Morato duda de Bucha y exige una investigación independiente
Las imágenes de cadáveres en las calles de Bucha tienen a un coronel del Ejército español en el centro del disparadero.
Manuel Morato no niega la matanza: matiza cada palabra hasta que la frase se le queda colgando. «Yo ni lo pongo en duda ni lo dejo de poner. A mí me resulta, desde luego, difícil de aceptar», responde cuando se le pregunta si la cuestiona. Y añade el contexto que ha encendido todo: en una guerra operan los intereses de la información, la desinformación y la manipulación, y quien es atacado «tiene derecho a utilizar todas las armas a su alcance para defenderse, incluso las del
engaño y la manipulación». No cierra la puerta a que ocurriera. La abre a que se demuestre.
Quién es el coronel Morato y por qué su opinión pesa
No es un tertuliano improvisado. Se le sitúa entre las voces más conocedoras del mundo eslavo dentro del Ejército español. A finales de los ochenta estudió la
Perestroika militar en Oxford. Entre
2004 y 2008 ejerció como agregado militar para Rusia, Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán y Uzbekistán con residencia en Moscú, y en los dos últimos años de ese destino representó ante el Ministerio de Defensa ruso a todos los agregados militares acreditados en la capital. Esa hoja de servicios es la que esgrimen quienes salen en su defensa: el problema no es que no se entere, es que se entera más que la mayoría.
De la duda al reproche: la acusación de traición
La reacción ha ido en dos direcciones opuestas. Una parte considera que dudar de Bucha equivale a blanquear al agresor, sostiene que las Fuerzas Armadas están penetradas por simpatías hacia Moscú y pide depuraciones. Otra reprocha al coronel que con dinero público no deberían pagarse estos análisis, y hay quien añade que un militar en activo no está para salir en televisión a cuestionar a la alianza que sostiene parte de su estructura. Entre medias queda un argumento incómodo:
quien pide pruebas se expone a ser tratado como sospechoso.
¿Eran militares profesionales los soldados rusos?
Aquí el relato se parte en dos. El primero sostiene que la condición de profesional es un mito: buena parte de las tropas rusas serían reclutas forzosos y otro tramo, mercenarios de compañías privadas y combatientes llegados de otros frentes. Profesionales, pocos. El segundo da una vuelta de tuerca: la mayoría de las atrocidades contra civiles que se ven en las guerras, si se investigaran, no salen de militares profesionales, sino de
milicianos descontrolados. Y en el caso ucraniano el volumen de irregulares sería enorme: de más de
200.000 efectivos, unos 100.000 serían milicianos, con grupos de extrema derecha entre ellos que, según esta lectura, condicionan al mando y le empujan a no pactar. Dos relatos enfrentados y un mismo agujero: sin datos verificables, la condición del que dispara es una hipótesis.
El engaño como arma: Kramatorsk, el Tochka-U y los números de serie
El episodio que mejor retrata esa niebla es Kramatorsk. Un misil
Tochka-U impactó en su estación de ferrocarril; hay versiones que sostienen que fue lanzado por fuerzas ucranianas desde una localidad a
45 kilómetros, y sobre la placa del número de serie del proyectil se han montado reconstrucciones enfrentadas. Con Mariupol y con el momento exacto en que aparecieron los cadáveres de Bucha ocurre lo mismo: una versión dice que ya estaban antes de la retirada rusa y otra, que aparecieron días después, y que el alcalde de la ciudad no los mencionó al hablar por televisión de esa retirada. Frente a eso se alza el argumento técnico: fijar la hora de la muerte y el arma empleada es relativamente sencillo con un forense y un perito. Y queda flotando la pregunta de por qué Bucha y no todos los pueblos conquistados, si esa fuera la pauta.
La tangente española: OTAN, artículo 6 y Marruecos
El caso ha derivado, como casi todo, al papel de España. El Tratado del Atlántico Norte es de
1949 y su artículo 6 delimita el ámbito de defensa: Europa, Norteamérica, Turquía y las islas del Atlántico al norte del trópico de Cáncer. Ucrania no entra ahí. Francia salió del mando integrado durante cuatro décadas y su infraestructura nuclear quedó fuera de la estructura aliada, lo que se cita como prueba de que existe margen de maniobra. El Ejército español, heredero directo del bando vencedor de la Guerra Civil y hoy integrado en la estructura militar aliada, aparece en la discusión como ejemplo de institución atrapada entre la disciplina y la incomodidad política. Y Marruecos, aliado extrarregional de la alianza, asoma como agravio comparativo en una discusión que empezó hablando de cadáveres.
Dónde se atasca el análisis
La discusión termina donde suele terminar todo esto: sin una investigación independiente que fije autoría, hora y arma, la matanza de Bucha sigue siendo un hecho con cadáveres y sin responsable probado. Morato no ha dicho que no ocurriera. Ha dicho que quiere verlo comprobado por otros medios. Y en una guerra en la que todo se puede manipular, esa petición —que debería ser lo mínimo exigible— se ha convertido en la posición más incómoda del tablero.