La solucion esta en los cuarteles, pero no en los uniformados.Viajar en transporte público se ha convertido en una experiencia incómoda. Cuando no se descarrila el tren, tienes que aguantar situaciones desagradables, por no hablar del ruido, los músicos improvisando o los evangelistas amenazándote con el infierno (el infierno es el propio transporte, no me imagino algo peor).