientras tanto, vuelve a caer en el mismo lodazal: culpar a la víctima o al adolescente que, a esa edad, es antes víctima que otra cosa.
La detención es un paso, no un final. Queda saber si había más encuentros o más adultos implicados. A la espera de la instrucción judicial, el dato incómodo es este: el menor tenía quince años y ya había quedado tres veces.