1.100 millones en ayudas: el campo español, enganchado al grifo público
¿Cuánto vale la soberanía alimentaria? El Gobierno acaba de soltar la cifra: 1.100 millones de euros en ayudas al sector primario desde que estalló el conflicto en Oriente Medio hace cuatro meses. Solo el primer tramo, 600 millones para la compra de fertilizantes, ya ha llegado a 425.000 beneficiarios. El presidente lo vende como "respuesta estructural a desafíos coyunturales". Traducción: estamos tirando de chequera porque no hay otra.
El 80% más caro que en 2019: la factura de los fertilizantes se dispara
Los fertilizantes cuestan hoy un 80% más que hace cuatro años. Subieron con la pandemia, volvieron a hacerlo con la guerra de Ucrania y ahora con el conflicto en Irán. Europa depende de unos pocos países para estos insumos, y cuando la geopolítica se tuerce, el agricultor paga el pato. El Gobierno promete hidrógeno verde y amoniaco verde para fabricar fertilizantes, pero la realidad es que España apenas produce nitrógeno sintético y ni rastro de fosfatos o potasa. De momento, aguantamos a golpe de presupuesto.
Potasa catalana: el 75% se exporta mientras importamos
Hay quien sostiene que la solución pasa por la minería nacional. España tiene yacimientos de potasa en la Cuenca Potásica Catalana, operados por ICL Growing Solutions. Pero lo que se extrae aquí, casi el 75%, se va a otros mercados. Producción insuficiente para cubrir la demanda interna, y dependencia histórica de importaciones. Un contrasentido que algún forero resume con ironía: "Los fosfatos los teníamos en el Sahara, hasta que el Borbón lo regaló". La herencia geopolítica pesa.
El debate de fondo: ¿subvención necesaria o comunismo encubierto?
Hay quien defiende las ayudas al campo como un mal menor frente a competidores que usan pesticidas prohibidos en Europa y mano de obra infantil. La soberanía alimentaria, aunque sea parcial, es un factor de estabilidad. Pero el coste escuece. "Vivimos en un comunismo camuflado", se oye. Y mientras, el fantasma de la impresión monetaria sobrevuela: si el problema se enquista, ¿hasta dónde llegará el grifo?
La paradoja final es que con estos precios de fertilizantes y esta dependencia, el campo español come del Estado. Y el Estado, de momento, come de la deuda. Veremos cuánto tiempo aguanta la digestión.