Cien guitarristas que tocan muy bien: nadie se pone de acuerdo
¿Quién decide qué significa tocar bien la guitarra? Una lista de cien nombres —de Jimi Hendrix a Paco de Lucía, de B.B. King a Tosin Abasi— desató una discusión de 148 respuestas y 464 días que acabó derivando en algo más interesante que el ranking: en si una lista puede sustituir al oído. El punto de partida era una clasificación por estilos —rock y blues clásicos, hard rock y shred, jazz y fusión, flamenco y fingerstyle, modernos y alternativos— con veinte nombres por bloque. El resultado no fue un consenso, sino una constatación incómoda:
cada generación tiene su propio panteón y ninguno coincide.
De la lista al ajuste de cuentas: los ausentes pesan más que los presentes
Las primeras respuestas no discutieron los nombres incluidos. Discutieron los que faltaban.
Django Reinhardt fue el primer gran ausente señalado, seguido de
Jeff Beck —con el argumento de que no solo tocaba, también cantaba— y de
Shawn Lane, que apareció como el nombre que cualquier lista seria debería incluir.
Kenny Burrell entró por la vía de la elegancia: «no se puede tocar más fino». Y
Robert Cray quedó como amenaza velada de denuncia si no aparecía.
El patrón es revelador. Una lista de cien nombres genera automáticamente una lista paralela de ausencias, y esa lista paralela dice más del que la escribe que la original. El autor de la clasificación lo asumió con deportividad: reconoció no conocer «TODA» la discografía y admitió que había empezado a contar «a partir de un tramo». La honestidad no le salvó de la quema.
El flamenco entra por la puerta de atrás y se queda
La irrupción más interesante llegó desde el flamenco. Un participante andaluz contó que al decidir tocar la guitarra tuvo que elegir escuela: los técnicos —Paco, Manolo Sanlúcar, Cepeda— o los anárquicos —Diego del Gastor, Sabicas, Manitas—. No pudo entrar en ninguna de las dos. Eligió la escuela de
la Pantoja, «esa vieja me cambió la vida», y gracias a su «nulo sentido del ridículo» perdió la timidez y se hizo guitarrista. La anécdota, entre el chiste y la confesión, resume mejor que cualquier tratado la relación española con el instrumento.
A partir de ahí se abrió un debate técnico de fondo:
¿es más difícil la guitarra clásica o el flamenco? Una postura sostiene que la complejidad de la clásica viene de tocar piezas no adaptadas al instrumento, con exigencias extremas en la mano izquierda. La contraria responde que cualquier pieza de Paco de Lucía tiene una dificultad comparable, y que lo verdaderamente difícil es la mano derecha. El duende, esa palabra que no se puede medir, quedó como el factor que ninguna partitura recoge.
Holdsworth, Rosenwinkel y el problema de las listas infinitas
El tramo central de la conversación derivó hacia el jazz fusión y el metal técnico.
Allan Holdsworth funcionó como eje: a partir de él se construyeron listas de influidos —Brett Garsed, Alex Machacek, Wayne Krantz, Tim Miller, Scott McGill— que a su vez generaron listas de influidos por esos influidos. El mecanismo es conocido: cada nombre abre una rama, cada rama exige una nueva lista, y la conversación se convierte en un árbol genealógico infinito donde ya nadie discute quién toca bien, sino quién conoce a más gente que toca bien.
Kurt Rosenwinkel tuvo su propia trilogía de oleadas, con nombres como Jesse Lewis, Nir Felder o Peter Bernstein. La pregunta implícita —¿esto es erudición o es postureo?— planeó durante todo el tramo. Un participante lo zanjó con ironía: «Cuando os sepáis su discografía al dedillo me llamáis ignorante o lo que os plazca». Otro respondió con una frase que resume el subtexto: «No voy a revisar 9 páginas pero seguro que en este sabio foro alguien ha dicho Shawn Lane».
Guthrie Govan, Corey Feldman y el límite del chiste
Hacia el final, la conversación se rompió por dos vías opuestas. La primera fue la duda sobre
Guthrie Govan: «o es un buscador de nicho de los clinics o diría que es poco prolífico el tal Guti Govan». La segunda fue la irrupción de
Corey Feldman como «el mejor de todos», con sus «increíbles (pero incomprendidos) solos de guitarra». El chiste funcionó porque señalaba algo real: cuando una lista incluye a Buckethead y a Tosin Abasi, el criterio se ha vuelto tan elástico que cualquier nombre cabe.
La pregunta que queda sin respuesta es la del principio. No hay consenso sobre qué significa tocar bien, no hay acuerdo sobre quién falta, y no hay manera de cerrar una lista de cien nombres sin que alguien reclame el número ciento uno. Lo único claro es que
464 días después, la discusión sigue abierta. Y que Django sigue sin estar.