El cristianismo se apaga en Europa: templos en venta y sin relevo generacional
Según los participantes en el debate, una iglesia escocesa con mil quinientos años de historia pone a la venta sus templos. En Alemania, la comunidad católica se desangra. En España, solo un 10% de la población dice ir a misa al menos una vez al mes. El diagnóstico que recorre el debate es incómodo: no es una crisis de fe, es un vaciamiento estructural que ninguna corriente doctrinal ha sabido frenar.
Lo llamativo es que el fenómeno atraviesa todo el espectro. Las corrientes progresistas apostaron por abrirse a más cuota de fieles y el resultado fue el contrario. Las conservadoras tampoco han reavivado la asistencia.
El clero escocés no tiene miembros por debajo de los 60 años, y sus fieles siguen el mismo patrón. La Iglesia de Escocia vende sus inmuebles, algunos por
65.000 libras, con la posibilidad de vivir dentro.
Qué está pasando con la iglesia católica en Alemania y Austria
El caso alemán se describe como una debacle. Los católicos desaparecen en Alemania y Austria, y el fenómeno no es exclusivo del catolicismo: las confesiones protestantes prevén su propia desaparición en diez o veinte años si no hay reemplazo. En Francia, la etiqueta de nación católica ya no se sostiene. En Irlanda, el desplome se califica directamente de terrorífico.
La pregunta que sobrevuela es por qué el Vaticano no ha activado una comisión de crisis. La crítica más dura apunta a que la institución ha asumido postulados neoliberales y habla de amor y memeces mientras el patrimonio se cae.
El cristianismo digital, dicen, crea nichos de palabrería pero cero acción fuera de las redes.
El patrimonio que se derrumba y las restauraciones amateur
Sin fieles no hay financiación. Las iglesias que se derrumban no se vuelven a levantar porque nadie las financia y nadie va a entrar en ellas. Las pocas restauraciones que se hacen, al no pasar por funcionarios o profesionales, acaban en manos de amateurs que destrozan obras de arte. El caso del
Ecce Homo de Borja y el de una iglesia del siglo XVII en Soria se citan como ejemplo de este patrón.
Hay quien sostiene que el problema de fondo es que la religión ha dejado de ir de creencias para convertirse en una identidad con la que justificar el sitio de cada uno en el mundo. El catolicismo polaco, se argumenta, funciona sobre todo como antirrusismo. La identidad sustituye a la fe, y la identidad no llena templos.
El relevo que no llega: evangélicos, mormones y la sombra del islam
No todo el mapa religioso se contrae. Las iglesias evangélicas de tipo pentecostal crecen con una prédica más cañera y una espiritualidad personal y laxa, frente al corpus dogmático y el ritualismo burocratizado del catolicismo. También se advierte del auge de los mormones, descritos como una secta destructiva y avariciosa. Y una parte del análisis sostiene que el socialismo primero y el islam después ocupan el espacio que deja la iglesia.
En el lado opuesto, hay quien defiende que la espiritualidad humana no desaparecerá nunca y que lo importante es hacia dónde se orienta esa necesidad de trascendencia. Otra corriente, más dura, sostiene que la crisis de identidad ha sido promovida deliberadamente y que antes o después volverá el orden.
Los datos que contradicen el relato del vaciamiento total
Frente al cuadro general, aparecen testimonios que matizan. En algunas parroquias hay muchos jóvenes y matrimonios jóvenes. Una persona relata que en la adoración previa a misa había unas cincuenta personas y que durante la misa el número se duplicó, con gente joven sola, parejas y matrimonios, más que en 2016. La queja, en ese caso, se dirige a los mayores que cuchichean durante el oficio.
El contraste entre el dato macro y la experiencia de parroquia concreta es uno de los puntos más interesantes del asunto. También lo es la tesis de que el futuro demográfico pertenece a quienes creen en Dios, porque los cristianos con vocación al matrimonio se casan y tienen hijos, mientras que otros sectores no se reproducen.
La tesis que culpa a la propia institución
La acusación más incómoda no viene de fuera. Una parte del análisis sostiene que la iglesia es la principal culpable de su situación, que la multiculturalidad ha relegado a occidente al dar por iguales todas las culturas y credos, y que Juan Pablo II ha sido el papa más nefasto de la historia por mucho marketing que se le pusiera. La frase que se le atribuye —que da igual cómo llegar a dios— se cita como el resumen de esa deriva.
Otra línea argumental apunta a que el cristianismo ha colaborado con la ola migratoria tras desenraizar previamente a los pueblos de sus hábitats con el cuento de que todos somos iguales e hijos de Dios. Es una tesis que circula con fuerza en el debate, aunque no está respaldada por ninguna evidencia que se aporte.
Queda la pregunta que nadie cierra: si el cristianismo muere en Europa, ¿qué ocupa exactamente el hueco que deja?