La generación que decidió no tener hijos llega a la jubilación: ¿quién pagará las pensiones?
Los nacidos entre 1960 y 1980 protagonizaron algunos de los mejores años de la economía española, pero también fueron los que hundieron la tasa de fertilidad. Ahora, esa misma generación comienza a jubilarse, y el sistema de pensiones –esquema piramidal por definición– se enfrenta a una presión que no admite medias tintas.
El problema demográfico en números
Según un análisis de eleconomista.es, los nacidos en ese tramo «lo cambiaron todo para la economía de España». Crecieron con el boom del ladrillo y el consumo, pero su decisión de tener menos hijos –«la tasa de fertilidad dio un bajón casi en vertical»– deja ahora una pirámide de población invertida. Menos cotizantes futuros para sostener unas pensiones públicas que ya consumen más del 12% del PIB.
Pensiones: el esquema Ponzi que se resiste a estallar
El sistema de reparto funciona mientras haya más trabajadores que jubilados. Cuando la generación que no tuvo hijos llega a la edad de retiro, la proporción se invierte. Hay quien sostiene que el sistema se ha sostenido artificialmente con fondos europeos y triquiñuelas contables. Otros señalan que la solución pasa por importar trabajadores o, como se ha sugerido, por la automatización: robots que coticen o al menos cuiden a los mayores. Pero ni la inmigración ni los robots llegan al ritmo que exige la demografía.
Dos generaciones, dos futuros distintos
Conviene no meter en el mismo saco a los nacidos en 1960 y en 1980. Quienes se jubilan ahora (los primeros) cobrarán pensiones generosas; los segundos, que también tuvieron pocos hijos, se enfrentan a prestaciones mucho más magras y a un sistema que para entonces podría haber implosionado. El contraste es crudo: una década marca la diferencia entre una jubilación digna y una «reputísima mierda de pensión», en palabras no aptas para titulares.
Con estos mimbres, el debate sobre quién paga la fiesta de la generación que decidió no tener hijos está servido. ¿Inmigración? ¿Robots? ¿Recortes? ¿O seguiré la estela de la deuda? El tiempo –y los próximos gobiernos– lo dirán.