El torneo de cultura general cierra su edición sin poder ver las notas
El duodécimo y último test del torneo de cultura general se celebró el domingo 19 de abril a las 22:00 en punto. La convocatoria era temática —anatomía, biología, medicina, psicología y zoología— y la partida, gestionada en Kahoot!, debía durar entre 10 y 20 minutos según lo que tardaran los participantes en completar el test. El sistema de inscripción era rígido: los apuntados recibían un privado a las 21:50 preguntándoles si estaban a punto y, solo entonces, el enlace a las 22:00. Cinco minutos de cortesía. Ni uno más.
La letra pequeña llegó después.
Kahoot! no deja ver la clasificación más allá de los primeros puestos si no te haces de pago, según se constató al intentar recuperar las puntuaciones. El organizador lo intentó y no hubo manera. La consecuencia es un cierre de torneo con podio proclamado —
oro, plata y bronce— pero con un agujero negro en los puestos intermedios que impide reconstruir la tabla completa.
Un test temático que dividió a los participantes
El contenido del test generó reacciones encontradas. Las materias de biología y anatomía fueron recibidas como asequibles para una persona culta e ímprobas para quien no lo es. Un participante lo resumió con una referencia a Ortega y Gasset: cuando el filósofo definió a una persona culta, metió el conocimiento del cuerpo humano entre las disciplinas imprescindibles. Otro lo despachó con sorna:
«hoy ha sido fácil para los monguis».
No todos compartieron el diagnóstico.
Las cinco o seis últimas preguntas fueron calificadas de rebuscadas por varios concursantes, que las distinguieron del resto. La última pregunta, de temática interna, provocó carcajadas. Alguien entró pensando que era un test general y se encontró con «pistolerismo extremo». La horquilla de dificultad —de lo elemental a lo esotérico— quedó como el rasgo más comentado del examen.
El problema de las puntuaciones: Kahoot! ya no las muestra gratis
El cierre del torneo tropezó con un obstáculo técnico.
La plataforma de Kahoot! restringe el acceso a la clasificación completa a los planes de pago. El organizador lo comprobó por partida doble: no hay forma de recuperar los puestos más allá de los primeros. Eso dejó a los concursantes que quedaron en tierra de nadie —del sexto al decimocuarto— sin poder verificar su posición.
Hubo quien propuso reconstruir la tabla a mano. La idea era asignar
+15 puntos al primero y +6 al quinto, y para los que quedaron a partir del sexto puesto establecer intervalos de puntuación máxima y mínima posibles. Un apaño estadístico para tapar el agujero. No prosperó: sin los datos originales, cualquier reconstrucción es una estimación, no una clasificación.
La confusión derivó en un intercambio de posiciones. Un participante aseguraba haber quedado sexto; otro le corrigió: cuarto o quinto, pero los que llegaron tarde se colaron por delante.
La clasificación final quedó proclamada con los tres primeros puestos, y el resto, a merced de la memoria y de la buena voluntad.
Un torneo anual que se despide hasta la próxima edición
El torneo se celebra anualmente,
desde mediados de enero hasta mediados de abril, durante doce domingos. Esta edición era la duodécima y última. La pregunta sobre si habrá más quedó en el aire: el organizador se comprometió a ir viendo cuando se acerque la próxima convocatoria. Alguien bromeó con que su planeta le necesitaba y se marchó.
El balance general fue de agradecimiento. Se destacó el esfuerzo de los redactores, la amenidad de los test y la regularidad de una cita que ha durado doce domingos.
El año que viene, más, ya veremos cómo, fue la fórmula de despedida. La puerta queda entreabierta. Ni cerrada ni abierta del todo.
El torneo cierra con un podio claro y un resto de la tabla que nadie podrá reconstruir con exactitud. Kahoot! cobra por ver las notas. Los organizadores no piensan pagar. Y los concursantes, que se quedaron sin su puntuación, tendrán que conformarse con la memoria. O con la fe.