Difamar a los jueces, primer mandamiento del sanchismo (Editorial de El ABC)

Difamar a los jueces, primer mandamiento del sanchismo (Editorial de El ABC)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Ministros de un gobierno constitucional han atacado a los tribunales de justicia, cuestionando la imparcialidad de los jueces y acusándolos de actuar por intereses políticos, lo que choca con el principio de separación de poderes.

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Ministros de un gobierno constitucional han atacado a los tribunales de justicia, cuestionando la imparcialidad de los jueces y acusándolos de actuar por intereses políticos, lo que choca con el principio de separación de poderes.

El ataque verbal a los jueces y al Poder Judicial se ha convertido en una constante en la política española reciente. Esta estrategia, que busca deslegitimar las decisiones judiciales, se ha intensificado con la participación activa de ministros. La Constitución española consagra la separación de poderes, un pilar fundamental que garantiza la independencia de los tribunales. Sin embargo, algunos miembros del gobierno parecen obviar este principio al lanzar críticas directas y, en ocasiones, agresivas contra los magistrados.

Críticas y descalificaciones

La política de insultos y descalificaciones hacia los jueces y el Poder Judicial se ha vuelto recurrente. Se les acusa de actuar bajo consignas políticas, de ser parte de una "máquina de fango" o de pertenecer a la "fachosfera". Estas descalificaciones, a menudo lanzadas desde el gobierno, buscan minar la credibilidad de las instituciones judiciales. Un ejemplo de esta retórica se vio cuando se sugirió que los magistrados del Tribunal Supremo "bailan al son de Díaz Ayuso". Otro ministro señaló que el Partido Popular "subcontrata la oposición a los jueces". Incluso se ha cuestionado la imparcialidad de una jueza, María Tardón, por haber sido concejal del PP hace muchos años, mientras que la imparcialidad de figuras como Conde-Pumpido, ex fiscal general con Zapatero y presidente del Tribunal Constitucional, no se pone en duda.

La estrategia de deslegitimación

La estrategia de deslegitimación del Poder Judicial parece intensificarse cuando los intereses personales o políticos de los miembros del gobierno se ven afectados por investigaciones judiciales. Se ha observado cómo, ante la condena o procesamiento de personas cercanas al gobierno, o incluso de familiares, la respuesta ha sido atacar a los tribunales. Ministros como Óscar Puente han sido señalados por sus críticas, llegando a calificar a los magistrados del Supremo de "salvapatrias" y "lobos solitarios", sugiriendo que cumplen órdenes de figuras políticas del pasado. Esta retórica busca erosionar la confianza pública en la justicia, presentando a los jueces como actores políticos en lugar de garantes de la ley.

La independencia judicial en juego

En un sistema democrático basado en la separación de poderes, la independencia de los jueces es crucial. Los ministros de un gobierno, sometidos a una constitución que consagra este principio, no tienen legitimación ni excusa para agredir a los tribunales de justicia. Cuando un ministro ataca a los jueces, se pone en tela de juicio su propia legitimidad en la función pública. La Constitución, en su artículo 124.1, encomienda a la Fiscalía General del Estado velar por la independencia de los tribunales, una tarea que parece ser ignorada en este contexto de confrontación. La persistencia de estas acciones podría tener implicaciones serias para el Estado de derecho.

Datos clave
  • Óscar Puente
  • Tribunal Supremo
  • Díaz Ayuso
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

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Difamar a los jueces, primer mandamiento del sanchismo​

18/09/2026

Editorial-ABC​

  • En ningún caso, los ministros de un gobierno sometido a una constitución que consagra la separación de poderes tienen legitimación ni excusa para atacar a los tribunales de justicia

La política de insultos y descalificaciones a los jueces y al Poder Judicial está en el origen de esta legislatura, que no se entiende sin la adhesión del PSOE a las denuncias, tan falsas como burdas, contra el ‘lawfare’ lanzadas por los partidos independentistas catalanes, cuyos líderes fueron condenados o procesados por el llamado ‘procés’. La investidura de Pedro Sánchez se logró por un consenso entre izquierdas y separatistas de que este era el tiempo adecuado para desarticular los poderes independientes del Estado y de la sociedad. Desde que Sánchez accedió a la Moncloa cualquier manifestación de crítica periodística o de corrección judicial fue respondida con la etiqueta de ser producto de la «máquina de fango», «fachosfera» o «reaccionarios con toga». Al principio de esta legislatura moribunda, las agresiones verbales procedían básicamente de los socios separatistas y de extrema de izquierda del Gobierno, como ejecución de un reparto de papeles que permitiera a Sánchez recoger nueces del árbol que otros zarandeaban.

El salto cualitativo del ataque al Poder Judicial se produjo en cuanto quedó incorporado al discurso de supervivencia de Pedro Sánchez. Condenados su hermano, su fiscal general, su ex secretario de organización del PSOE; y procesado otro de sus secretarios de organización, investigado su partido por financiación ilegal y puesto bajo escrutinio de la Justicia sus trampas de leguleyos, como la instrucción para repartir votos por medio mundo, era el tiempo de lanzar en picado a sus ministros menos valiosos y más desprestigiados para atacar a los jueces. Óscar Puente, ministro de Transportes, ha elegido cómo quiere ser recordado y trabaja duro para que así sea: un activista disfrazado de ministro, un resentido perdedor de su alcaldía, cuya única misión en esta vida es la de degradar cuanto pueda la vida pública. Insulta a los jueces desde hace tiempo, pero ahora lo hace al servicio de una estrategia de deslegitimación, que solo consigue prestigiar a los jueces insultados. Los magistrados del Supremo «bailan al son de Díaz Ayuso», en el juicio a García Ortiz. El Partido Popular «subcontratan la oposición a los jueces». La juez María Tardón, que investiga la oleada turística de Ceuta con el apoyo de la Fiscalía, tiene una «imparcialidad dudosa» porque fue, hace muchos años, concejal del PP. Imparcialidad que no se duda de Conde-Pumpido, ex fiscal general del Estado con Zapatero y presidente del Tribunal Constitucional, por poner un ejemplo. Puente tiene ayuda, porque ya empieza mostrar síntomas de irrelevancia, aunque su binomio, otro Óscar, López, nunca ha superado el perfil plano y no lo supera cuando tacha a los magistrados del Supremo de «salvapatrias» y de «lobos solitarios» –como unos yihadistas– y de estar cumpliendo la orden de Aznar de que «el que pueda hacer, que haga».

En ningún caso, los ministros de un gobierno sometido a una constitución que consagra la separación de poderes, del que deriva el respeto a la independencia de los jueces, tienen legitimación ni excusa para atacar de manera tan rabiosa a los tribunales de justicia. Y si lo hacen, se hacen ilegítimos ellos mismos en su función pública. Una vez más, hay que recordar a la fiscal General, Teresa Peramato, que la Constitución le ordena «velar por la independencia de los Tribunales». Artículo 124.1, por si no lo conoce.

Nota del machaca copiapega: me gusta el detalle del redactor de dejar lo de fiscal en minúscula.
 
Y porque no se va a poder cuestionar al poder prevarícacional?
 

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