El Rif como pieza geopolítica: del colonialismo al independentismo
¿Puede una región del norte de Marruecos reordenar el tablero del Estrecho? El análisis de Francisco José Fernández-Cruz Sequera sobre la República del Rif, difundido en el canal de Clave
Geopolítica, sostiene que un Rif independiente rompería la estrategia expansionista marroquí y alteraría los equilibrios de la zona. La tesis no es nueva, pero vuelve al primer plano cada vez que Rabat mueve ficha en el Sahel o en el Sáhara. Y no todos compran el relato.
Qué defiende el independentismo rifeño y por qué importa
El vídeo repasa la historia de una región con identidad propia —lengua, cultura y memoria colonial— y se detiene en la represión posterior a 1956, cuando el Rif quedó integrado a la fuerza en el Reino de Marruecos. El movimiento independentista actual, liderado por el Partido Nacional Rifeño, se presenta como una pieza que España podría usar para contener a Rabat. La idea tiene gancho: si el Rif se separa, Marruecos pierde su fachada mediterránea y su capacidad de presión sobre Ceuta y Melilla.
Pero hay matices que el entusiasmo sepulta. Se recuerda que muchos rifeños rubios descienden de esclavizados europeos, un detalle que incomoda a quienes venden pureza identitaria. Y se apunta que el apoyo español al Rif no nace de simpatía, sino de interés estratégico: debilitar a un vecino incómodo. La geopolítica no tiene amigos, solo cálculos.
La bronca que eclipsó al Rif: el plan Kalergi y los boomers
El debate derivó hacia terrenos más ásperos. Un sector sostiene que el plan Kalergi —el supuesto proyecto de genocidio blanco mediante mestizaje e inmigración masiva— es una realidad que se cumple a la vista de todos. Otro lo califica de teoría conspirativa sin base. La discusión se calentó cuando alguien señaló que los protocolos y el libro
Adiós Europa son «magufadas ultraderechistas», y la respuesta fue que los boomers son incapaces de admitir que les engañaron con la Segunda Guerra Mundial.
El intercambio dejó frases para el archivo. Se acusó a los defensores de la conspiración de hablar «como si no perteneciesen» al grupo que denuncian, y se respondió que los verdaderos responsables de la inmigración masiva son los políticos españoles, no un «coco inexistente». La discusión se enrocó en el clásico: unos ven manos ocultas, otros ven incompetencia local. Y en medio, países como Polonia, Hungría o los bálticos, que se han librado en gran medida de las cuotas migratorias, lo que cada bando interpreta a su favor.
El rif y la política de bloques: quién gana si Marruecos se debilita
El análisis geopolítico del Rif no se entiende sin el contexto de competencia entre potencias. Argelia mira con interés cualquier fractura marroquí. Francia, antigua potencia colonial, mantiene intereses económicos en la zona. Y España, con dos enclaves en la costa norteafricana, tiene un interés evidente en que Rabat no acumule demasiado poder. El vídeo sugiere que apoyar al independentismo rifeño es una forma barata de mantener a Marruecos distraído.
La pega es que el juego tiene costes. Marruecos puede responder con presión migratoria, como ya ha hecho en otras ocasiones. Y el independentismo rifeño, por ahora, es más una aspiración que una fuerza organizada con capacidad de desafiar al Estado marroquí. La represión posterior a 1956 dejó un movimiento fragmentado y con escaso apoyo internacional.
El rif como espejo de los debates internos españoles
La discusión sobre el Rif acabó funcionando como un espejo de las divisiones internas. Unos ven en el apoyo al independentismo rifeño una jugada maestra de política exterior. Otros, una pérdida de tiempo que distrae de problemas más urgentes. Y unos terceros, una muestra de que la derecha española sigue buscando enemigos exteriores para no mirar hacia dentro.
El vídeo de Sequera, en cualquier caso, dejó una conclusión incómoda: el Rif no es solo una cuestión marroquí, sino una pieza más del tablero mediterráneo. Quien controle el Estrecho controla una de las rutas migratorias y energéticas más importantes del mundo. Y eso, guste o no, interesa a demasiados actores como para que la cosa se resuelva solo con buenas intenciones.
Al final, la discusión sobre el Rif terminó como empezó: con unos convencidos de que hay un plan oculto y otros convencidos de que los planes ocultos son la excusa perfecta para no hacer los deberes en casa.