El hijab, ¿voluntario o impuesto? La contradicción del feminismo occidental
¿Desde cuándo cubrirse el pelo por mandato religioso es un acto de liberación femenina? La pregunta resuena en el espacio público y divide a los propios feminismos. Una corriente lo defiende como elección personal; la otra lo considera la punta de lanza de un sistema de control sobre el cuerpo de las mujeres.
El argumento de la voluntariedad
Hay quien sostiene que las feministas españolas convertidas al Islam u otras que eligen llevar hiyab lo hacen de forma voluntaria, y que la crítica al velo ignora esa autonomía. A partir de ahí, defienden que no se puede cuestionar una decisión libre sin caer en el paternalismo.
El caso de Irán: la letra y la presión
El contraargumento más contundente viene de Irán. Allí, las mujeres y las niñas —incluidas las de tan sólo siete años— están obligadas, contra su voluntad, a cubrirse el pelo. Las que se niegan son consideradas delincuentes por el Estado y se enfrentan a detención, prisión, multa o latigazos. Decir que el velo es «voluntario» cuando hay una ley que lo impone resulta, cuando menos, frívolo.
La presión social en otros países no es menor: llevarlo evita ser considerada una paria, el acoso callejero o incluso la violencia familiar. La frontera entre voluntariedad y coacción es mucho más difusa de lo que el discurso occidental quiere ver.
Instrumentalización política y coherencia feminista
Detrás de la polémica asoma la instrumentalización: la alianza entre progresismo y conservadurismo religioso para deshacer a los adversarios políticos. La coherencia feminista también queda en entredicho cuando se defiende el velo y se callan otras imposiciones del mismo libro sagrado.
Mientras tanto, el feminismo occidental se enreda en sus propias contradicciones: defiende la libertad de elección para unos temas y la niega para otros. Quizá la pregunta no sea si el hijab es feminista, sino por qué seguimos discutiéndolo en los términos que ellos marcan.