La Generación Z ha cambiado el bar por el gimnasio: 8 de cada 10 jóvenes entrenan
Dos amigas veinteañeras quedan un par de veces al mes para ir juntas al gimnasio. Entre hip thrust y sentadillas se cuentan sus vidas. En la sala de musculación, otros chicos y chicas levantan pesas con auriculares inalámbricos, aislados del mundo. En el aula contigua, un grupo repite coreografías frente al espejo. El gimnasio se ha convertido en el nuevo templo de la juventud, un espacio donde construyen identidad y socializan, pero también donde se reflejan las ansiedades de una generación marcada por la incertidumbre y las redes sociales.
8 de cada 10 jóvenes van al gimnasio: los datos de la fiebre fitness
Según estadísticas recientes, el 83% de los jóvenes españoles de entre 18 y 24 años acude a un gimnasio. Para contextualizar: en los años 90 y principios de los 2000, apenas cuatro de cada cien lo hacían. Entonces se bebía y fumaba más, y el ocio se concentraba en bares y botellones. Hoy, el alcohol y el tabaco han perdido terreno frente a las pesas y las cintas de correr. El cambio es radical: una generación que prioriza la salud y la estética sobre los vicios del pasado.
Del bar al gym: una cuestión de coste y disciplina
El gimnasio no solo es más saludable, sino también más barato que una noche de fiesta. Con el coste de la vida disparado, muchos jóvenes optan por una suscripción de 30-40 euros al mes en lugar de gastar 50 euros en una salida. Además, el gimnasio ofrece una rutina disciplinada en un contexto de precariedad laboral y falta de expectativas. Como señala un análisis, el fitness se ha convertido en un refugio frente a una realidad fea, una vía de escape que antes proporcionaban los videojuegos o el alcohol.
La cara oscura: narcisismo y vacío existencial
Pero no todo son ganancias. Críticos dentro de la propia generación señalan que muchos jóvenes van al gimnasio para posturear en redes sociales, grabándose en máquinas para buscar validación. Se habla de una “carrera armamentística” del físico: el 80% de los chicos entrenan para mejorar su atractivo sexual, no por salud. Algunos van más allá y describen una juventud vacía, que construye su personalidad sobre cuatro pilares: gimnasio, masculinidad, metas fantasiosas y desinterés por todo lo demás. Pero también hay quien defiende que esta generación ha sabido alejarse de las drogas y el alcohol que destrozaron a sus padres.
Un fenómeno con batalla generacional
El auge del gimnasio enciende viejas rencillas entre boomers y centennials. Mientras unos añoran una juventud más libre y alcohólica, otros aplauden la disciplina fitness. Lo cierto es que los datos son tozudos: España tiene una de las tasas más altas de jóvenes en gimnasios de Europa. Y aunque se critica que solo buscan músculo y no conocimiento –“el 50% de los jóvenes tiene estudios superiores; el resto están en el gimnasio”–, la realidad es que la mayoría compatibiliza ambos.
Lo que nadie discute es que el gimnasio se ha convertido en el nuevo ágora. Un espacio de socialización, competencia y autoafirmación. Un templo donde, entre repeticiones y selfies, una generación entera intenta moldear su cuerpo y, de paso, su lugar en el mundo.