De barítono a soprano sin un quiebre: el fenómeno Dimash
El kazajo Dimash Kudaibergen cambia de registro vocal como quien pulsa botones: pasa de barítono a soprano en un mismo compás sin que se le mueva la afinación. Ese es el eje de todo. Criado en una familia de músicos —sus padres pertenecen a la Ópera Nacional de Astana—, a los cinco años detectó que el piano del salón estaba desafinado y señaló las teclas que no le cuadraban: oído absoluto. A los ocho ya ganaba competiciones nacionales de piano y de canto. Cumple 30 años con su nombre en carteles como el del Madison Square Garden.
Quién es Dimash Kudaibergen
Es cantante, compositor y multiinstrumentista, nacido en Kazajistán, el enorme país situado entre Europa y Asia, y a los 24 años arrasó en un concurso de canto cuya grabación se ha convertido en objeto de estudio para ingenieros de sonido de medio mundo. La rareza no está solo en los agudos. Existe un Dimash operístico, capaz de moverse tanto en registros masculinos como femeninos; otro pop-rockero, y otro de canto tradicional. Hay piezas en las que interpreta el papel de seis cantantes distintos —tenor contemporáneo, bajo, tenor lírico, étnico, sopranista y rockero— y las resuelve todas en el mismo escenario.
¿Canta en directo o hay truco?
Aquí la conversación se encona. Una corriente sostiene que hay falsete y que probablemente no es en directo, y que ahí está el secreto. La otra se apoya en las actuaciones a capella, en los análisis técnicos de su voz y en registros sin sonido preparado, como la interpretación de SOS en un restaurante durante el Festival de Cannes de 2017. La propia disputa derivó hacia qué significa exactamente falsete, un término con varias acepciones que dan lugar a confusión. A eso se suma el argumento de la proyección: en la ópera se canta sin micrófono y la colocación de la voz responde a otra lógica acústica.
De la tercera a la sexta octava
En una de sus piezas más veces revisitadas, el cantante se pasea de la tercera a la sexta octava haciendo lo que quiere en cada tramo: un A5 en belting, un do de pecho y un cierre con D6 en staccato. Los cambios de voz de pecho a voz mixta y de ahí a cabeza y flageolet se cuentan por segundos, sin quiebres ni pérdida de estabilidad. Se especula con que su ventaja venga de una elasticidad y un grosor poco habituales de las cuerdas vocales y con el papel de las ventriculares, las llamadas falsas cuerdas; él ha contado que de niño ya tenía facilidad para los agudos y que la parte grave la ha ido desarrollando después. Ese terreno es el del contratenor, pero el registro no explica la versatilidad.
La comparación con otros nombres ilustres tampoco se libra de polémica. Se cita a Adam Lambert y su depurada voz mixta, y al contratenor Fagioli, con su compresión cordal y su agilidad en las escalas, para argumentar que no estamos ante un caso único. La respuesta es siempre la misma: el salto continuo entre colocaciones fisiológicas opuestas, sin perder afinación, es lo que no se encuentra en ningún otro sitio.
La otra cara: música superficial
No todos compran el relato. Hay quien describe su
música como lacrimógena y superficial, un artificio que va a las partes más obvias del oyente, y compara ese efecto con el de determinadas bandas sonoras épicas: emoción fácil. Otros le reprochan que use semejante despliegue técnico para versiones de Frozen o para subidas de voz que califican de manidas, aunque reconozcan que las ejecuta bien. Enfrente se coloca el sentimiento como criterio: se cita a Camarón, a Michael Jackson y a Dead Can Dance como ejemplos de cantar-contar con verdad, y se pregunta si este cantante sería capaz de hacer con la obra de otro lo que ellos hacen con la suya. El gusto, admiten ambas partes, no se discute. La técnica, tampoco.
Del Madison Square Garden a Budapest
La taquilla funciona como argumento cuando la técnica divide. La gira Stranger ha pasado por Nueva York, con concierto en el Madison Square Garden el 5 de octubre, y por México, donde las entradas se agotaron en unos minutos y hubo que añadir una segunda fecha; después llegaron Barcelona —un recital de casi tres horas en Badalona—, Londres, Berlín y Egipto, con una actuación frente a las pirámides. El cierre de gira está previsto en Riga. Para 2026 hay convocado un concierto en Budapest el 18 de abril junto a Plácido Domingo y al violonchelista Hauser: será la tercera colaboración con Domingo y la cuarta con Hauser.
Antes de cada cita, el cantante se somete a un formato poco habitual: ruedas de prensa con público, idiomas mezclados en el vestíbulo y después una hora larga de autógrafos y conversación directa. A eso se suma Voice Beyond Horizon, un concurso internacional de canto que impulsa como iniciador, productor ejecutivo y presidente del jurado, inspirado en la idea de la Ruta de la Seda y estrenado en colaboración con una televisión china.
Con estos mimbres, lo razonable sería que su popularidad se disparase al terminar la gira. Lo razonable y lo probable no siempre coinciden. El mismo público que llena arenas tiene una parte que nunca le perdonará que su música le resulte obvia. La predicción, con reservas: seguirá llenando recintos y el pleito sobre si esto es arte o pirotecnia seguirá abierto.