Las telecos quieren acabar con la tarifa plana de Internet y volver al cobro por consumo
En noviembre de 2009, elEconomista publicaba un artículo que encendió todas las alarmas: las operadoras de telecomunicaciones barajaban acabar con la tarifa plana de Internet para sustituirla por un modelo de pago por volumen de datos descargados. La propuesta, que entonces parecía una amenaza lejana, ha resucitado en varias ocasiones, la última en febrero de 2014, cuando el debate volvió a los foros con la misma virulencia. Dieciséis años después, la pregunta sigue en el aire: ¿lograrán las telecos imponer el cobro por gigabyte?
El argumento económico: penalizar al jeta o exprimir al cliente
El razonamiento de las operadoras es sencillo: unos pocos usuarios acaparan la mayor parte del tráfico —descargas P2P, streaming, actualizaciones masivas— mientras la mayoría navega con correo y redes sociales. En un modelo plano, el heavy user sale beneficiado a costa del resto. Pero el símil con el agua o la electricidad cojea: la red no se agota como un recurso; su cuello de botella está en los routers de borde, no en el cable de cobre. Un cálculo recurrente en el análisis del problema señala que, con una conexión de 6 Mbps a 39 euros al mes, el coste teórico por gigabyte apenas alcanza los 0,043 euros si se utilizara la capacidad máxima. A 5 céntimos el GB, la mayoría de los hogares pagaría menos de 10 euros al mes. Sin embargo, las telecos facturan entre 50 y 70 euros por línea, con el fijo y el mantenimiento como lastre.
Competencia y tecnología: el freno que nunca llega del todo
La llegada del 4G y, más tarde, la fibra óptica ampliaron la capacidad de la red y abarataron los costes de transporte. La competencia entre operadoras —Movistar, Vodafone, Orange, Yoigo— debería haber enterrado la idea, pero no ha sido así. Las ofertas convergieron en un modelo de tarifas con datos limitados, sobre todo en móvil, y el ADSL fijo mantuvo lo plano a costa de velocidad menguante. El caso de Yoigo, que eliminó las llamadas gratuitas «para toda la vida» sin que los tribunales lo impidieran, demuestra que las promesas contractuales son papel mojado cuando el lobby actúa al unísono. Si todas las grandes acuerdan el cambio, el cliente solo puede emigrar a un operador alternativo, pero en España el duopolio de infraestructuras limita las opciones reales.
El fantasma de los 90 y la resistencia del usuario
Quienes vivieron la era del módem de 56k recuerdan el pánico a la factura telefónica por minutos de conexión. Volver a medir cada megabyte sería un salto atrás, no solo tecnológico sino social. Servicios como Netflix, YouTube o las actualizaciones automáticas de Steam —que un usuario cifraba en un terabyte de juegos— quedarían gravemente afectados. Aunque los defensores del pago por uso insisten en que sería más justo, la mayoría de análisis coincide en que el objetivo real no es la equidad, sino elevar el ingreso medio por abonado.
A día de hoy, la tarifa plana resiste, pero con menos velocidad y más condiciones. Cada cierto tiempo, el fantasma del fin de lo plano reaparece. La última vez fue en febrero de 2014, y el hilo sigue abierto. Nadie sabe cuándo llegará el golpe definitivo, pero el acuerdo tácito entre telecos hace pensar que es cuestión de tiempo.
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