Exmilitares colombianos en Ucrania: buen sueldo y muchas bajas
La guerra de Ucrania ha encontrado en Latinoamérica un mercado de reclutas barato y silencioso. Exmilitares y veteranos de conflictos internos, sobre todo colombianos, engrosan las filas de unidades extranjeras en el frente del este. La paga anunciada supera con holgura cualquier salario que puedan encontrar en casa. La letra pequeña es la clásica: muchos no vuelven, y hay quien duda de que el dinero llegue siempre.
Quién acaba en un frente extranjero y por qué
El perfil que se repite es el del exmilitar profesional, con experiencia de combate real y sin salida laboral en su país. Es un diagnóstico que comparten posturas muy distintas. En Colombia, la desmovilización de efectivos tras años de conflicto interno dejó un contingente de veteranos entrenados y sin empleo, un filón para cualquier reclutador internacional. Sobre ese caldo de cultivo, una oferta en dólares convierte una decisión moral en una decisión económica.
La comparación de sueldos es la clave. Frente al salario medio local, la retribución que se ofrece para empuñar un arma en el extranjero aparece como un
pellizco importante. El matiz que rompe el relato simple está en las condiciones: el cobro se ata al despliegue y a la supervivencia, de modo que quien firma está apostando literalmente el sueldo a seguir vivo. El pago no corre a cargo de un ejército propio: la estructura que sostiene el esfuerzo de guerra ucraniano es la que recluta, y hay quien sostiene que no lo paga el propio Zelenski.
¿Por qué se alistan: dinero, adrenalina o costumbre?
Aquí las opiniones se parten y ninguna ha ganado. Una corriente sostiene que el móvil es exclusivamente económico: un mercenario no tiene bandera ni causa, lucha para el mejor postor y no es raro que cambie de bando si el contrario mejora la oferta. Otra añade el factor que no aparece en ninguna hoja de cálculo, el hábito: quien ha pasado media vida en un conflicto armado no busca un despacho, busca la guerra que ya conoce.
Se argumenta también lo contrario. A una persona ajena al mundo militar no se le va la cabeza de un día para otro y se marcha a un frente ajeno; el reclutamiento selectivo apunta justo a ese nicho de veteranos a los que el sueldo de casa se les queda corto. Lo que ninguna de esas tesis termina de cerrar es por qué el volumen se concentra en un solo país.
Contrainsurgencia contra guerra de alta intensidad
Hay un debate técnico que casi nadie menciona y que explica muchas bajas. La experiencia de estos combatientes procede de conflictos irregulares, de contrainsurgencia y de operaciones contra grupos armados en terreno propio. Ucrania es otra cosa: artillería, drones, trincheras y fuego masivo a kilómetros de distancia.
El choque entre esas dos formas de guerrear es brutal. Una corriente del análisis insiste en que la veteranía local no prepara para ese escenario y que el encontronazo se cobra vidas en las primeras semanas. Es una hipótesis razonable, aunque no hay datos públicos que la confirmen.
Las cifras que nadie puede verificar
Aquí el asunto se ensucia. Circulan balances de bajas imposibles de comprobar, desde el medio centenar de combatientes colombianos muertos hasta recuentos de rusos caídos que multiplican cualquier estimación independiente. La propaganda va en las dos direcciones y ninguna parte renuncia a ella.
A un lado se da por buena la cifra de bajas del adversario; al otro se responde ridiculizando los datos con recuentos exagerados, del tipo de los millones de supuestos mercenarios de la OTAN abatidos o los cientos de aviones derribados. Nadie firma sus fuentes. Existen incluso canales dedicados a registrar, una por una, las bajas de combatientes extranjeros con nombre y foto: unos los citan como prueba, otros los descartan como montaje.
La lectura política en España
En España el asunto se ha leído en clave migratoria. Una parte del espectro sostiene que estos combatientes eran candidatos naturales a emigrar a Europa y que la guerra actúa como un filtro que desvía a ese perfil fuera del continente. Es una tesis que se lanza sin datos y que conviene tomar con pinzas: generaliza a partir de un caso concreto y convierte una sospecha en destino.
La lectura alternativa es puramente económica. El país que recluta obtiene mano de obra experta a bajo coste y sin asumir pensiones, bajas ni cuidados. El coste humano lo paga el país de origen, que exporta a sus veteranos y recibe de vuelta los féretros.
Qué cabe esperar
Mientras la guerra se alargue y el reclutamiento siga saliendo barato, la sangría de veteranos hacia frentes extranjeros tiene todas las trazas de continuar. La previsión, con reservas, es que no se agote pronto salvo que una de las partes cambie de estrategia o que el dinero deje de llegar a tiempo. Y eso, con los presupuestos que se manejan y la opacidad de los balances, no lo da nadie por seguro.