La lejía no repele bichos: cómo dormir en el campo sin sustos
La lejía no protege la tienda de campaña de los bichos. Ni los repele ni los detiene: solo les regala un rato de olor fuerte antes de que sigan con su vida. La pregunta es razonable, pero la respuesta incomoda: el campamento no tiene barreras químicas mágicas.
Las reacciones a la idea del perímetro de lejía van desde el foso con cocodrilos hasta la muralla de seis metros con arqueros. No hace falta tanta ingeniería para entender el asunto. Los insectos, los alacranes y los ciempiés no respetan ningún círculo de producto de limpieza; lo que respetan es la ausencia de acceso.
En una tienda, lo práctico es cerrarla bien y revisar el interior antes de acostarse. El problema serio aparece en el vivac, sin tienda, con el saco a cielo abierto: el calor corporal atrae a cualquier criatura que busque cobijo, y la lejía en el suelo es solo una mancha maloliente. La alternativa que elude el problema es la hamaca entre árboles, con el tronco untado para impedir el ascenso. Es incómoda, pero convierte al durmiente en un objetivo inaccesible.
Que nadie espere que un producto de limpieza convierta el camping en una habitación estéril. La naturaleza se rinde con barreras físicas y sentido común, no con olores. Seguiremos viendo probadores del círculo de lejía, y la mayoría volverá a dormir con un ojo abierto. Si la tendencia continúa, los fabricantes de repelentes deberán ofrecer algo más que una fragancia agresiva.