El fin de un imperio: cómo las guerras contra Rusia e Irán aceleran la caída de EE.UU.
El intento de Washington de desgastar a Rusia en Ucrania y contener a Irán en Oriente Próximo está resultando un patinazo estratégico de primera magnitud. El segundo golpe, la confrontación con Irán, es aún más grave que el primero: ha erosionado la confianza de Europa y, sobre todo, de los países del Golfo, pilares del petrodólar. La pregunta que flota en el ambiente es si la Agenda 2030, el cambio climático y las políticas Woke sobrevivirán a un imperio que pierde influencia a manos de potencias revisionistas.
El ajedrez geopolítico: tres movimientos y una derrota anunciada
La metáfora futbolística sirve: EE.UU. perdió 3-0 en la ida —con Rusia— y ahora necesita remontar. El 1-0 lo marcó con Venezuela, pero el 2-0 con Irán se antoja improbable. China, como gran rival, espera para asestar el golpe definitivo con Taiwán. Incluso si Irán cae, Pekín puede aprovechar cualquier resquicio para marcar el 2-1, dejando a EE.UU. necesitado de dos goles para empatar. La analogía refleja la fragilidad de la hegemonía estadounidense, sostenida sobre la deuda y el petrodólar, dos pilares que crujen.
Por un lado, el intento de monopolizar el petróleo de Oriente Medio bajo la excusa de Irán choca con los intereses de Arabia Saudí y los Emiratos. Por otro, el acercamiento entre Rusia y China, sumado a la posible venta de petróleo ruso a precios reducidos, deja a Europa y Ucrania en una posición insostenible. El control del comercio mundial de crudo se desplaza hacia Moscú, y con él, el poder de fijar precios y rutas.
El factor humano: Trump, el chimpancé al volante
La conducción del avión por parte de la Casa Blanca es, cuando menos, errática. Un análisis sereno apunta a que el proceso de declive pudo haberse desencadenado de forma irreversible. El paralelismo con Pearl Harbor es escalofriante: en 1941, Japón, inmerso en su guerra con China, fue estrangulado económicamente por EE.UU., lo que precipitó el ataque. Hoy, el patrón se repite: un imperio que usa su poder financiero para frenar a sus rivales, solo que esta vez los contendientes son potencias nucleares con capacidad de resistir el bloqueo.
¿Quién paga la factura?
Mientras los estrategas debaten, una corriente de opinión señala que el verdadero perdedor será Europa, atrapada entre las sanciones a Rusia, la dependencia energética y la pérdida de competitividad. La deuda estadounidense, otrora refugio seguro, empieza a tambalearse cuando los países del Golfo sopesan alternativas al dólar. La pregunta que nadie responde del todo: ¿quién va a mantener ahora la deuda de un imperio en retirada?
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