El comunismo de lujo para los baby boomers: la transferencia silenciosa que hunde EE.UU.
Desde la década de 1980, Estados Unidos no ha vivido una era de libre mercado, sino un sistema de transferencias masivas del Estado hacia la generación del baby boom. Este fenómeno, bautizado como "comunismo de lujo total" (TBLC), ha redirigido recursos hacia los mayores a través de pensiones, Medicare y políticas urbanísticas que encarecen la vivienda para los jóvenes. La paradoja es que, mientras se predicaba el neoliberalismo, el gasto público se disparó en beneficio de una cohorte que hoy ostenta un poder político y económico desproporcionado.
La paradoja del gasto público: menos Estado, más transferencias
El discurso reaganista prometía reducir el Estado, pero la realidad fue opuesta. El gasto en programas para mayores —Seguridad Social, Medicare, Medicaid— se incrementó de forma constante, mientras que la inversión en infraestructuras y educación se estancaba. La crítica no es al gasto social per se, sino a su concentración generacional: los boomers, que en su mayoría son más ricos que las generaciones posteriores, reciben subsidios que los jóvenes difícilmente alcanzarán. La solidaridad intergeneracional se ha convertido en una transferencia unidireccional.
El poder político de una generación envejecida
El peso demográfico y electoral de los boomers hace que cualquier reforma que reduzca sus beneficios sea suicidio político. La edad media del Senado y la Cámara de Representantes ronda los 60 años, y no es raro encontrar congresistas octogenarios. Este poder político blindado impide ajustar programas como la Seguridad Social, que amenazan con colapsar las finanzas públicas. Al mismo tiempo, las políticas de vivienda favorecen a los propietarios mayores (con regulaciones restrictivas que encarecen la construcción) frente a los jóvenes compradores.
Vivienda y urbanismo: la ciudad para los que ya no trabajan
Las normativas urbanísticas, impulsadas por propietarios boomers, limitan la oferta de vivienda en zonas bien comunicadas, manteniendo el valor de sus propiedades. Así, los mayores viven en casas grandes cerca de centros de trabajo, mientras los jóvenes se ven empujados a la periferia o a alquileres disparados. Este factor, junto con el gasto sanitario creciente, completa el círculo de transferencia generacional.
¿Excepción estadounidense o espejo para España?
El fenómeno es global. En España, la transferencia a mayores se suma a la que recibe la inmigración, según algunos análisis. La pregunta es si el envejecimiento demográfico y el peso electoral de los pensionistas llevarán a Europa al mismo callejón sin salida. La respuesta está en las urnas y en la capacidad de las generaciones jóvenes para articular una alternativa.
La cuestión de fondo es si el conflicto generacional es solo una máscara del conflicto de clases, como señalan algunos críticos. Mientras los boomers sigan siendo la clase social dominante, cualquier intento de redistribuir recursos hacia los jóvenes chocará contra un muro político y demográfico. El declive económico de EE.UU. puede ser solo el anticipo de lo que vendrá.
Debates relacionados en el foro