La brigada digital que no se molestó en disimular el copy-paste
El equipo de opinión sincronizada existe, funciona y esta vez se dejó cazar in fraganti. Varios perfiles han difundido el mismo mensaje político sin alterar una coma, un descuido que reabre la sospecha de que parte del debate digital está fabricado.
Quienes denuncian el caso aportan capturas de textos idénticos defendiendo la acción del Gobierno. Y recuerdan que no es un episodio aislado: en el contexto del atentado de las Ramblas ya se detectaron decenas de tuits calcados. La novedad es que esta vez ni siquiera se reformuló una palabra. Esa pereza, lejos de exculpar, alimenta la teoría de una coordinación centralizada y, sobre todo, barata.
La pregunta incómoda es quién paga. Las acusaciones apuntan a fondos públicos, pero no hay cifras ni responsables. La ausencia de datos no despeja la duda: la conversación online queda bajo sospecha, y cualquier mensaje militante se expone al escrutinio. Si la estrategia era influir, el resultado ha sido el contrario: la detección es ahora más fácil.
Cabe esperar que los próximos intentos sean más cuidadosos. La sincronización perfecta, irónicamente, delata más que cualquier error humano.