E-bike para ir al trabajo: 44 km diarios y la autonomía que no llega
¿Compensa una bicicleta eléctrica para ir al trabajo? La cuenta parece sencilla: 22 km por un carril bici que atraviesa un bosque frente a 30 km por autovía, media hora de atasco en coche y un gasto de combustible que ronda los 8 euros diarios. La e-bike de gama media arranca en 1.000 euros. El kit para electrificar la bici que ya se tiene, en 300. El problema aparece cuando se suman los kilómetros reales, la lluvia y la batería que envejece.
El punto de partida del cálculo es un trayecto de
44 km diarios (22 de ida y 22 de vuelta). La legislación limita el motor a
250 W y la asistencia a 25 km/h; por encima de eso la bici deja de ser bici y entra en el terreno del ciclomotor, con homologación, seguro y carné. Los kits baratos que prometen más potencia y más velocidad existen, pero colocan al usuario al margen de la ley.
Kit o bici integrada: el diablo está en los cables
La opción del kit es más barata y ahí se acaba la ventaja. Quien lo ha montado lo cuenta sin adornos: en las fotos del vendedor todo queda limpio; en la realidad, los cables van atados al cuadro con bridas y muchos conectores quedan al aire. Con lluvia frecuente, eso es un problema, no un detalle estético.
La bici integrada cuesta el triple, pero llega montada, con garantía y con los componentes pensados para convivir con un motor. Aun así, el ajuste final no es opcional: llantas descentradas, tornillos flojos y frenos mal calibrados aparecen en bicis recién salidas de la caja. Un taller cobra en torno a
50 euros por dejarla en condiciones, y conviene presupuestarlo.
¿Cuántos kilómetros reales hace una batería de e-bike?
Los 100 km que anuncian algunos modelos se miden en condiciones óptimas: poca carga, terreno llano, asistencia mínima. En el mundo real, con un ciclista de 85 kg y asistencia exigida, la cifra se queda muy por debajo. Para 44 km diarios, la batería justa obliga a cargar en el trabajo o a pedalear sin ayuda en un sentido.
El desgaste agrava la cuenta: una batería que hoy cubre el trayecto con margen perderá capacidad en dos o tres años y dejará de hacerlo. Comprar capacidad de sobra no es un lujo, es la diferencia entre usar la bici y dejarla aparcada.
El coste real frente al coche
El ahorro de combustible es real: unos
8 euros diarios en gasolina frente a céntimos de electricidad. Pero el cálculo honesto incluye la batería de repuesto, el mantenimiento y el tiempo. En bici, el trayecto ronda la hora y media diaria; en coche, una hora con atascos. La diferencia se paga en salud o en horas, según cómo se mire.
Hay quien sostiene que, con estos precios, un diésel viejo sigue saliendo más barato. El argumento ignora el coste de la salud y el aire que se respira en el carril bici. También ignora que la e-bike no sustituye al coche familiar: lo complementa.
La conclusión, con los números sobre la mesa, es incómoda: la e-bike de 1.000 euros no es un capricho, pero tampoco es la bicicleta que promete el folleto. Es un vehículo con autonomía menguante, mantenimiento y una batería que caduca. Quien la compre contando los 100 km del anuncio va a descubrir que el folleto miente menos de lo que parece: simplemente, no habla de su trayecto.