¿Las sanciones de Trump o el socialismo? El debate sobre la ruina venezolana
Eduardo Garzón, economista y analista, ha afirmado que la economía venezolana no fue destruida por Nicolás Maduro, sino por las sanciones impuestas por Donald Trump en 2017 y 2019. La afirmación, recibida con escepticismo y burlas por amplios sectores, abre un debate que enfrenta a quienes culpan al bloqueo estadounidense y a quienes señalan décadas de mala gestión socialista como la verdadera causa del colapso. Los datos, sin embargo, son complejos: Venezuela ya mostraba grietas profundas antes de que las sanciones hicieran mella.
El argumento de las sanciones
Quienes defienden la tesis de Garzón sostienen que el bloqueo financiero y petrolero de EE.UU. asfixió a un país dependiente del crudo. Señalan que el propio CEO de Halliburton —empresa ligada a la familia Bush— confirmó el impacto de las sanciones. También recuerdan que Irak sufrió un empobrecimiento similar tras los embargos. Según esta corriente, sin las sanciones, Venezuela podría haberse mantenido como un exportador de petróleo comparable a Arabia Saudí. Se apoyan en que la primera sanción de Trump no llegó hasta agosto de 2017, tras la Asamblea Constituyente, y que antes de eso la crisis era manejable.
La crónica de un desastre anunciado
La postura contraria es contundente: el colapso comenzó mucho antes. Entre 2007 y 2012, la deuda externa se quintuplicó bajo Chávez, financiando un modelo insostenible. El desplome del precio del crudo a partir de 2014 golpeó a una economía que ya había nacionalizado sin indemnizar a petroleras extranjeras, creando un entorno hostil a la inversión. Para cuando Obama impuso las primeras sanciones en 2014, la economía venezolana ya mostraba signos críticos: en 2015, organismos locales reportaban problemas de nutrición. La nacionalización sin compensación llevó a condenas internacionales que alejaron a las empresas. El socialismo, argumentan, solo funciona cuando coexiste con el capitalismo que dice combatir.
El espejo de la emigración
El dato migratorio es uno de los más reveladores. En 2014, había unos 40.000 venezolanos en España; en 2025, la cifra supera los 400.000. El éxodo masivo no comenzó con las sanciones de Trump, sino que se aceleró a partir de 2015, cuando la hiperinflación y la escasez se hicieron endémicas. Quienes defienden la tesis de las sanciones contraargumentan que el flujo migratorio se disparó precisamente tras 2017, pero los datos previos indican que la crisis humanitaria ya era grave.
La pregunta que nadie responde del todo es si la economía venezolana habría colapsado igual sin el bloqueo estadounidense. El socialismo real ha demostrado una y otra vez que tiende al fracaso cuando se aísla del comercio global, pero también es cierto que las sanciones asfixian a cualquier país, independientemente de su ideología. Venezuela es un caso de libro sobre cómo la mala gestión y la coerción externa pueden combinarse para destruir un país. El debate, lejos de cerrarse, sigue abierto.
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