Documentos desclasificados implican al PSOE en las peores matanzas de la Guerra Civil española

(mensaje citado en revisión)

Peor que eso. Estaba llena de cristianos, pero fue señalada como objetivo por el bando republicano. Cada vez que se avanza de verdad en las investigaciones, más en ridículo quedan los defensores de la versión contraria.

Alejandro Goicoechea fue un Capitán de Ingenieros del bando republicano a quien se encargó la fortificación de Vizcaya (el famoso "Cinturón de Hierro") y que, a la menor oportunidad, se pasó al bando nacional con los planos de dicha infraestructura. Posteriormente sería conocido por ser el coinventor del tren TALGO.

Pues bien, hemos comprobado que recientes investigaciones ponen en duda la versión oficial mantenida por la extrema izquierda y el nacionalismo vasco, quienes daban por sentado que el ataque se produjo sobre civiles indefensos en un pueblo pacífico al margen de cualquier actividad bélica.

Nada más lejos de la realidad.

En la villa de Durango se encontraban acantonadas numerosas unidades militares del Ejército Vasco junto con sus vehículos, municiones y resto de impedimenta. Como en otras ocasiones (Desbandá, etc.), en nada importó a los mandos republicanos poner en peligro al personal civil al convertir concentraciones humanas en objetivos militares.

Según relata el investigador vasco Jon Irazabal en Bombs over Biscay, Barcelona and Dresden (Universitat Rovira i Virgili), Goicoechea habría detallado a los sublevados la importancia de Durango y sus "posiciones de interés militar ocupadas por los rojos". Los cuarteles estarían ubicados en la plaza Ezkurdi, en la residencia de los jesuitas y en el convento de San Francisco de la localidad vizcaína. Además, la iglesia de Santa María también operaba para los intereses republicanos, así como el colegio Santa Susana; la plaza del Mercado era utilizada por el Ejército Vasco para estacionar sus vehículos.

Por supuesto no tuvieron ningún reparo en utilizar las iglesias como parte de la infraestructura militar, como colegios o, incluso, LA PLAZA DEL MERCADO, como después negarían los mismos en Guernika.
Otra versión que corrobora lo anterior se publica recientemente en KaosEnLaRed (de MUGALARI.INFO).

Un dato inédito más ve hoy la luz: el objetivo de los conventos e iglesias los marcó Alejandro Goicoechea, natural de Elorrio. Fue el a la postre inventor del tren Talgo, y que en plena Guerra Civil se pasó del bando demócrata al de los golpistas y aliados sublevados contra la legítima Segunda República. El documento del que hicieron uso nancy y facinerosos italianos que lo confirma existe.

Al parecer, Goicoechea pasó la información de que en algunas iglesias y conventos tenían su cuartel batallones de gudaris y milicianos del Eusko Gudarostea, de ahí que los aliados antidemócratas se dirigieran a bombardear San José Jesuitak, Santa María de Uribarri y el convento de Santa Susana donde murieron fieles católicos que estaban en misa.

FUENTE: Datos Inéditos: 14 aviones cazas alemanes también participaron en el bombardeo de Durango

No es casualidad la enorme cantidad de milicianos que aparecen en los listados de víctimas. El que desgraciadamente hubiera víctimas inocentes hace todavía más infame la actuación sistemática del bando republicano empleando civiles como escudos humanos para entorpecer la acción enemiga.

Por lo que podemos decir, al amparo de los datos VERACES arriba expuestos, que estamos ante otro crimen de guerra del bando republicano.
 
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Iglesia de San Sebastián, calle Atocha Madrid.

Monumento histórico´artístico nacional.
 

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Monumento histórico´artístico nacional.
Se llama informar, documentar. Incluso tú has aprendido mucho aunque tu sesgo político te obligue a doblepensar.

No te quejabas sino que se lo agradecías cuando tu compañero ponía tochos cuyos contenidos eran posteriores al motivo del hilo. Nadie se quejó. Pero te quejas de que yo ponga artículos relacionados con el hilo (no sólo yo). Resulta llamativo tu sesgo.

Y como no sabes qué decir, sueltas que si no he tenido tiempo de leerlos, cuando tú no sabes cuándo los he leído ni te importa.
 
Última edición:
La tradición de la izquierda española de quemar iglesias, aunque no haya guerra
Juan E. Pflüger
/ 05 abril, 2016

y sus amigas mientras asaltaban la capilla de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, es el reflejo de una vieja tradición de la izquierda española. De la extrema, pero también de la moderada. La Segunda República, esa que nuestros políticos a la izquierda de Ciudadanos venden como el paradigma de las libertades y el respeto, se estrenó pocos días después de su proclamación con ataques a la Iglesia. Durante el Gobierno del Frente Popular, antes de estallar la Guerra Civil, también andaban quemando Iglesias. Luego su afición por la piromanía no se ciñe a los periodos bélicos. No es una cuestión de reacción frente a un alineamiento de la jerarquía eclesiástica con los alzados el 18 de julio.

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Las primeras agresiones violentas contra centros religiosos se extendieron por España durante los días 11 y 12 de mayo de 1931. La República se había proclamado menos de un mes antes, el 14 de abril, tras las revueltas posteriores a unas elecciones municipales celebradas el domingo 12 de aquel mes. El día 10 de mayo de aquel 1931 era domingo. Los monárquicos inauguraban la sede del Círculo Monárquico Independiente. La música elegida para la apertura de los actos fue –no podía ser de otra manera- la “Marcha real”. Nada de lo que allí se hizo era ilegal ni contrariaba la legalidad republicana que se estaba constituyendo con el anuncio de que sería una democracia abierta en la que se respetarían todas las ideas políticas. Incluso las monárquicas.
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Junto a la sede del Círculo se congregaron varios “convencidos republicanos” que insultaron a los que se encontraban en el interior. En ese momento llegaba un taxi con dos asistentes al evento de los monárquicos que discutieron con el conductor y con varios de los allí presentes. El resultado es que los republicanos empezaron a quemar los coches de los monárquicos que había aparcados en la puerta. Inmediatamente los revoltosos hicieron correr la falsedad de que el taxista había sido asesinado y los manifestantes se dirigieron hacia las oficinas del periódico monárquico ABC. Allí la Guardia Civil tuvo que disparar para evitar un asalto violento de las instalaciones del diario y murieron tres personas.
La respuesta de la muchedumbre fue asaltar un quiosco de venta del periódico El Debate, de inspiración católica, y el incendio de una librería especializada en textos religiosos. Si el incidente se había iniciado por un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos ¿Por qué los izquierdistas se lanzan contra los católicos?

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No son pocos los autores que señalan que los ataques contra instalaciones católicas estaban preparados y se iban a producir independientemente de la actitud que la Iglesia tomara y este fue el momento que aprovecharon para ponerlos en marcha.
Madrid fue la primera ciudad en verse asolada por una turba que pertenecía a los partidos que formaban parte del Gobierno provisional. Allí estaba la izquierda radical –socialistas, anarquistas y comunistas-, pero también miembros de partidos de la izquierda burguesa como la Acción Republicana de Manuel Azaña, que ocupaba la cartera de Guerra. En Gobernación estaba el único miembro de un partido de derecha moderada de aquel Ejecutivo: Miguel Maura, de Derecha Liberal Republicana, que abogó por sacar la Guardia Civil para frenar los ataques. El propio Azaña se negó, primero el día 10 y luego el 11 de mayo. Fue entonces cuando pronunció aquella frase que se ha hecho célebre: “Todos los conventos de España no valen la vida de un republicano. Si sale la Guardia Civil, yo dimito”.

Los radicales empezaron, ante la inacción del Gobierno, una orgía de incendios en Madrid. Entre la noche del 10 de mayo, todo el día 11 y las primeras horas del 12, momento en el que se declaró el Estado de Guerra en Madrid y se sacó a la Guardia Civil, fueron decenas de centros religiosos los atacados.

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Los desmanes empezaron en la residencia de profesos de los Jesuitas de la calle Isabel la Católica, allí se incendió también la capilla adyacente al edificio. La izquierda, que lleva décadas considerándose la garante de la cultura frente a lo que consideran el obscurantismo de la Iglesia, no tuvo ningún problema a la hora de incendiar los casi 90.000 libros de la biblioteca de ese centro de estudios, entre ellos había numerosos incunables y primeras ediciones de miles de títulos clásicos. Después se pasó a incendiar el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), con su biblioteca de 20.000 volúmenes y el Colegio de la Inmaculada. De allí pasaron al Centro de Enseñanza de Artes y Oficios que se encontraba en la calle Areneros y en el que los jesuitas daban formación técnica a descendientes de obreros que no podían pagar sus estudios.
También fueron pasto de las llamas en Madrid la Iglesia de los Carmelitas Descalzos en la Plaza de España, el colegio del Sagrado Corazón, el de Nuestra Señora de las Maravillas y su museo de ciencias, el colegio de María Auxiliadora y los conventos de las Mercedarias Descalzas y de las Bernardas de Vallecas. Además, otra docena de edificios se salvaron de las llamas o solamente fueron parcialmente destruidos gracias a la acción de los bomberos o de ciudadanos que lograron parar la acción de los izquierdistas.

La ciudad donde mayores daños causaron los ataques de los republicanos contra edificios religiosos fue Málaga. En la ciudad andaluza los ataques se habían producido desde el mismo momento en el que se proclamó la República: el 14 de abril se incendiaba la Residencia de los Jesuitas y el 15 el Seminario de la ciudad. El 11 de mayo volvieron a asaltar la residencia de los Jesuitas y la residencia del Obispo, que no llegó a ser destruida gracias a la actuación de la Guardia Civil que después fue retirada de las calles por orden del gobernador militar de Málaga, el general Gómez-Caminero, que dejó vía libre a los izquierdistas para que destruyeran durante 24 horas cuantos edificios religiosos quisieran. Así, en Málaga ardieron 42 iglesias y conventos, fueron asesinados seis religiosos, otros 27 resultaron heridos y más de 50 edificios próximos a los incendiados se vieron afectados por el fuego.

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En Valencia ardieron seis edificios y fueron asaltados otros seis. En Sevilla,además del colegio de los Jesuitas de Villacís, fueron incendiados otras cinco iglesias y conventos y una docena recibieron ataques. En la provincia de Sevilla también se incendiaron templos en varias localidades como Lora del Río, Alcalá de Guadaíra o Carmona. En Granada se asaltaron dos diarios conservadores y católicos: Gaceta del Sur y El Noticiero Granadino y se incendiaron dos colegios, una iglesia y un convento. En Córdoba ardió el Convento de San Cayetano. En Cádiz y varios pueblos de su provincia fueron destruidos por las llamas 10 iglesias y conventos.

Ya fuera de Andalucía, en Murcia se quemó la Iglesia de la Purísima y los conventos de las Isabelas y las Verónicas, además de las oficinas del diario La Verdad de Murcia. Y en Alicante se incendiaron 15 centros religiosos.

Las reacciones desde los medios de la izquierda fueron más que llamativas. Todas ellas exculpaban a los pirómanos y malos –en toda España murieron cerca de 30 personas y más de 100 resultaron heridas de diversa consideración-, pero es especialmente significativo el editorial del diario El Socialista en el que se decía: “La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: esa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista”.
Tras estos incidentes se produjo el ataque legal a los católicos. Se prohibió su actividad docente, lo que llevó a cerrarse miles de colegios en toda España,se expulsó a los Jesuitas y se incautaron sus bienes y se limitó la capacidad de practicar ritos de culto en público.
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Durante la revolución de octubre de 1934 en Asturias se incendió la Universidad de Oviedo, parte de la Catedral y la Cámara Santa, el teatro Campoamor y diversos edificios religiosos en los municipios en los que los revolucionarios tuvieron el poder o cierta fuerza como en Gijón, La Felguera o Sama.
En el periodo de Gobierno del Frente Popular, ya en 1936 y antes del alzamiento militar del 18 de julio, los ánimos volvieron a crisparse y la deriva revolucionaria del nuevo Ejecutivo permitió que se retomasen los desmanes. Durante casi cuatro meses, el fruta José Alopécico Sotelo empleó sus intervenciones parlamentarias para burlar la censura y hacer públicas las destrucciones de edificios religiosos, los ataques a personas y organismos, los asesinatos, secuestros, bombas y petardos que sumaron, según sus cuentas, 1.874 actos violentos en ese periodo.
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Tras el asesinato de Alopécico Sotelo, José María Gil Robles, líder de la CEDA, completó su trabajo y en la sesión especial en el Congreso de los Fruta del 14 de julio que trataba sobre la gloria del dirigente derechista hizo el último recuento antes de la Guerra Civil: “Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; perecid, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias”.
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Ahora, desde las filas de lo que han dado en llamar la nueva izquierda vinculada a Podemos, vuelven las agresiones y ataques a la Iglesia: destrozos, pintadas, profanaciones,… y no se esconden a la vez que gritan: «Arderéis como en el 36».
 
El único ‘miguel ángel’ que se conserva en España llega al Prado
Por: Miguel Ángel García Vega | 20 de febrero de 2015
(imagen visible para usuarios registrados)Vayan a verla. Es la única escultura de Miguel Ángel que se conserva en España. Les aguarda (del 31 de marzo al 28 de junio) en la sala 47 del edificio de Villanueva del Museo del Prado dentro del programa “La obra invitada” que promueve la fundación del museo. Es San Juan Bautista niño o, sencillamente, San Juanito. Una obra —de 130 centímetros de altura— que ha tenido una vida tan dura como el mármol blanco de Carrara con el que fue cincelada allá por el siglo XV.
En agosto de 1936, al principio de la Guerra Civil, la escultura fue devastada. En un acto bárbaro (algunos lo han atribuido a la Sección Ferroviaria de Linares de la CNT) fue molida a golpes, rota en decenas de pedazos y la cabeza quemada. Hasta entonces, el miguel ángel se había conservado en la Capilla del Salvador, en la localidad jienense de Úbeda. Junto a la obra del genio florentino también se destruyó casi por completo un retablo de madera de Alonso Berruguete, del que únicamente permaneció vivo el retrato de Cristo.
Después del paso de la turba, cuando la Capilla hacía las veces de garaje, solo se pudieron recoger 14 fragmentos. Más o menos el 40% de la obra. Incluso hoy la segarro de la ciudad cuenta que un vecino guarda en su casa buena parte de la cara de la escultura. Sea cierto o no, poco parecía que se pudiera hacer con tan poca obra superviviente. Pero en 1994, la Fundación Casa Ducal de Medinaceli-Sevilla, propietaria de la escultura, entregó los pedazos al Opificio delle Pietre Dure de Florencia. Uno de los centros de restauración más prestigiosos del mundo. Si ellos no podían salvarla, entonces habría que rendirse.
(imagen visible para usuarios registrados)Los restauradores iniciaron el proceso. Pero pararon. La tecnología de la época no era suficiente para el reto de la tarea y había dudas de por dónde empezar. Hacía falta más tiempo. Por ejemplo, el mármol del rostro, quemado, había absorbido los óxidos del fuego y el humo y la pieza estaba muy enzainecida. Sin embargo, el tiempo pasa y la mejora tecnológica hace posible intervenir el miguel ángel. Se utiliza la última tecnología en reconstrucción volumétrica láser 3-D y, por sorpresa, aparece una foto (imagen de la izquierdad) de la parte posterior de la escultura fechada antes de 1936. Los especialistas, por fin, tienen una guía que seguir. La pieza se monta con los fragmentos originales de mármol, se incorporan las partes perdidas fabricadas con fibra de vidrio y luego son estucadas, entonadas con témpera y selladas con cera y barniz. De esta forma no se crea un falso histórico sino que se recupera una obra donde los añadidos son claros y evidentes para cualquiera.
Expuesta desde el siglo XVI en la Capilla del Salvador, es una obra de juventud (1495-1496) del maestro anterior a la Piedad del Vaticano y a los frescos de la Capilla Sixtina. La trajo a España Francisco de los Cobos, secretario y favorito del emperador Carlos V. De hecho fue un regalo del duque de Florencia, Cosmé I de’ Medici, y formó parte de la capilla sepulcral que mandó construir De los Cobos en su ciudad natal de Úbeda. Vayan a verla.
 
La tradición de la izquierda española de quemar iglesias, aunque no haya guerra
Juan E. Pflüger
/ 05 abril, 2016

y sus amigas mientras asaltaban la capilla de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, es el reflejo de una vieja tradición de la izquierda española. De la extrema, pero también de la moderada. La Segunda República, esa que nuestros políticos a la izquierda de Ciudadanos venden como el paradigma de las libertades y el respeto, se estrenó pocos días después de su proclamación con ataques a la Iglesia. Durante el Gobierno del Frente Popular, antes de estallar la Guerra Civil, también andaban quemando Iglesias. Luego su afición por la piromanía no se ciñe a los periodos bélicos. No es una cuestión de reacción frente a un alineamiento de la jerarquía eclesiástica con los alzados el 18 de julio.

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Las primeras agresiones violentas contra centros religiosos se extendieron por España durante los días 11 y 12 de mayo de 1931. La República se había proclamado menos de un mes antes, el 14 de abril, tras las revueltas posteriores a unas elecciones municipales celebradas el domingo 12 de aquel mes. El día 10 de mayo de aquel 1931 era domingo. Los monárquicos inauguraban la sede del Círculo Monárquico Independiente. La música elegida para la apertura de los actos fue –no podía ser de otra manera- la “Marcha real”. Nada de lo que allí se hizo era ilegal ni contrariaba la legalidad republicana que se estaba constituyendo con el anuncio de que sería una democracia abierta en la que se respetarían todas las ideas políticas. Incluso las monárquicas.
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Junto a la sede del Círculo se congregaron varios “convencidos republicanos” que insultaron a los que se encontraban en el interior. En ese momento llegaba un taxi con dos asistentes al evento de los monárquicos que discutieron con el conductor y con varios de los allí presentes. El resultado es que los republicanos empezaron a quemar los coches de los monárquicos que había aparcados en la puerta. Inmediatamente los revoltosos hicieron correr la falsedad de que el taxista había sido asesinado y los manifestantes se dirigieron hacia las oficinas del periódico monárquico ABC. Allí la Guardia Civil tuvo que disparar para evitar un asalto violento de las instalaciones del diario y murieron tres personas.
La respuesta de la muchedumbre fue asaltar un quiosco de venta del periódico El Debate, de inspiración católica, y el incendio de una librería especializada en textos religiosos. Si el incidente se había iniciado por un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos ¿Por qué los izquierdistas se lanzan contra los católicos?

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No son pocos los autores que señalan que los ataques contra instalaciones católicas estaban preparados y se iban a producir independientemente de la actitud que la Iglesia tomara y este fue el momento que aprovecharon para ponerlos en marcha.
Madrid fue la primera ciudad en verse asolada por una turba que pertenecía a los partidos que formaban parte del Gobierno provisional. Allí estaba la izquierda radical –socialistas, anarquistas y comunistas-, pero también miembros de partidos de la izquierda burguesa como la Acción Republicana de Manuel Azaña, que ocupaba la cartera de Guerra. En Gobernación estaba el único miembro de un partido de derecha moderada de aquel Ejecutivo: Miguel Maura, de Derecha Liberal Republicana, que abogó por sacar la Guardia Civil para frenar los ataques. El propio Azaña se negó, primero el día 10 y luego el 11 de mayo. Fue entonces cuando pronunció aquella frase que se ha hecho célebre: “Todos los conventos de España no valen la vida de un republicano. Si sale la Guardia Civil, yo dimito”.

Los radicales empezaron, ante la inacción del Gobierno, una orgía de incendios en Madrid. Entre la noche del 10 de mayo, todo el día 11 y las primeras horas del 12, momento en el que se declaró el Estado de Guerra en Madrid y se sacó a la Guardia Civil, fueron decenas de centros religiosos los atacados.

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Los desmanes empezaron en la residencia de profesos de los Jesuitas de la calle Isabel la Católica, allí se incendió también la capilla adyacente al edificio. La izquierda, que lleva décadas considerándose la garante de la cultura frente a lo que consideran el obscurantismo de la Iglesia, no tuvo ningún problema a la hora de incendiar los casi 90.000 libros de la biblioteca de ese centro de estudios, entre ellos había numerosos incunables y primeras ediciones de miles de títulos clásicos. Después se pasó a incendiar el Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI), con su biblioteca de 20.000 volúmenes y el Colegio de la Inmaculada. De allí pasaron al Centro de Enseñanza de Artes y Oficios que se encontraba en la calle Areneros y en el que los jesuitas daban formación técnica a descendientes de obreros que no podían pagar sus estudios.
También fueron pasto de las llamas en Madrid la Iglesia de los Carmelitas Descalzos en la Plaza de España, el colegio del Sagrado Corazón, el de Nuestra Señora de las Maravillas y su museo de ciencias, el colegio de María Auxiliadora y los conventos de las Mercedarias Descalzas y de las Bernardas de Vallecas. Además, otra docena de edificios se salvaron de las llamas o solamente fueron parcialmente destruidos gracias a la acción de los bomberos o de ciudadanos que lograron parar la acción de los izquierdistas.

La ciudad donde mayores daños causaron los ataques de los republicanos contra edificios religiosos fue Málaga. En la ciudad andaluza los ataques se habían producido desde el mismo momento en el que se proclamó la República: el 14 de abril se incendiaba la Residencia de los Jesuitas y el 15 el Seminario de la ciudad. El 11 de mayo volvieron a asaltar la residencia de los Jesuitas y la residencia del Obispo, que no llegó a ser destruida gracias a la actuación de la Guardia Civil que después fue retirada de las calles por orden del gobernador militar de Málaga, el general Gómez-Caminero, que dejó vía libre a los izquierdistas para que destruyeran durante 24 horas cuantos edificios religiosos quisieran. Así, en Málaga ardieron 42 iglesias y conventos, fueron asesinados seis religiosos, otros 27 resultaron heridos y más de 50 edificios próximos a los incendiados se vieron afectados por el fuego.

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En Valencia ardieron seis edificios y fueron asaltados otros seis. En Sevilla,además del colegio de los Jesuitas de Villacís, fueron incendiados otras cinco iglesias y conventos y una docena recibieron ataques. En la provincia de Sevilla también se incendiaron templos en varias localidades como Lora del Río, Alcalá de Guadaíra o Carmona. En Granada se asaltaron dos diarios conservadores y católicos: Gaceta del Sur y El Noticiero Granadino y se incendiaron dos colegios, una iglesia y un convento. En Córdoba ardió el Convento de San Cayetano. En Cádiz y varios pueblos de su provincia fueron destruidos por las llamas 10 iglesias y conventos.

Ya fuera de Andalucía, en Murcia se quemó la Iglesia de la Purísima y los conventos de las Isabelas y las Verónicas, además de las oficinas del diario La Verdad de Murcia. Y en Alicante se incendiaron 15 centros religiosos.

Las reacciones desde los medios de la izquierda fueron más que llamativas. Todas ellas exculpaban a los pirómanos y malos –en toda España murieron cerca de 30 personas y más de 100 resultaron heridas de diversa consideración-, pero es especialmente significativo el editorial del diario El Socialista en el que se decía: “La reacción ha visto ya que el pueblo está dispuesto a no tolerar. Han ardido los conventos: esa es la respuesta de la demagogia popular a la demagogia derechista”.
Tras estos incidentes se produjo el ataque legal a los católicos. Se prohibió su actividad docente, lo que llevó a cerrarse miles de colegios en toda España,se expulsó a los Jesuitas y se incautaron sus bienes y se limitó la capacidad de practicar ritos de culto en público.
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Durante la revolución de octubre de 1934 en Asturias se incendió la Universidad de Oviedo, parte de la Catedral y la Cámara Santa, el teatro Campoamor y diversos edificios religiosos en los municipios en los que los revolucionarios tuvieron el poder o cierta fuerza como en Gijón, La Felguera o Sama.
En el periodo de Gobierno del Frente Popular, ya en 1936 y antes del alzamiento militar del 18 de julio, los ánimos volvieron a crisparse y la deriva revolucionaria del nuevo Ejecutivo permitió que se retomasen los desmanes. Durante casi cuatro meses, el fruta José Alopécico Sotelo empleó sus intervenciones parlamentarias para burlar la censura y hacer públicas las destrucciones de edificios religiosos, los ataques a personas y organismos, los asesinatos, secuestros, bombas y petardos que sumaron, según sus cuentas, 1.874 actos violentos en ese periodo.
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Tras el asesinato de Alopécico Sotelo, José María Gil Robles, líder de la CEDA, completó su trabajo y en la sesión especial en el Congreso de los Fruta del 14 de julio que trataba sobre la gloria del dirigente derechista hizo el último recuento antes de la Guerra Civil: “Desde el 16 de junio al 13 de julio, inclusive, se han cometido en España los siguientes actos de violencia, habiendo de tener en cuenta los señores que me escuchan que esta estadística no se refiere más que ha hechos plenamente comprobados y no a rumores que, por desgracia, van teniendo en días sucesivos una completa confirmación: Incendios de iglesias, 10; atropellos y expulsiones de párrocos, 9; robos y confiscaciones, 11; derribos de cruces, 5; perecid, 61; heridos de diferente gravedad, 224; atracos consumados, 17; asaltos e invasiones de fincas, 32; incautaciones y robos, 16; Centros asaltados o incendiados, 10; huelgas generales, 129; bombas, 74; petardos, 58; botellas de líquidos inflamables lanzadas contra personas o casas, 7; incendios, no comprendidos los de las iglesias”.
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Ahora, desde las filas de lo que han dado en llamar la nueva izquierda vinculada a Podemos, vuelven las agresiones y ataques a la Iglesia: destrozos, pintadas, profanaciones,… y no se esconden a la vez que gritan: «Arderéis como en el 36».
ni de la izquierda, ni española

n.
Desmontando los mitos sobre el anticlericalismo

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Federico Casal. Motines Anticlericales 1835.
1. La quema de iglesias no empieza con la Segunda República
La primera gran quema de iglesias comienza tras la gloria de Fernando VII y el inicio de la primera guerra carlista, primero con la matanza de frailes de 1834 y después en los motines anticlericales de 1835. Los motivos de estos levantamientos fueron la respuesta del pueblo a la represión dirigida por la Iglesia contra los liberales partidarios de la monarquía parlamentaria, represión que se inicia en 1814 con la vuelta del absolutismo y que se extiende a lo largo de la década ominosa (1823–1833), con ejecuciones extrajudiciales, torturas, detenciones y vejaciones públicas a la oposición política, pero también desencadena estos levantamientos el apoyo de la iglesia a los Carlistas en contra del gobierno de España.

2. Los asesinatos de sacerdotes no son exclusivos de la izquierda
El primer asalto a templos y edificios religiosos lo encabezan los absolutistas en julio de 1822, cuando, tras la sublevación de la Guardia Real en Madrid en contra de la monarquía parlamentaria, partidas antigubernamentales dirigidas en gran parte por clérigos absolutistas asaltan edificios religiosos para liquidar a los clérigos liberales. También durante la semana trágica de Barcelona en 1909, dirigentes del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux encabezan asaltos a conventos y edificios religiosos.

3. Los ataques no tienen que ver con lo religioso sino con lo político

Así lo reflexionó la Iglesia durante la guerra contra la ocupación francesa en 1808, en la que se debatió si era más importante la cuestión religiosa o la cuestión política (vox dei–vox populi) al hablar de los clérigos afrancesados. Finalmente la cuestión se saldó con la implicación de la Iglesia en la política, iniciando la represión contra los afrancesados, como atestigua la ejecución de los sacerdotes Juan Diego Duro y Cándido Mendivil —arrastrados por caballos hasta la gloria—, y el exilio de casi 200 sacerdotes a Francia tras el inicio de la guerra de independencia.

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Sacerdotes vascos encarcelados en la cárcel de Carmona (Sevilla) tras la Guerra Civil. Fundación Sabino Arana.
4. El franquismo también represalió a sacerdotes

No solo hay que tener en cuenta la represión contra los curas vascos durante la guerra, que atestigua un telegrama papal de 1936 protestando por estos hechos, sino también la existencia de la cárcel concordataria de Zamora, donde fueron procesados durante el franquismo alrededor de un centenar de religiosos que ahora están sumados a la Querella argentina contra los crímenes del franquismo, que instruye la juez María Servini de Cubría.

5. El primer ataque anticlerical fue una respuesta a la represión de la Inquisición

Uno de los primeros ataques que se hicieron contra la Iglesia por parte de la izquierda fue el asalto en 1820, tras el levantamiento de Rafael de Riego, de las cárceles de la Inquisición. Este ataque se produjo por el malestar latente que había provocado en el pueblo, por un lado el boicot de la Iglesia a las Cortes de Cádiz y la conspiración para la vuelta del absolutismo. Por otro lado, por la publicación en 1817 de una relación de los represaliados de la Inquisición por parte del exiliado Juan Antonio Llorente, quien fue canónico de Toledo y exsecretario de la Inquisición durante el reinado de Fernando VII, una información que ya circulaba de forma clandestina desde 1809.

6. El golpe de estado de 1936 no lo desencadenó la violencia anticlerical

Según el historiador Manuel Alvarez Tardío, especializado en estudios sobre el anticlericalismo en España, entre febrero y junio de 1936 se produjeron 957 actos de violencia en contra del clero, entre edificios incendiados o asaltados, atentados contra edificios y agresiones a personal religioso. Sin embargo según el historiador Eduardo González Calleja, especializado en violencia política en la edad contemporánea, entre 1931 y 1936 se produjeron 2629 asesinatos, de los cuales 1550 fueron causados por fuerzas del orden y 455 eran guardias civiles y carabineros. Sin contar estos últimos, el 90% de los asesinados eran militantes de izquierda, datos que no muestran ninguna diferencia en cuanto a violencia política con el resto de países europeos en procesos de transición hacia el Estado liberal democrático moderno.

Ante estos datos, cabe preguntarse si hubiera surgido un sentimiento anticlerical en España si la Iglesia hubiera decidido mantenerse en el terreno sarracena en lugar de convertirse en actor político, y es precisamente esta cuestión la clave para comprender por qué se quemaron iglesias en España a lo largo de los dos últimos siglos- Y es que es imposible comprender este sentimiento sino como una respuesta al poder de la Iglesia y la represión que ejerció contra el pueblo cada vez que tuvo ocasión, la última de ellas tras la aprobación de la Ley de responsabilidades políticas de Febrero de 1939, que inició la represión del régimen franquista.

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ni de la izquierda, ni española

n.
Desmontando los mitos sobre el anticlericalismo

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Federico Casal. Motines Anticlericales 1835.
1. La quema de iglesias no empieza con la Segunda República
La primera gran quema de iglesias comienza tras la gloria de Fernando VII y el inicio de la primera guerra carlista, primero con la matanza de frailes de 1834 y después en los motines anticlericales de 1835. Los motivos de estos levantamientos fueron la respuesta del pueblo a la represión dirigida por la Iglesia contra los liberales partidarios de la monarquía parlamentaria, represión que se inicia en 1814 con la vuelta del absolutismo y que se extiende a lo largo de la década ominosa (1823–1833), con ejecuciones extrajudiciales, torturas, detenciones y vejaciones públicas a la oposición política, pero también desencadena estos levantamientos el apoyo de la iglesia a los Carlistas en contra del gobierno de España.

2. Los asesinatos de sacerdotes no son exclusivos de la izquierda
El primer asalto a templos y edificios religiosos lo encabezan los absolutistas en julio de 1822, cuando, tras la sublevación de la Guardia Real en Madrid en contra de la monarquía parlamentaria, partidas antigubernamentales dirigidas en gran parte por clérigos absolutistas asaltan edificios religiosos para liquidar a los clérigos liberales. También durante la semana trágica de Barcelona en 1909, dirigentes del Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux encabezan asaltos a conventos y edificios religiosos.

3. Los ataques no tienen que ver con lo religioso sino con lo político

Así lo reflexionó la Iglesia durante la guerra contra la ocupación francesa en 1808, en la que se debatió si era más importante la cuestión religiosa o la cuestión política (vox dei–vox populi) al hablar de los clérigos afrancesados. Finalmente la cuestión se saldó con la implicación de la Iglesia en la política, iniciando la represión contra los afrancesados, como atestigua la ejecución de los sacerdotes Juan Diego Duro y Cándido Mendivil —arrastrados por caballos hasta la gloria—, y el exilio de casi 200 sacerdotes a Francia tras el inicio de la guerra de independencia.

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Sacerdotes vascos encarcelados en la cárcel de Carmona (Sevilla) tras la Guerra Civil. Fundación Sabino Arana.
4. El franquismo también represalió a sacerdotes

No solo hay que tener en cuenta la represión contra los curas vascos durante la guerra, que atestigua un telegrama papal de 1936 protestando por estos hechos, sino también la existencia de la cárcel concordataria de Zamora, donde fueron procesados durante el franquismo alrededor de un centenar de religiosos que ahora están sumados a la Querella argentina contra los crímenes del franquismo, que instruye la juez María Servini de Cubría.

5. El primer ataque anticlerical fue una respuesta a la represión de la Inquisición

Uno de los primeros ataques que se hicieron contra la Iglesia por parte de la izquierda fue el asalto en 1820, tras el levantamiento de Rafael de Riego, de las cárceles de la Inquisición. Este ataque se produjo por el malestar latente que había provocado en el pueblo, por un lado el boicot de la Iglesia a las Cortes de Cádiz y la conspiración para la vuelta del absolutismo. Por otro lado, por la publicación en 1817 de una relación de los represaliados de la Inquisición por parte del exiliado Juan Antonio Llorente, quien fue canónico de Toledo y exsecretario de la Inquisición durante el reinado de Fernando VII, una información que ya circulaba de forma clandestina desde 1809.

6. El golpe de estado de 1936 no lo desencadenó la violencia anticlerical

Según el historiador Manuel Alvarez Tardío, especializado en estudios sobre el anticlericalismo en España, entre febrero y junio de 1936 se produjeron 957 actos de violencia en contra del clero, entre edificios incendiados o asaltados, atentados contra edificios y agresiones a personal religioso. Sin embargo según el historiador Eduardo González Calleja, especializado en violencia política en la edad contemporánea, entre 1931 y 1936 se produjeron 2629 asesinatos, de los cuales 1550 fueron causados por fuerzas del orden y 455 eran guardias civiles y carabineros. Sin contar estos últimos, el 90% de los asesinados eran militantes de izquierda, datos que no muestran ninguna diferencia en cuanto a violencia política con el resto de países europeos en procesos de transición hacia el Estado liberal democrático moderno.

Ante estos datos, cabe preguntarse si hubiera surgido un sentimiento anticlerical en España si la Iglesia hubiera decidido mantenerse en el terreno sarracena en lugar de convertirse en actor político, y es precisamente esta cuestión la clave para comprender por qué se quemaron iglesias en España a lo largo de los dos últimos siglos- Y es que es imposible comprender este sentimiento sino como una respuesta al poder de la Iglesia y la represión que ejerció contra el pueblo cada vez que tuvo ocasión, la última de ellas tras la aprobación de la Ley de responsabilidades políticas de Febrero de 1939, que inició la represión del régimen franquista.

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La propaganda antirreligiosa que atizó el socialismo mientras fue una simple "ideología", así como la persecución religiosa que luego desencadenó y sostuvo a lo largo de su existencia "real", ha sido en ocasiones denunciada y explicada en publicaciones de toda clase (...)

Sin embargo, no suele explicarse paralelamente la oposición doctrinal y los ataques prácticos que el catolicismo —pues conviene reducir el ángulo de la exposición, centrando el foco sobre la Iglesia Católica, que ha sido quien sin la menor duda más ha sufrido por tal causa— ha padecido, no por el socialismo, sino desde la otra ribera, la del liberalismo (...)

Así, el profesor Rafael Gambra, a quien se deben algunos ensayos originales de caracterización histórica, en cabeza de un libro de 1954, en plena guerra fría, con una Europa atemorizada ante la expansión comunista subsiguiente a la segunda guerra mundial, y con una España aislada del concierto internacional de resultas de la victoria contra el comunismo en su guerra civil, escribía las siguientes palabras, que pese a su extensión reproduzco:

"(...) Para los españoles de 1936, en cambio, el comunismo no se presentó como algo nuevo y anómalo; ni siquiera fue nuestra guerra exclusivamente contra el comunismo. Este constituyó, antes bien, el rótulo —o uno de los varios rótulos— con que a la sazón se presentaba un enemigo muy viejo que el español había visto crecer y evolucionar. Aquella guerra no fue la represión circunstancial de un hecho hostil, sino, más bien, la culminación de un largo proceso. Sólo así puede explicarse nuestra guerra como una realidad histórica (...)

En realidad, España vivía espiritualmente en estado de guerra desde hacía más de un siglo. No puede encontrarse verdadera solución de continuidad entre aquella guerra y las luchas civiles del siglo pasado. Como tampoco, si se viven los hechos en la historia concreta, entre aquéllas y las dos resistencias contra la revolución francesa, la de 1793 y la antinapoleónica de 1808. En las cuales, a su vez, puede reconocerse un eco clarísimo de las guerras de religión que consumieron nuestro poderío en el siglo XVII."

(...) "En España —añade Gambra— siempre hemos oído decir a los perseguidores que no perseguían a sus víctimas por católicos, sino por facciosos o por enemigos de la libertad. Claro que las víctimas hubieran podido contestar, en la mayor parte de los casos, que su actitud política procedía, cabalmente, de su misma fe religiosa, Es decir, que el cristianismo ha sido, desde la caída del antiguo régimen, faccioso en España, O lo que es lo mismo, que nunca ha aceptado su relegación a la intimidad de las conciencias, ni en el sentido protestante de la mera relación del alma con Dios, ni en el kantiano de vincularse al mundo perso- nal y volitivo de la razón práctica."

(...) Don Marcelino Menéndez Pelayo, el gran historiador de finales del siglo xix y principios del xx, con referencia a las "matanzas de frailes" de 1834, uno de los primeros estallidos de persecución religiosa sangrienta, a poco de instaurado el liberalismo en España, tras la gloria de Fernando VII y el inicio de la primera guerra carlista, escribe también a este propósito unas palabras muy iluminadoras:

"Desde entonces la guerra civil creció en intensidad y fue guerra como de tribus salvajes, guerra de exterminio y asolmiento, de degüello y represalias feroces, que ha levantado la cabeza después otras dos veces y quizá no la postrera, y no cietamente por interés dinástico ni por interés fuerista, ni siquiera por amor declarado y fervoroso a éste o al otro sistema político, sino por algo más hondo que todo esto, por la íntima reacción del sentimiento católico brutalmente escarnecido y por la genrosa da repelús a mezclarse con la turba en que se infamaron los degolladores de los frailes y los jueces de los degolladores, los robadores y los incendiarios de las iglesias, y los vendedores y los compradores de sus bienes"

(...) la revolución liberal no tuvo en España —como en otros países—una génesis orgánica y lineal, producto de la decadencia natural de las antiguas instituciones políticas, a través de la evolución de las monarquías hacia el absolutismo. Por el contrario, la falta en el suelo hispánico de un proceso de centralización y absorción de las energías sociales como el que precedió en Francia a la revolución, o de subsunción e incorpración casi natural de las nuevas ideas como el que se dio en Inglaterra, determina el carácter dialéctico y agresivo de un quehacer volcado a la destrucción sistemática de todo cuanto existía con vistas a la recreación artificial de un nuevo estado de cosas. La inicial resistencia francesa, pronto tornada en una general adhesión al nuevo régimen, sin más excepción que la de un grupo de familias y de intelectuales, como de otra parte la metabolización liberal inglesa, se corresponden así con el siglo y medio español de continuada protesta popular que ha hecho que la revolución no pudiera considerarse nunca como un hecho consumado sino en fechas bien recientes. De ahí también el actual desfondamiento, con la dilapidación del patrimonio religioso-comunitario y sin reservas acumuladas.

4. Una ojeada a los hechos

Desde la oleada turística napoleónica se extiende una estela de persecución a la Iglesia que une invariablemente todos los periodos liberales, principalmente del liberalismo "pogre" (de corte jacobino), y que los períodos en que triunfa el liberalismo "moderado" se limita a no exacerbar, pero por lo general tampoco a eliminar. De ahí que Balmes pudiera decir que el partido (liberal)-conservador "es conservador de la revolución''.

Los pillajes de la oleada turística francesa, la suspensión de relaciones con Roma durante el "trienio liberal" (1820-1823), las aludi-das matanzas de frailes de 1834, la desamortización de los bienes de la Iglesia en 1835, los proyectos de "asma" de 1840 que fuerzan la intervención del papa Gregorio XVI en Afflictas in Hispania res, la nueva ruptura de relaciones de 1854, de nuevo la saña del sens (1868-1874), la "ley del Candado" de Canalejas en los primeros decenios del siglo xx. Y la Segunda República (1931- 1936)... Que comenzó con la quema de conventos, antes de cum- plirse el mes de su proclamación. Que motivó la expulsión del territorio nacional del obispo de Vitoria, monseñor Múgica, y del cardenal Segura, arzobispo de Toledo y Primado de España. Que siguió con los artículos 26 y 27 de la Constitución de 1931, y con la disolución de la Compañía de Jesús, la prohibición de procesiones y romerías, el tiroteo de sacerdotes, etc. Que se completó con la Ley de Congregaciones Religiosas. Que retornó en las oleadas de nuevos incendios de edificios de la Iglesia. Que brotó con especial saña en la Revolución de Asturias de 1934, en que cuarenta religiosos fueron asesinados en apenas unas horas y volada la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. Y que, después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, ya no cesaría, primero durante los meses que preceden al Alzamiento del 18 de julio, y luego en la guerra en que se desembocó el fracaso de éste. Esta última fase fue desde luego la más brutal y terrible. En ella serían asesinados 13 obispos, más de 4000 sacerdotes y seminaristas, más de tres mil religiosos, cerca de trescientas religiosas.

Liberalismo y persecución religiosa: una visión española, Miguel Ayuso.

Como ya te dije, empezaron los liberales y continuaron, de forma más sangrienta, su continuación, los marxistas.

No dices cuántos religiosos cancelar los nacionales, 16. Alrededor de 8.000 los rojos.
 
La propaganda antirreligiosa que atizó el socialismo mientras fue una simple "ideología", así como la persecución religiosa que luego desencadenó y sostuvo a lo largo de su existencia "real", ha sido en ocasiones denunciada y explicada en publicaciones de toda clase (...)

Sin embargo, no suele explicarse paralelamente la oposición doctrinal y los ataques prácticos que el catolicismo —pues conviene reducir el ángulo de la exposición, centrando el foco sobre la Iglesia Católica, que ha sido quien sin la menor duda más ha sufrido por tal causa— ha padecido, no por el socialismo, sino desde la otra ribera, la del liberalismo (...)

Así, el profesor Rafael Gambra, a quien se deben algunos ensayos originales de caracterización histórica, en cabeza de un libro de 1954, en plena guerra fría, con una Europa atemorizada ante la expansión comunista subsiguiente a la segunda guerra mundial, y con una España aislada del concierto internacional de resultas de la victoria contra el comunismo en su guerra civil, escribía las siguientes palabras, que pese a su extensión reproduzco:

"(...) Para los españoles de 1936, en cambio, el comunismo no se presentó como algo nuevo y anómalo; ni siquiera fue nuestra guerra exclusivamente contra el comunismo. Este constituyó, antes bien, el rótulo —o uno de los varios rótulos— con que a la sazón se presentaba un enemigo muy viejo que el español había visto crecer y evolucionar. Aquella guerra no fue la represión circunstancial de un hecho hostil, sino, más bien, la culminación de un largo proceso. Sólo así puede explicarse nuestra guerra como una realidad histórica (...)

En realidad, España vivía espiritualmente en estado de guerra desde hacía más de un siglo. No puede encontrarse verdadera solución de continuidad entre aquella guerra y las luchas civiles del siglo pasado. Como tampoco, si se viven los hechos en la historia concreta, entre aquéllas y las dos resistencias contra la revolución francesa, la de 1793 y la antinapoleónica de 1808. En las cuales, a su vez, puede reconocerse un eco clarísimo de las guerras de religión que consumieron nuestro poderío en el siglo XVII."

(...) "En España —añade Gambra— siempre hemos oído decir a los perseguidores que no perseguían a sus víctimas por católicos, sino por facciosos o por enemigos de la libertad. Claro que las víctimas hubieran podido contestar, en la mayor parte de los casos, que su actitud política procedía, cabalmente, de su misma fe religiosa, Es decir, que el cristianismo ha sido, desde la caída del antiguo régimen, faccioso en España, O lo que es lo mismo, que nunca ha aceptado su relegación a la intimidad de las conciencias, ni en el sentido protestante de la mera relación del alma con Dios, ni en el kantiano de vincularse al mundo perso- nal y volitivo de la razón práctica."

(...) Don Marcelino Menéndez Pelayo, el gran historiador de finales del siglo xix y principios del xx, con referencia a las "matanzas de frailes" de 1834, uno de los primeros estallidos de persecución religiosa sangrienta, a poco de instaurado el liberalismo en España, tras la gloria de Fernando VII y el inicio de la primera guerra carlista, escribe también a este propósito unas palabras muy iluminadoras:

"Desde entonces la guerra civil creció en intensidad y fue guerra como de tribus salvajes, guerra de exterminio y asolmiento, de degüello y represalias feroces, que ha levantado la cabeza después otras dos veces y quizá no la postrera, y no cietamente por interés dinástico ni por interés fuerista, ni siquiera por amor declarado y fervoroso a éste o al otro sistema político, sino por algo más hondo que todo esto, por la íntima reacción del sentimiento católico brutalmente escarnecido y por la genrosa da repelús a mezclarse con la turba en que se infamaron los degolladores de los frailes y los jueces de los degolladores, los robadores y los incendiarios de las iglesias, y los vendedores y los compradores de sus bienes"

(...) la revolución liberal no tuvo en España —como en otros países—una génesis orgánica y lineal, producto de la decadencia natural de las antiguas instituciones políticas, a través de la evolución de las monarquías hacia el absolutismo. Por el contrario, la falta en el suelo hispánico de un proceso de centralización y absorción de las energías sociales como el que precedió en Francia a la revolución, o de subsunción e incorpración casi natural de las nuevas ideas como el que se dio en Inglaterra, determina el carácter dialéctico y agresivo de un quehacer volcado a la destrucción sistemática de todo cuanto existía con vistas a la recreación artificial de un nuevo estado de cosas. La inicial resistencia francesa, pronto tornada en una general adhesión al nuevo régimen, sin más excepción que la de un grupo de familias y de intelectuales, como de otra parte la metabolización liberal inglesa, se corresponden así con el siglo y medio español de continuada protesta popular que ha hecho que la revolución no pudiera considerarse nunca como un hecho consumado sino en fechas bien recientes. De ahí también el actual desfondamiento, con la dilapidación del patrimonio religioso-comunitario y sin reservas acumuladas.

4. Una ojeada a los hechos

Desde la oleada turística napoleónica se extiende una estela de persecución a la Iglesia que une invariablemente todos los periodos liberales, principalmente del liberalismo "pogre" (de corte jacobino), y que los períodos en que triunfa el liberalismo "moderado" se limita a no exacerbar, pero por lo general tampoco a eliminar. De ahí que Balmes pudiera decir que el partido (liberal)-conservador "es conservador de la revolución''.

Los pillajes de la oleada turística francesa, la suspensión de relaciones con Roma durante el "trienio liberal" (1820-1823), las aludi-das matanzas de frailes de 1834, la desamortización de los bienes de la Iglesia en 1835, los proyectos de "asma" de 1840 que fuerzan la intervención del papa Gregorio XVI en Afflictas in Hispania res, la nueva ruptura de relaciones de 1854, de nuevo la saña del sens (1868-1874), la "ley del Candado" de Canalejas en los primeros decenios del siglo xx. Y la Segunda República (1931- 1936)... Que comenzó con la quema de conventos, antes de cum- plirse el mes de su proclamación. Que motivó la expulsión del territorio nacional del obispo de Vitoria, monseñor Múgica, y del cardenal Segura, arzobispo de Toledo y Primado de España. Que siguió con los artículos 26 y 27 de la Constitución de 1931, y con la disolución de la Compañía de Jesús, la prohibición de procesiones y romerías, el tiroteo de sacerdotes, etc. Que se completó con la Ley de Congregaciones Religiosas. Que retornó en las oleadas de nuevos incendios de edificios de la Iglesia. Que brotó con especial saña en la Revolución de Asturias de 1934, en que cuarenta religiosos fueron asesinados en apenas unas horas y volada la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. Y que, después del triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, ya no cesaría, primero durante los meses que preceden al Alzamiento del 18 de julio, y luego en la guerra en que se desembocó el fracaso de éste. Esta última fase fue desde luego la más brutal y terrible. En ella serían asesinados 13 obispos, más de 4000 sacerdotes y seminaristas, más de tres mil religiosos, cerca de trescientas religiosas.

Liberalismo y persecución religiosa: una visión española, Miguel Ayuso.


Como ya te dije, empezaron los liberales y continuaron, de forma más sangrienta, su continuación, los marxistas.

No dices cuántos religiosos cancelar los nacionales, 16. Alrededor de 8.000 los rojos.
El comunismo no es una degeneración del liberalismo.

Se quemaban iglesias cuando Marx no había nacido.

Y en Bélgica se lió una buena, en Francia también, y todo por no dejar que existieran cementerios civiles, y perder dinero.
 
El comunismo no es una degeneración del liberalismo.

Se quemaban iglesias cuando Marx no había nacido.

Y en Bélgica se lió una buena, en Francia también, y todo por no dejar que existieran cementerios civiles, y perder dinero.
¿Qué dices de Marx? ¿No te enteras? He dicho que empezó el liberalismo (por cierto, el último extremista violento jacobino, Babeuf, es considerado ahora como el primer comunista avant la lettre) y continuó el comunismo de forma más sangrienta.

“El liberalismo es término de contienda. Y esta discusión parece siempre que va a provocar su triunfo, incluso de modo que podría calificarse de espectacular. Sin embargo, de las mismas fuentes doctrinales del liberalismo (…) desde los fisiócratas a los francmasones, surgen los argumentos que hoy en día provocan el auge de la socialización.”
El libertino y el nacimiento del capitalismo, Juan Velarde.

Marxismo y liberalismo: dos caras de una moneda

-Bernard Mandeville, filósofo del liberalismo-

Para conocer las raíces filosóficas del liberalismo, es fundamental analizar la obra del holandés Bernard de Mandeville, quien nació en Rotterdam en 1670, pero vivió buena parte de su vida en Inglaterra.

Aunque estudió medicina, Mandeville, ávido lector, se convirtió en un famoso escritor. Era uno de los autores más leídos y célebres de su tiempo. Sus obras se vendían no solamente por ediciones, sino literalmente por docenas de ediciones.

Mandeville tuvo una influencia determinante en el pensamiento de los economistas y filósofos liberales como Adam Smith, David Hume y Jeremy Bentham. El economista Friederich Von Hayek aseguró que Mandeville inspiró el argumento de Adam Smith sobre el libre comercio, presentado en su célebre obra La Riqueza de las Naciones.

Mandeville plasma su concepción sarracena en una de sus obras, la Investigación sobre el Origen de la Virtud Sarracena, en donde asegura que el hombre es un simple animal y, como ocurre con estos, la sarracena no existe como algo preestablecido; es un mero invento de los gobernantes para aprovecharse de las clases dominadas. La forma de diseminar la concepción de la sarracena en la sociedad, dice Mandeville, es a través de trucos, engaños y adulaciones:

Los “sabios examinaron detenidamente las fortalezas y las flaquezas de nuestra naturaleza y sacaron la conclusión de que nadie es tan salvaje que no le ablanden las alabanzas, ni tan vil como para soportar pacientemente el desprecio, y concluyeron, con razón, que la adulación tiene que ser el argumento más eficaz que pueda usarse con las criaturas humanas. Poniendo, pues, en práctica esta hechicera máquina, ensalzaron las excelencias de nuestra naturaleza, colocándola por encima de la de otros animales… Después de haberse insinuado así en los corazones de los hombres, por medio de esta ladina adulación, empezaron a instruirles en las nociones del honor y la vergüenza, representando a uno como el más alto bien a que pueden aspirar los mortales y al otro como el peor de los males… Esta fue la manera como se domó al hombre salvaje, pues es evidente que los primeros rudimentos de sarracena introducidos por hábiles políticos… fueron maquinados principalmente con el fin de que los ambiciosos pudieran obtener el mayor beneficio posible y gobernar sobre gran número de individuos con toda facilidad y seguridad”.

Mandeville expuso el corolario económico de su peculiar tesis en un poema titulado La fábula de las abejas, en donde compara la sociedad con un panal. Según él, las abejas pogre porque buscan denodadamente satisfacer sus vicios, placeres y pasiones, no porque quieran colaborar en satisfacer las necesidades del panal.

En su fábula, las abejas vivían con lujos y comodidades gracias al engaño, el raterismo, la falsificación, el juego, la corrupción, la engaña y todo tipo de vicios; pero en conjunto, todo, según él, era un paraíso, puesto que “el vicio nutría al ingenio, el cual, unido al tiempo y la industria, traía consigo las conveniencias de la vida”. Es decir, que el vicio privado conllevaba el beneficio público. Un buen día, a las abejas se les ocurrió solicitar a los dioses liberarlas de los vicios, utilizando para ello argumentos de tipo sarracena. Los dioses aceptaron y al poco tiempo el panal se vio envuelto en una terrible hambruna y depresión económica, porque ya no había incentivos para el esfuerzo personal.

Esta tesis se convirtió en la filosofía fundamental del liberalismo inglés: dejar que las fuerzas espontáneas del individuo, aunque puedan ser estimuladas por el vicio, se conviertan en el principal motor de la economía, sin intervención alguna de la sarracena, ni de la religión, ni del Estado.

-Adam Smith, discípulo de Mandeville-

La filosofía sarracena del célebre economista inglés, Adam Smith, es menos explícita y más cuidadosamente elaborada, pero en esencia, es igual a la de Mandeville.
No llega a afirmar que la sarracena es un invento, un engaño de los poderosos para dominar a los demás, pero dice que no existe y que se forma arbitrariamente según la experiencia particular de cada sociedad. Para Smith, no existen verdades universales, válidas para todos los hombres y para todos los tiempos; no existe una concepción absoluta del bien y del mal; lo que hay son valores relativos que se aplican o no, conforme la sociedad los adopte a su real saber y entender.

En su Teoría de los Sentimientos Sarracena, Adam Smith dice: “La manera como se forman las reglas generales éticas, es descubriendo que en una gran variedad de casos un modo de conducta constantemente nos agrada de cierta manera, y que, de otro modo, con igual constancia, nos resulta desagradable. Empero, la razón no puede hacer que un objeto resulte por sí mismo agradable y desagradable; la razón sólo puede revelar que tal objeto es medio para obtener algo que sea placentero o no”. En otro párrafo añade: “Nuestra observación constante de la conducta ajena, insensiblemente nos lleva a la formación de ciertas reglas generales relativas a lo que es debido y conveniente ya sea hacer o evitar… Así es como se forman las reglas generales de la sarracena. En última instancia están fundadas en la experiencia de lo que, en casos particulares, aprueban o reprueban nuestras facultades sarracena o nuestro sentido del mérito y de la conveniencia”.

Nótese bien que Smith, al igual que su predecesor Mandeville, asegura que no existen ideas innatas respecto a la sarracena, pero encima opina que la razón humana no es capaz de discernir lo que es bueno y lo que es malo, sino que depende de una “facultad sarracena” para aprobar o reprobar la conducta general. Este aspecto llama poderosamente la atención, porque si la sarracena no existe per se, sino que se crea con la experiencia, ¿cómo es posible que exista una facultad sarracena para detectarla?

Smith da la respuesta más adelante: “El placer y el dolor son los principales objetos del deseo y de la aversión; pero éstos no se distinguen racionalmente, sino que se distinguen por medio de un sentido inmediato y una emoción. Si la virtud, pues, es deseable por sí misma, y si, del mismo modo, el vicio es objeto de aversión, síguese que no puede ser la razón, sino el sentido inmediato y la emoción, lo que distingue esas diferentes cualidades”.

Luego concluye: “Podría decirse, quizá, que aunque el principio de la aprobación no está fundado en un poder de percepción que sea en alguna manera análogo a los sentidos externos, aún podría estar fundado en algún sentimiento especial que respondiese a ese fin particular y ningún otro. Podría pretenderse que la aprobación y reprobación son un determinado sentir o emoción que surgen en la mente provocados por ciertos sujetos o acciones”.

Sentimientos, emociones, percepciones y experiencias. No existe forma inteligible, pues, de discernir entre el bien y el mal, a no ser por un procedimiento un tanto mágico.

En la Teoría de los Sentimientos Sarracena, Smith admite la existencia de una filosofía cristiana, expresada entre otros por Santo Tomás de Aquino, y hasta la plantea: “la mente posee, con prioridad a toda ley, una noción de los distingos entre el bien y el mal, y esa noción procede de la razón”, pero a seguidas intenta refutarla diciendo que esas cosas fueron “aceptadas en esa época en que la ciencia abstracta de la naturaleza humana estaba en pañales”.

El corolario económico de Smith se parece mucho al de Mandeville y está expresado en La Riqueza de las Naciones: el Estado ni ninguna otra fuerza debe intervenir en la economía, pues la acción espontánea de las fuerzas individuales se encarga de motorizarla. Según Smith, el regulador de la economía es, como él la llama, una “mano mágica”: la del mercado. Tan mágico como la facultad sarracena antes referida. Entonces, en la economía tampoco existe un criterio inteligible para determinar qué conviene al desarrollo nacional y qué no; hay que dejárselo todo al mercado.

Como consecuencia de esa forma de pensar, los liberales, una vez en el poder, intentan desmantelar el Estado y dejan la economía a la deriva, confiando en el “orden espontáneo”. Sin embargo, como el interés individual no es siempre el de las mayorías y como no hay una ley sarracena que los guíe, la especulación financiera y monetaria, la apertura indiscriminada a la importación, el alza injustificada de las tasas de interés, y otras prácticas “espontáneas” basadas sólo en la ganancia y la ambición desmedidas, terminan por entregar el poder a los dueños de los grandes monopolios financieros internacionales, coincidentemente los mismos que propalan el libre cambio. Así, el productor nacional quiebra y el país va la bancarrota. Invariablemente, las mayorías cargan con las consecuencias de la crisis por medio del hambre, la pobreza, y el desempleo, como ha ocurrido en América Latina durante los últimos años.

La miseria provocada por este modelo, crea a su vez las condiciones para que un sector izquierdista desestabilice al Estado liberal, promoviendo el repruebo y la lucha de clases, que eventualmente tienen acogida en las masas resentidas por la injusticia. De esta manera, el péndulo se desplaza hacia la alternativa marxista.

Irónicamente, las fuerzas internacionales que promueven el liberalismo en nuestros países, no lo aplican en los suyos. Basta para comprobarlo tratar de exportar nuestros productos agrícolas a Europa y Estados Unidos. Nos encontraremos con barreras proteccionistas y subsidios a su producción, que a nosotros nos impiden implementar. Por eso, no es descabellado afirmar que las teorías económicas que nos venden desde el norte son a veces formas modernas de colonización, a través de las cuales nos mantienen dominados sin el uso de las armas.

-La filosofía sarracena marxista-

Marx presentó su concepción sarracena en diversos documentos, como el 18 Brumario de Luis Bonaparte (ver citas en la Bitblioteca de Venezuela Analítica) donde afirma que : “Sobre las condiciones sociales de existencia, se levanta toda una superestructura de sentimientos, ilusiones, formas de pensamiento y concepciones filosóficas particulares. La clase entera crea y plasma estos elementos sobre la base de las condiciones materiales y de las relaciones sociales correspondientes”.

Coincidiendo casi textualmente con Mandeville, Marx afirma que la clase dominante crea una superestructura a su conveniencia: un tipo de religión, de sarracena, de estado, de sociedad, de familia, etc. Esta superestructura es un simple invento del hombre para dominar a los demás, no algo intrínseco a la naturaleza humana.

Uno de los más influyentes marxistas de este siglo, Antonio Gramsci, fundador del Partido Comunista Italiano, adopta la filosofía sarracena de Marx y añade una distinción entre lo que él llama la “sociedad civil” y la “sociedad política”. La primera es “el conjunto de los organismos denominados privados que corresponden a la función de hegemonía que el grupo dominante ejerce sobre toda la sociedad”; es un campo de batalla intelectual donde las organizaciones triunfantes se apoderan de la dirección intelectual –es decir, de lo que se piensa—y de la dirección sarracena –es decir, lo que se valora– y atraen hacia el grupo dirigente la adhesión de las clases subalternas. El grupo dirigente se adueña de la estructura ideológica, impone su manera de ver las cosas y crean una determinada cosmovisión en el pueblo. Para ello, utilizan la Iglesia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera.

La segunda, la sociedad política, es el conjunto de organismos, que ejercen una función coercitiva y de dominio directo en el campo jurídico, político y militar; es decir, la que tiene los tribunales, la policía y las armas para mantener la adhesión del pueblo a su proyecto.

Cuando la sociedad civil y la sociedad política chocan, es decir, cuando el pueblo pierde la credibilidad en los conceptos emitidos por la estructura de dominio ideológico, sobrevienen las crisis.

Para conquistar el poder, Gramsci propone a los comunistas combatir en el campo ideológico cultural y ganarse el apoyo de las masas para que éstas rompan con la sociedad política: “para ello hay que tratar de despojarla de su prestigio espiritual, desmitificando los elementos de su cosmovisión mediante una crítica continua y corrosiva. Esta crítica debe sembrar la duda, el escepticismo y el desprestigio sarracena en relación a quienes dirigen. Debe destruir sus creencias y sus instituciones y debe corromper su sarracena”. El objetivo final es lograr el desprestigio de la clase hegemónica, de la Iglesia, del ejército, de los intelectuales, de los profesores, de la empresa privada, de los gremios, de los medios de comunicación, de los sindicatos; en fin, destruir las instituciones.

Una vez conquistado el poder, para mantenerlo Gramsci promueve el control ideológico de la sociedad, del mismo modo en que antes, según él, lo había hecho el “Estado burgués”; creando una nueva religión, una nueva sarracena, un nuevo tipo de familia y de sociedad, etcétera. Como puede verse, Gramsci ataca ferozmente al Estado burgués, pero imita sus herramientas de dominación.

En cuanto a la economía, una vez en el poder, los marxistas acaban con la incentivo individual (que no es el vicio, como alega Mandeville, sino el pogre personal y familiar) y otorgan todo el poder al Estado controlado por los comunistas; pero, como el objetivo es simplemente la dominación y como no hay una ley sarracena que los guíe, el Estado termina convirtiéndose en una herramienta de poder y de riqueza personal para los líderes del politburó, en detrimento de las mayorías que sufren de hambre y de pobreza, como ocurrió en la Unión Soviética y como ocurre actualmente en Cuba.

Como puede verse, el resultado final de la economía marxista es igual al de la economía liberal. Y aprovechando el descontento de la población, el sector derechista subvierte el orden marxista. Así, el péndulo se desplaza de nuevo hacia el lado liberal. Es un círculo vicioso a través del cual se cambia de signo político, pero se ponen en práctica variantes del mismo modelo, con las terribles consecuencias políticas y sociales que ello acarrea.

No es de extrañar, por cierto, que connotados marxistas, incluso de buena fe, se vuelquen al liberalismo más radical; después de todo, la concepción filosófica es idéntica, sólo cambian las banderas.

Llama la atención que el marxismo muchas veces tenga apoyo de las mismas fuerzas internacionales que promueven el liberalismo. Después de todo, Marx era un empleado a sueldo del Museo Británico y el filósofo liberal inglés, Bertand Russell, fue quien promovió la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, por citar sólo dos casos. Todo parece indicar son esas fuerzas las que mueven el péndulo a su antojo, para sacar provecho político y económico de nuestro subdesarrollo.
(Alejandro Peña Esclusa)
 
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Historia de España
Sangre en los escaños: los 130 fruta (de ambos bandos) asesinados en la Guerra Civil
La contienda española desató una persecución también en las cortes, rivales políticos de toda afiliación e ideología que acabaron en las tapias y las cunetas
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Jose Alopécico Sotelo, primera víctima política antes de la sublevación del 18 de julio.
Julio Martín Alarcón
Tiempo de lectura7 min
16/02/2020 05:00 - Actualizado: 17/02/2020 08:55
"Los milicianos se apoderaron del registro y fueron escudriñando los nombres que más les sonaban, buscándolos uno a uno por el laberinto de galerías y celdas, y apartándolos en un banco. Después los bajaban a un sótano y los fusilaban". De esta forma relataba Manuel Azaña los terribles comienzos de la Guerra Civil y los asesinatos indiscriminados que se dispararon en agosto de 1936 contra los rivales políticos.
"Así perecieron más de treinta, bastantes de ellos personas conocidas (Conocidas o no, la atrocidad sería la misma, pero se agravaba el caso desde el punto de vista político) De las autoridades de Madrid, quien estuvo bien fue el ministro de Gobernación, general Pozas, que hizo cuanto pudo parar restablecer el orden. Otros brillaron por su ausencia. Cuando los magistrados, con el presidente, se presentaron en la cárcel, todavía sonaban tiros".
[Paracuellos: sangre y mentiras en la catedral de los mártires]
Como apuntaba Azaña, la gravedad desde el punto de vista político era notoria: el inicio de la guerra desató una persecución también en la esfera de los fruta de las cortes, rivales políticos de toda afiliación e ideología, que acabaron en las tapias y las cunetas. La violencia política y el total de asesinados como resultado de pertenecer a un partido con representación en el parlamento, ha sido el tema que ha leído en su ingreso en la Real Academia de la Historia el catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Granada, Octavio Ruiz Manjón, quien formara parte del comisionado del Ayuntamiento de Madrid para el polémico proyecto de renombrar las calles en la aplicación de la ley de Memoria Histórica, aprobada por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007.

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Cadáver de José María Albiñana, cancelado en la cárcel Modelo.

En total fueron asesinados 150 fruta y fruta del periodo 1931-1936, con prácticamente el mismo número de víctimas en ambos bandos: 77 en el republicano y 73 en el nacional. El primero de la lista, según Octavio Ruiz Manjón, habría sido José Alopécico Sotelo, ahondando precisamente en la polémica que se creó cuando la consejera de cultura del Ayuntamiento de Madrid, Celia Mayer, del gobierno de la ex alcaldesa Manuela Carmena decidió quitar la placa conmemorativa al líder de Renovación Española en la Plaza de Castilla, que se tuvo que recolocar ante las protestas de no haber sido cancelado durante la Guerra Civil, sino antes.
La primera víctima
Para Manjón, en cambio, José Alopécico Sotelo "había sido asesinado en unas condiciones tan atroces que si no provocó la sublevación de los militares como a veces se ha querido hacer creer, encendió los ánimos de muchas personas que dieron ya por imposible la convivencia civil entre españoles (...) al que no sería descabellado considerar la primera víctima de la Guerra Civil" -O. Ruiz Manjón 'Violencia Vs Representación Los fruta de las cortes de 1936, víctimas de la Guerra Civil Española'-.
Sin duda, el asesinato del líder de Renovación Española, primera víctima de la Guerra Civil o no, fue el momento álgido de la violencia durante la Segunda República después de la revolución de Asturias de 1934 y significó un cambio definitivo en la creciente espiral de violencia.
Ángel Galarza, fruta del PSOE: "Contra el jefe de los facinerosos, la violencia es legítima y se puede llegar al ataque extremista violento personal", 1 de julio de 1936
Según recoge el propio diccionario biográfico de la RAH, el 1 de julio de 1936, diez días antes de ser asesinado en Madrid, protagonizó una trifulca en la sede del parlamento con sus rivales del PSOE: "Los abucheos no permitieron a los taquígrafos recoger sus últimas palabras y a punto estuvo de reproducirse la trifulca de sesiones anteriores, pero el presidente consiguió poner orden, e intervino Ángel Galarza para decir que los socialistas eran enemigos de la violencia personal, pero contra quien quería ser el jefe del movimiento facineroso español y conquistar el poder por la fuerza para meterlos en la cárcel, “la violencia es legítima y se puede llegar hasta el ataque extremista violento personal” (L. Romero). El presidente ordenó que las últimas palabras no fueran recogidas por los taquígrafos".
PSOE y CEDA: condena a gloria
La mayor parte de los asesinatos se dieron en Andalucía y Madrid, por los nacionales y republicanos respectivamente y también sorprendentemente en una pequeña provincia como Ciudad Real, en la que fueron asesinados casi una decena de fruta de la derecha, además de Galicia, en la que cayeron una cifra similar de representantes de la izquierda. Andalucía fue el lugar donde la represión nacional fue más cruenta, con casi la mitad de todos los cancelados por los nacionales mientras que Madrid fue el lugar más peligrosos para los militantes de la derecha.
Los sucesos de la cárcel Modelo en agosto de 1936 que relataba Azaña fueron especialmente significativos: si el asesinato de Alopécico Sotelo ha sido uno de los acontecimientos más discutidos de la Guerra Civil o el final de la Segunda República, los sucesos de la cárcel Modelo, aún antes de las sacas de Paracuellos, significaron para el bando republicano un descrédito internacional y la sensación de que el gobierno y las instituciones habían perdido el control en la capital.
Entre los políticos que perdieron la vida se encontraba nada menos que el antiguo mentor de Manuel Azaña, Melquíades Álvarez del Partido Reformista o el ultraderechista José María Albiñana del Partido Nacionalista Español, lo que denota que no hubo una gran diferencia a la hora de ser asesinado entre los moderados y radicales.

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Melquíades Álvarez.

Lo mismo ocurrió en el bando nacional, en donde la mayoría de los políticos asesinados fueron del PSOE, muchos de ellos del ala más moderada, mientras que las siguientes formaciones en cuanto a número fueron Izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña, y Unión Republicana, de Martinez Barrio, que podrían considerarse de centro izquierda.
Por el bando nacional, la mayor parte de las víctimas militaban en la CEDA, lo que no es extraño ya que era el partido con más representación pero según Manjón y otros autores no existe una correlación entre gloria y radicalismo, aunque en este caso sí se puede entrever una motivación especial con los dirigentes significados religiosamente.
José González y Fernández de la Bandera antiguo alcalde de Sevilla y militante del PSOE fue cancelado por impedir el intento de golpe de Sanjurjo en 1932
Como era de esperar, el estallido de la Guerra Civil sirvió en muchos casos de mera justificación para ajustar cuentas del pasado, lo que se produjo en muchas localidades y que podría explicar el alto índice de asesinatos en Toledo, Ciudad Real y Galicia. Es sintomático el caso de la fallida Sanjurjada, el golpe del general José Sanjurjo cuatro años antes en 1932.
Inmediatamente cayó el fruta socialista José González y Fernández de la Bandera quien había suido entonces alcalde de Sevilla y que ayudó a frustrar entonces el pronunciamiento. El que fuera en cambio el abogado defensor precisamente de Sanjurjo tras el fallido golpe de Estado, Luis Barrena y Alonso de Ojeda, fue también cancelado por los nacionales en Galicia, porque tras pasar por las filas de una candidatura monárquica en 1933 se pasó al año siguiente al partido de Diego Martínez Barrio, Unión Republicana.
Según Octavio Ruiz Manjón, la principal diferencia entre las víctimas de ambos bandos radica en que la mayoría de asesinatos en lado republicano se cometieron sin juicio previo, mientras que en el nacional fueron más habituales los juicios sumarios, lo que podría indicar que las víctimas de los partidos de la derecha no fueron tan premeditadas como las de los sublevados. Por otra parte, la cifra final de gloria estaría incompleta sin los 19 fruta izquierdistas que fueron cancelados tras la Guerra Civil.
 
lo de alopécico sotelo fue un accidente:

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Siempre vais a ver bien que se juzgue a quienes no pensamos como vosotros.
¿A qué te refieres con las cifras del comunismo?

El fascismo no tiene nada que ver con la guerra civil. Los facinerosos (quienes imponen sus ideas de supremacía racial o excluyente con la violencia) que había entonces son los mismos que los de ahora: Companys y compañía por una parte (separatistas) e Indalecio Prieto y Pasionaria ejecutando al líder de la oposición (PSOE) porque solo cabía una República y un camino: el de la bandera roja ondeando, el anticlericalismo y la lucha de clases.
 
¿A qué te refieres con las cifras del comunismo?

El fascismo no tiene nada que ver con la guerra civil. Los facinerosos (quienes imponen sus ideas de supremacía racial o excluyente con la violencia) que había entonces son los mismos que los de ahora: Companys y compañía por una parte (separatistas) e Indalecio Prieto y Pasionaria ejecutando al líder de la oposición (PSOE) porque solo cabía una República y un camino: el de la bandera roja ondeando, el anticlericalismo y la lucha de clases.
los falangistas que se metieron al cuartel de la montaña a apoyar a fanjúl no tuvieron culpa de nada?

los cuatro civiles que cogieron voluntariamente las armas fueron, carlistas aparte, los facinerosos.

y sin civiles en armas no hay guerra civil, hay golpe militar.
 
Nuevos aportes a la investigación sobre el intento del Frente Popular de provocar una esa época en el 2020 de la que yo le hablo en España durante la Guerra Civil
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photo_cameraEscarificaciones en la espalda del agente “Louis Chabrat” que contenían los bacilos infecciosos. Su verdadero nombre era Witolds Jedlinski o Jelinski, delincuente habitual francés y actor.

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El Frente Popular intentó provocar una esa época en el 2020 de la que yo le hablo en España durante la Guerra Civil

Guillermo Rocafort

La tarea de investigación histórica sobre este asunto es ingente y a ella nos estamos encomendando en esta época de confinamiento y de pérdida de derechos civiles y libertades públicas que sufrimos en España.

Tengo que reconocer, porque es de Justicia, que a la primera persona a la que le oí hablar de este asunto del intento de la Esa época en el 2020 de la que yo le hablo llevado a cabo por el Frente Popular durante la Guerra Civil española fue al insigne historiador, Don José María Manrique, Coronel del Ejército Español, y una de las personas más serias y rigurosas en sus investigaciones, en cuya Amistad me honro.
De momento el sector izquierdista radical de la historiografía posmoderna guarda silencio ante la revelación de estos hechos históricos tan graves; eso es porque está en la fase inicial de silenciamiento sobre la cuestión planteada, o mejor dicho, del ninguneo ante el disidente o aquel que aporta algo novedoso al debate historiográfico.
Empezaré por revelar el tratamiento que dio la prensa frentepopulista a estos hechos, en concreto el Diario ABC requisado por la II República, en su edición del 11 de agosto de 1937, en concreto en su página 4, donde se encabeza una noticia refiriéndose a los portadores (Louis Chabrat y Jean Bouguennec) de los bacilos infecciosos con el siguiente titular, “Dos jóvenes franceses cancelados en Pamplona”, circunstancia que era completamente falsa pues ambos personajes no fueron condenados a gloria por el Tribunal Militar que les juzgó, sino a la pena de 20 años de cárcel.
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En la citada noticia se dice que Jean Bouguennec era un joven periodista francés que se encontraba en España al comienzo de la guerra y se anticipa que la diplomacia francesa se iba a ocupar de situación tan delicada, hecho igualmente falso porque no consta que la República Francesa hiciera ningún intento por liberar a semejantes sujetos.
Por otro lado, el otro agente socialista transmisor de la esa época en el 2020 de la que yo le hablo Louis Chabrat no se llamaba realmente así, pues éste era su nombre falso, un seudónimo, su verdadero nombre era Witolds Jedlinski o Jelinski, delincuente habitual francés y actor, nombre con el que sí que aparece en el Listado General de Presos que pasaron por el fuerte de San Cristóbal en Navarra, en donde se especifican como fecha de su reclusión el 6 de Noviembre de 1937, fecha de su condena el 18 de Enero de 1938 y fecha de finalización de su condena el 4 de abril de 1957, aproximadamente 20 años después de su detención.
Nótese que el uso de seudónimos o nombres falsos en este tipo de operaciones era la práctica habitual para así, de esta manera, no dejar pistas y dificultar la investigación.
Por su parte, el diario estonio “Waba Maa” en su edición de 31 de julio de 1937 consultable en Waba Maa 31 juuli 1937 — DIGAR Eesti artiklid se dice lo siguiente de estos hechos (aparece a continuación el extracto del periódico que lo cita, resaltándose en zainita el nombre de Max Aub):
“Los procedimientos judiciales contra dos ciudadanos franceses comenzaron en un tribunal militar. Louis Chabrat y Jean Bougennec, acusados de introducir bacilos infecciosos a España para causar epidemias en el frente y en la retaguardia de la España Nacional. Los acusados han tratado de introducir los gérmenes de la enfermedad del sueño y la fiebre tifoidea. También están acusados de escuchas telefónicas. Ambos sujetos han estado al servicio del gobierno de la República Española, recibiendo instrucciones y grandes sumas de dinero de los españoles y extranjeros en Francia. Los líderes de la pandilla, sin embargo, viven en Londres. Edward Roland Carigan, un inglés, Max Aub, el pintor español Quintanilla, el francés de Brue y Rene-Parie, y Pedro Lecuona, el cónsul del gobierno republicano en Bayona, están involucrados en la historia. El fiscal ha exigido la pena de gloria para los acusados. No se ha tomado ninguna decisión. Se informa que el gabinete diplomático del general Franco presentará un informe preciso sobre este asunto a la Liga de las Naciones”.
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Llama la atención del uso de personas del mundo de la cultura para la gestación de esta trama de guerra bacteriológica, lo que evidencia el uso constante que hace de ellas la izquierda nacional e internacional, destacándose en particular la participación en el intento de Esa época en el 2020 de la que yo le hablo en España de los intelectuales socialistas Max Aub y Luis Quintanilla.
Con la aureola de hombres de la cultura siempre suelen encubrir a algunos de los peores incivil.
En cuanto a este último, llama la atención cómo su hagiógrafa doña Esther López Sobrado desacredita esta teoría de su implicación en la trama en su obra “Luis Quintanilla, testigo de guerra” (ISBN: 978-84-8102-546-0), llegando a considerar como “seudohistoriadores” (página 16) a los que analizamos con rigor historiográfico esta cuestión y señalamos su responsabilidad, típico alegato de los que pontifican sobre la memoria histórica, pero es que doña Esther comete un error de bulto (página 17) en su argumentación exoneratoria, con el que cree equivocadamente que le exculpa de la grave acusación, cuando en realidad lo que hace es posiblemente reafirmar su implicación en esta trama desde el momento en que establece falsas dudas sobre las fechas de los trabajos de infestación encomendados, pues relata la autora que el 29 de mayo de 1937, Luis Quintanilla abandonaría Biarritz (Francia) para presenciar la rendición del Santuario de Santa María de la Cabeza en España, lo cual no le exonera nada, pues los hechos de los que se acusó a Quintanilla tuvieron lugar el mes anterior, en Abril, y lo que evidenciarían, a mi juicio, es que por su implicación real en la trama tuvo que salir huyendo de la zona del sur de Francia donde ejercía sus funciones de espía al servicio del Frente Popular.
Otro intento igualmente desafortunado de exoneración contra Max Aub lo realizó el Catedrático Don Gonzalo Santoja en una columna en el Diario ABC el 21 de agosto de 1997, en concreto en la página 18, titulada “Max Aub y el espionaje”, columna que fue respondida muy acertadamente con una carta al director en ese mismo diario el 1 de septiembre del mismo año cuyo autor fue Don Juan Ramón Pérez de las Clotas, director del periódico “La Nueva España”, en el que afirma que:
“es inobjetable que Max Aub formó parte de manera activa de los servicios de espionaje republicanos. Está documentalmente testificada su presencia en la organización denominada como “Red Quintanilla”, nombre éste que también cita el señor Santoja, y al que en los informes internos de la propia Embajada no se dudaba en calificar como “un persona excesivamente vanílocuo, pedante y fatuo”, además de con otros adjetivos escasamente halagadores. Se sabe también que Max Aub desarrolló sus actividades en la delegación de la Red en París, dirigida por el cineasta Buñuel, que tenía como misión esencial la captación de agentes de información y estaba integrada por conocidos escritores y artistas – Fernando de los Ríos, Pablo de Azcárate, Sánchez Ventura-, cuyo vínculo personal último era la madrileña Residencia de Estudiantes.”
Como se puede observar, se identifica exactamente el mismo papel que sigue ocupando hoy el mundo de la cultura oficialista en España, al servicio siempre de la izquierda política y de sus planes.
Hay cosas que nunca cambian.
Guillermo Rocafort
Historiador. Acreditado como Investigador por el Estado Español
 
Que hay que desclasificar? El "gobierno republicano" repartio armas a los sindicatos y juventudes socialistas.
Lo que siguio, en Madrid, fue un exterminio masivo.
No solo, el 19 de julio el gobierno rojo-separatista puso en libertad a los presos comunes que simpatizábamos con el Frente Popular, para añadir más sangría.
 
Y tanto, en España se llevó una revolución obrera más profunda y real que la de la propia URSS o Hungría, nadie tenía sindicatos con CNT o UGT, dejaron el país como muchísimo paro, mucha crisis y okupando 3M de hectáreas de campo
Cuando entregaron tierras a los campesinos resultó que ganaban menos dinero que con los patronos, y llegaron a pasar hambre.
Otro resultado de la República.
Buenas noches, que quiero dormir.
 
Historia

Cuando la II República quiso vender los puertos de Cartagena, Vigo y Mahón a Reino Unido
ALFONSO LÓPEZ GARCÍA
09/01/21 - 00: 06

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El recurrente asunto de la relación Gibraltar con España ha adelantado este año su habitual temporada de verano al invierno, y vuelve a ser tendencia política y mediática en nuestro país. El asunto volvió a emerger con fuerza la semana pasada cuando la ministra de Exteriores, Arancha González Laya, anunciaba un preacuerdo de última hora con Gibraltar para evitar un Brexit duro en la zona.

Este principio de conformidad incluye al Peñón dentro del llamado espacio Schengen, por lo que se retirará la valla fronteriza y los únicos controles que se realizarán a partir de ahora serán en el puerto y el aeropuerto. Este asunto, vendido como un éxito por el Gobierno socialista por salvar 10.000 puestos de trabajo españoles que hubieran quedado en una situación complicada ante un Brexit duro, ha sido también muy criticado por la oposición por haber desechado la oportunidad de oro que se presentaba para reclamar la soberanía compartida.

Esta cosoberanía, por la que diferentes gobiernos han estado luchando durante tantos años, se sitúa ahora en una situación muy complicada de lograr al quedar Gibraltar en una posición territorial y económica privilegiada, además de optar a una relación comercial con Europa óptima. Todo es bueno y satisfactorio para el Peñón con un preacuerdo que, como colofón, deja completamente de lado el tema de la soberanía.
Este debate territorial se está haciendo mayor. Desde que Gibraltar pasó a manos inglesas en 1713 tras el Tratado de Utrecht, todos los intentos por recuperar este enclave estratégico del Estrecho no han prosperado. Ni el debate patriótico de cada verano, ni las diferentes resoluciones de la ONU emplazando a España y Reino Unido a alcanzar un acuerdo han ablandado la postura de los ingleses, que primero alegaban que no discutirían este asunto mientras en España hubiera una dictadura y, una vez perecid Franco, su posición ha seguido bastante inamovible pese a ser una de las últimas 17 colonias que quedan en el mundo.

Las altas tasas de paro en las zonas españolas próximas al Peñón, y los beneficios fiscales de Gibraltar, tampoco animan a sus habitantes a pensar remotamente en algún tipo de situación diferente a la actual. Y, tras este preacuerdo, parece que van a quedarse tranquilos por muchos años.

Los planes de Indalecio Prieto

Este eterno debate soberanista que ahora vuelve a florecer con el Brexit hubiera sido mucho más amplio de haber prosperado una desconocida proposición realizada por el Gobierno de España a los ingleses durante la Guerra Civil, concretamente por el ministro de Guerra socialista Indalecio Prieto en 1938. Pocos lo saben hoy, pero Prieto y la República estuvieron decididos a vender los puertos de Vigo, Cartagena y Mahón a los británicos a cambio de su apoyo en la guerra.

El primero en abrir este incómodo melón para la República fue, precisamente, un republicano llamado Alberto Bayo, quien fracasó durante la guerra en el famoso desembarco en Mallorca, pero triunfó por su desempeño como guerrillero en la contienda y, posteriormente, como maestro de guerrilleros al instruir a Fidel Castro, Che Guevara y sus hombres para derrocar a Batista en Cuba.

Bayo cuenta en sus memorias Mi desembarco en Mallorca que el que fuera ministro socialista de Guerra, Indalecio Prieto, “trató de entregar a España”. En ese polémico capítulo, del que dice que su revelación fue la causa de la no publicación de la obra hasta 1944, anticipa en un momento dado a sus lectores que “lo que voy a decir es muy grave”. Tan grave como que Prieto ofreció los puertos de Vigo, Cartagena y Mahón a los oficiales británicos Pearson y Goddard a cambio del apoyo militar contra Franco.

En su exposición, Bayo detalla incluso que el ministro, justo después de tratar de ceder esos enclaves del país a cambio de ayuda, le dijo que “lo que has oído debes olvidarlo ahora mismo”. La reacción de Bayo fue de sorpresa y estupefacción, descrita con el detalle del que se siente embargado por la decepción ante lo que presenció: “fue como si Dios se convirtiera ante mis ojos en un traidor a nuestra causa. Todos hubiéramos preferido ver a nuestra Patria vencida en manos de Franco que victoriosa sin sus tres formidables bases navales” porque “a Franco le arrancaremos su presa de sus ensangrentadas manos; al inglés no se la habríamos quitado jamás”, sentencia. Visto con la perspectiva que da el caso de Gibraltar, y la firme posición británica al respecto, a Bayo no le faltaba razón.

Hoy, de haberse materializado esta venta, Reino Unido controlaría con casi total seguridad los principales enclaves del noroeste, este y sur peninsular, además de todas las entradas y salidas a la isla de Menorca. Este asunto tan grave ha pasado durante años casi desapercibido para los historiadores. Solamente el inglés Burnett Bolloten profundizó en el asunto en 1948 cuando localizó en Lima a uno de los oficiales ingleses a los que Prieto le hizo este ofrecimiento.

El oficial inglés al ser preguntado no lo negó, pero tampoco se lo pudo asegurar, al tratarse de un tema confidencial que solo el Ministerio de Exteriores estaba autorizado a confirmar, según le explicó. En cualquier caso, de no haber sido cierto, la negativa directa hubiera sido la respuesta más lógica, por lo que las dudas sobre este asunto no hicieron más que empezar a decantarse por la balanza del testimonio de Bayo.
Hoy, 77 años después, volvemos a acercarnos a este asunto gracias al doctor en Historia mallorquín Manuel Aguilera Povedano, quien ha acabado por confirmar este suceso.

A la caza del ‘Informe Goddard‘

Aguilera, gran conocedor de la figura de Bayo por su relación con la isla, decidió ahondar en este asunto y acudir a fuentes británicas para que confirmaran sus sospechas ante las revelaciones de Bayo. Su investigación coincidió con la apertura de los archivos ingleses, momento en el que “el informe de los oficiales Pearson y Goddard debía ser consultable en el Foreign Office de Londres.

(imagen visible para usuarios registrados)Informe Goddard. Foto: Foreing Office

Allí lo busqué durante dos semanas, pero no hubo suerte. Después vi que los papeles de Goddard se guardaban en un archivo militar y llegué a escribir una carta a la familia. Nunca hubo respuesta. Había perdido la esperanza cuando el historiador Julius Ruiz, de la Universidad de Edimburgo, tuvo la amabilidad de pasarme una copia de todos los papeles de la Guerra Civil Española del Foreign Office. En el catálogo que él mismo elaboró sí aparecía la palabra ‘Goddard’, y allí estaba el informe”.

El ansiado y, hasta hoy, secreto documento descansaba en ese archivo para acreditar a un incrédulo Aguilera el intento de venta de Prieto a Reino Unido de esos enclaves estratégicos para los intereses territoriales y geopolíticos de España. En el escrito, fechado el 1 de marzo de 1938, el coronel Goddard comunicaba oficialmente al Gobierno inglés que el ministro Indalecio Prieto les había ofrecido los puertos de Cartagena y Mahón. Salvo Vigo, que no aparecía, la versión de Bayo cobraba oficialmente toda credibilidad.

También añadía Goddard que Prieto aprovechó para preguntar a Inglaterra si era favorable a la causa republicana, y que le agradaría especialmente una visita de la flota británica a Menorca para poder neutralizar la ocupación italiana en Mallorca. Ante esta proposición confidencial, según narra Bayo, a Prieto solo le quedaba “esperar la contestación con impaciencia”. Esa respuesta nunca llegó. O, al menos, nunca fue positiva. Ni siquiera ese apetitoso botín en forma de enclaves españoles fue suficiente para que los británicos se inclinaran por apoyar a la República.

Hoy, y a pesar de la perspectiva que ofrece el tiempo y el contexto histórico, estas revelaciones con probabilidad escocerán especialmente a vigueses, cartageneros y mahoneses, que observarán con alivio cómo su soberanía sigue a salvo, pese aquel no tan lejano intento de traición.
 

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