Caballo de Troya
La vida es efímera así que mera eficiencia
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A mí me gusta echar buenos gargajos, de esto que aspiras y notas que te ha venido un buen pollo de la garganta a la boca, de estos que sale sólido, me gusta aprovechar este tipo de munición para dispararlos con fuerza, de esto que salen de la boca y hace ese sonido característico de haber cortado el aire al salir, y verlo volar a unos metros.
A veces me pongo a prueba, he desarrollado una técnica bastante buena, y en ocasiones, si el gargajo es bueno, soy capaz de llegar desde una acera hasta la otra, y el gapo sobrevuela toda la calzada con esa aerodinámica tan espectacular que sólo el escupitajo tiene, otras veces no sale tan sólido y hace efecto ardilla voladora en el aire, adquiriendo formas caprichosas que le dan personalidad propia.
Otros buenos escupitajos son los que se lanzan desde las alturas, echar un buen gargajo, de estos que pegas hasta un saltito para llegar más lejos, y verlo volar cornisa abajo, o desde una ventana o balcón, qué presencia despliega en el vuelo...
Pero sin duda, los que más me gustan y disfruto son los que lanzo con el viento a favor, esos que proyectándolos con fuerza, y siempre que sean buenos pollos, son capaces de sobrevolar varios metros, a veces hasta 10 o 12 metros, o más, dependiendo del viento, y sobrevuelan el aire con esa voluptuosidad característica y evolutiva por la distancia que hacen único y definen a cada gargajo.
Y bueno, cuando además se propone un objetivo y el proyectil alcanza diana, esa es la guinda que diferencia a un buen gapo de un gargajo mítico.
Y para terminar no quiero dejarme fuera a los gapos colganderos, estos que echas después de haber comido naranja, que adquieren ese componente pegajoso, y que con la suficiente destreza, consigues lanzar contra un techo consiguiendo que cuelgue como estalactita, y a esperar a que el aire lo seque y quede a perpetuidad.
A veces me pongo a prueba, he desarrollado una técnica bastante buena, y en ocasiones, si el gargajo es bueno, soy capaz de llegar desde una acera hasta la otra, y el gapo sobrevuela toda la calzada con esa aerodinámica tan espectacular que sólo el escupitajo tiene, otras veces no sale tan sólido y hace efecto ardilla voladora en el aire, adquiriendo formas caprichosas que le dan personalidad propia.
Otros buenos escupitajos son los que se lanzan desde las alturas, echar un buen gargajo, de estos que pegas hasta un saltito para llegar más lejos, y verlo volar cornisa abajo, o desde una ventana o balcón, qué presencia despliega en el vuelo...
Pero sin duda, los que más me gustan y disfruto son los que lanzo con el viento a favor, esos que proyectándolos con fuerza, y siempre que sean buenos pollos, son capaces de sobrevolar varios metros, a veces hasta 10 o 12 metros, o más, dependiendo del viento, y sobrevuelan el aire con esa voluptuosidad característica y evolutiva por la distancia que hacen único y definen a cada gargajo.
Y bueno, cuando además se propone un objetivo y el proyectil alcanza diana, esa es la guinda que diferencia a un buen gapo de un gargajo mítico.
Y para terminar no quiero dejarme fuera a los gapos colganderos, estos que echas después de haber comido naranja, que adquieren ese componente pegajoso, y que con la suficiente destreza, consigues lanzar contra un techo consiguiendo que cuelgue como estalactita, y a esperar a que el aire lo seque y quede a perpetuidad.