Rajoy y el ferrocarril: el déficit que nadie quiere asumir
Entre 2011 y 2018, la inversión pública en material ferroviario cayó a mínimos históricos. Los datos muestran que el dinero disponible se destinó al rescate bancario y al Sareb, mientras la red acumulaba un déficit de mantenimiento que hoy cobra factura. Pero, ¿fue una decisión política o una consecuencia inevitable de la crisis?
El agujero de los rescates
Durante la crisis financiera, el Estado canalizó miles de millones hacia el saneamiento de bancos y cajas y la compra de activos inmobiliarios tóxicos. La partida para ferrocarril quedó relegada. Un gráfico de El Mundo muestra cómo la inversión en material rodante cayó en picado entre 2011 y 2018, justo cuando Renfe necesitaba renovar flotas y mantener vías. El argumento oficial fue la contención del déficit, pero el resultado fue un deterioro acumulado que hoy se traduce en incidentes y retrasos.
Comparación internacional
Mientras en Suiza los trenes duran más de 50 años con mantenimiento adecuado, en España se considera que a los 30 años ya están obsoletos. La diferencia no es solo técnica: es inversión. El modelo español priorizó la alta velocidad y dejó en segundo plano el material convencional y su conservación. La falta de renovación durante el gobierno de Rajoy agravó una tendencia que viene de atrás, pero que ningún ejecutivo ha revertido del todo.
El debate interminable
Cada vez que un accidente ferroviario salta a los titulares, el debate se encona. Los unos culpan al PP por los recortes; los otros, al PSOE por no haberlos corregido en ocho años. Un tercer grupo señala a Franco o a la crisis de 2008 como causas remotas. Lo cierto es que el déficit de inversión es un hecho cuantificable, pero la responsabilidad política se diluye entre reproches cruzados. Rara vez se discute la eficiencia del gasto o la necesidad de un plan a largo plazo.
La pregunta que nadie responde del todo es si el recorte pudo haberse gestionado de otra forma, o si los gobiernos posteriores, con mayor recaudación, han aprovechado la oportunidad. El ferrocarril español sigue arrastrando un lastre que ningún partido parece dispuesto a asumir por completo.
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