La nueva línea de Washington: ¿Ceuta y Melilla bajo administración ajena?
¿Es posible que una potencia extranjera decida por decreto qué es de quién? La pregunta ya no es retórica. Se ha propagado la versión de que EE.UU. habría dejado escrito que Ceuta y Melilla no son soberanía española, sino «administradas», un eufemismo con trasfondo. Todo con más de un centenar de perecid en la frontera de Melilla como telón de fondo, según las cifras que circulan.
El precedente inmediato es el Sáhara Occidental. La Administración Trump ya dio por bueno el plan jovenlandés, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, acabó por asumir la posición a cambio de migajas de Rabat. La lógica se repite ahora con las dos ciudades autónomas: se siembra la duda para que el statu quo se negocie en otros términos.
La vara de medir tiene dos filos
El contraargumento no se hizo esperar: si la validez de una frontera se mide por quién la trazó, media geografía estadounidense se cae. Texas, Arizona, Nuevo México, California, Utah y Colorado fueron mexicanos; Hawái tiene un movimiento soberanista que considera ilegal la anexión de 1893; y Alaska podría reclamarla Canadá o Rusia. Aplicar la misma vara a Washington dejaría a EE.UU. con la capital en tierra ajena.
Intereses o principios
Detrás del pulso asoman los intereses. Israel busca el control del Mediterráneo y Jovenlandia hace de ariete, apuntan unos. Otros recuerdan que cuando la opinión pública odia a EE.UU., también es lógico que Washington no haga favores a quien lo desprecia. Y en medio, un recurso estratégico: los fosfatos. Del Sáhara, pero también de la geopolítica del norte de África.
Así que España espera ahora que nadie le recuerde aquello de que quien siembra vientos recoge tempestades. La historia de los imperios suele escribirse con el mapa de otros.