La Virgen de Urkupiña corta el centro de Madrid: fe, negocio y ruido
La festividad de la Virgen de Urkupiña, originaria de Quillacollo, Cochabamba, ha convertido este fin de semana el centro de Madrid en un escenario de procesiones y danzas bolivianas. El corte de la Gran Vía y calles aledañas ha vuelto a enfrentar a quienes ven en ello una expresión de fe y cultura con los que ya consideran la ciudad un parque temático permanente.
La celebración, que ha trascendido fronteras y se ha convertido en seña de identidad para la comunidad boliviana en el exterior, reúne cada año a miles de personas. Para el comercio de la zona, sin embargo, los cortes de tráfico tienen un coste difícil de ignorar: menos acceso a los negocios, menor rotación y una clientela atrapada en recorridos cerrados.
Hay quien defiende que Madrid gana con estas citas: recupera tradiciones, atrae a un público diverso y proyecta una imagen cosmopolita. Otros, en cambio, sostienen que la programación continua de espectáculos y eventos convierte la ciudad en un decorado, y que residentes y pequeños comercios acaban pagando el precio de una agenda pensada para el turista.
- La festividad se celebra cada año en honor a la Virgen de Urkupiña.
- El centro de Madrid queda cortado al tráfico durante las procesiones.
La pregunta de fondo no es si la celebración es legítima –lo es, y forma parte del patrimonio cultural de miles de madrileños de origen boliviano– sino hasta dónde puede exprimirse el espacio público sin asfixiar la actividad económica ordinaria. Y ahí el debate queda abierto: mientras unos piden más eventos de este tipo, otros ya evitan el centro cuando toca procesión.