Por qué la izquierda defiende Ceuta y no Groenlandia
¿Se puede exigir soberanía para Ceuta y desentenderse de Groenlandia a la vez? Esa pregunta ordena el último choque de posiciones entre quienes se reclaman de izquierdas. Hay quien sostiene que la Unión Europea no ha movido un dedo por Groenlandia —territorio con recursos minerales y energéticos en juego— mientras se apresta a defender el enclave español en el norte de África. La respuesta desde el otro lado es que cada país hace lo que le conviene y que España ya sabe qué quiere la extrema izquierda para lo propio.
El doble rasero que nadie reconoce
La acusación cruzada es siempre la misma: dos varas de medir. Una parte reprocha a la izquierda que celebre la resistencia de unos pueblos y guarde silencio sobre otros. La otra devuelve el golpe señalando que la crítica es una trampa para colocar el cliché de siempre. Entre medias asoma un análisis más económico: en un sistema capitalista la soberanía nacional es negociable, y si una potencia pone una oferta encima de la mesa, tierras, recursos y personas entran en la ecuación.
¿Es el marxismo internacionalista o defiende la frontera?
Aquí se lía todo. La doctrina clásica es internacionalista: la conciencia de clase une más al trabajador explotado de un lado y de otro que al propietario del taller de al lado. Aplicar un criterio nacionalista a ese marco es, según esta lectura, sacarlo de quicio. La respuesta socarrona llega desde la otra orilla: la bandera con hoces y martillos debería llevar impreso un libro de contabilidad del comité planificador, porque el proyecto real acabó siendo control, no igualdad.
No falta el detalle de color: nadie ha oído todavía a Willy Toledo pronunciarse sobre Ceuta. Un silencio que, tratándose de quien se trata, algunos consideran el dato más elocuente de toda la discusión.
Queda saber si esto es una cuestión ideológica o una crisis de identidad. Quien mira desde fuera lo tiene claro: cansa menos cambiar de opinión que de bando.