El budismo es el cristianismo de oriente. Nos lo pintan como una religión pacífica, espiritual, un mar en calma y modelo a seguir en esta sociedad cada vez más opresora, creadora de leyes y restrictiva. Mientras nos cuecen en silencio y a fuego lento, viene el budismo a "paliar el estrés"; a "poner orden" a la sociedad moderna.
Lo que no se dan cuenta sus seguidores es que es un caballo de troya para hacernos asimilables a nuevas leyes, no protestar y no oponernos abiertamente a ellas. Todo se arregla con la máxima: "la vida es sufrimiento y para no sufrir, no hay que desear", dando a entender que hay que aceptar la situación, sea cual sea. Un nihilismo disfrazado de hábito monacal naranja.
Además, las enseñanzas originales de Buda (si es que existió) han sido corrompidas de la misma manera que el cristianismo. Han surgido muchísimas ramas, y por ende, escritos de él. Igualmente se adoran ídolos, dioses con una mezcla de deidades hindús y avatares de buda, se recitan mantras cuyo significado desconocemos. No falta siempre una figura de buda en un gabinete psicológico o en una casa como elemento decorativo. Cualquier situación desfavorable por la que estés pasando, al creyente no le dará tiempo de pensar no sin antes decirte automáticamente: "Es cosa del karma", otro concepto enrevesado de esa religión.
Mirad por ejemplo Japón, uno de los países con más sectas búdicas del mundo y a la vez más idealizado. El fan del anime al que le lavaron el cerebro lo ve como un paraíso, pero una vez que emigra, se da cuenta de lo podrida y aborregada que está su sociedad. El campo de experimentación humano perfecto para la élite son los países con tradición budista. Y no sólo Japón, mirad a China, el país perfecto de tecnologías transhumanistas (lo que la élite quiere), o el país que dio origen a la religión, la India.
La religión preferida del nuevo orden.
Lo que no se dan cuenta sus seguidores es que es un caballo de troya para hacernos asimilables a nuevas leyes, no protestar y no oponernos abiertamente a ellas. Todo se arregla con la máxima: "la vida es sufrimiento y para no sufrir, no hay que desear", dando a entender que hay que aceptar la situación, sea cual sea. Un nihilismo disfrazado de hábito monacal naranja.
Además, las enseñanzas originales de Buda (si es que existió) han sido corrompidas de la misma manera que el cristianismo. Han surgido muchísimas ramas, y por ende, escritos de él. Igualmente se adoran ídolos, dioses con una mezcla de deidades hindús y avatares de buda, se recitan mantras cuyo significado desconocemos. No falta siempre una figura de buda en un gabinete psicológico o en una casa como elemento decorativo. Cualquier situación desfavorable por la que estés pasando, al creyente no le dará tiempo de pensar no sin antes decirte automáticamente: "Es cosa del karma", otro concepto enrevesado de esa religión.
Mirad por ejemplo Japón, uno de los países con más sectas búdicas del mundo y a la vez más idealizado. El fan del anime al que le lavaron el cerebro lo ve como un paraíso, pero una vez que emigra, se da cuenta de lo podrida y aborregada que está su sociedad. El campo de experimentación humano perfecto para la élite son los países con tradición budista. Y no sólo Japón, mirad a China, el país perfecto de tecnologías transhumanistas (lo que la élite quiere), o el país que dio origen a la religión, la India.
La religión preferida del nuevo orden.
