CERN, agujeros negros y portales: entre la física y la superstición
A finales de julio, el CERN apagó sus aceleradores por mantenimiento. La parada técnica fue suficiente para que volviera a circular la teoría de que el Gran Colisionador de Hadrones no solo persigue partículas, sino que puede crear agujeros negros y hasta portales interdimensionales. Nada nuevo bajo el sol: la idea acompaña a la instalación desde su inauguración.
La conexión con la serie Stranger Things es inmediata. En la ficción, un acelerador similar abre el camino a una dimensión paralela. Aunque ningún dato respalda esa equivalencia, la imagen vende y la nostalgia ayuda. Los análisis serios, como los publicados en medios como Naukas o RTVE, recuerdan que se trata de una instalación científica con protocolos de seguridad revisados y que el apagado era una operación rutinaria.
Las versiones más extremas llegan a hablar de «entidades importadas» o de una supuesta lista de seres llegados de otra dimensión. No existe evidencia documental de tal cosa. Lo que hay es un parón técnico, anunciado con antelación, que los físicos aprovechan para calibrar equipos. La teoría del complot solo necesita un calendario y un telescopio mental.
Al final, la pregunta no es si el CERN abrirá un portal, sino por qué tanta gente prefiere creerlo. La respuesta probablemente no esté en Ginebra, sino en la necesidad de explicar lo inexplicable con ficción. De momento, el único agujero negro es el que algunos tienen en la comprensión de la física.