El IMV de 733 euros para mayores de 30 que viven con sus padres
La Seguridad Social concede el Ingreso Mínimo Vital a los mayores de 30 años aunque vivan con sus padres. Dicho así, parece el regalo perfecto. La letra pequeña lo desmonta: para cobrar no basta con volver al hogar familiar, hay que acreditar que durante el año anterior se vivía en un domicilio distinto al de los progenitores. Solo el fallecimiento de los padres exime de ese requisito.
733,60 euros de máximos y un paquete que no es solo dinero
La cuantía máxima para un joven sin ingresos es de 733,60 euros mensuales, pero no es una cantidad fija ni automática. Depende de los recursos de cada unidad de convivencia y se va ajustando. Además, el IMV arrastra complementos asociados que algunos recuerdan: bono social de luz, agua, ayudas térmicas, descuentos universitarios. El titular se queda corto, pero también engaña: no es una paga universal al que viva con sus padres.
El requisito que lo cambia todo: el domicilio previo
La normativa distingue dos franjas. Los jóvenes de 23 a 29 pueden pedir el IMV por derecho propio si viven solos o comparten con personas sin parentesco y demuestran vida independiente. A partir de 30, el listón es distinto: deben demostrar que su domicilio en España durante el año inmediatamente anterior era diferente al de padres, tutores o acogedores. La excepción, el fallecimiento de los progenitores, deja fuera a la inmensa mayoría de los que acaban de mudarse de vuelta a casa.
Hay quien lo lee como una trampa deliberada: la medida suena bien, pero está pensada para que no la cobre casi nadie. Otros van más allá y sostienen que el anuncio es directamente falso. La referencia normativa circula, aunque con un matiz: el requisito existe, y no es precisamente para favorecer al que nunca se ha ido.
Dos lecturas: compra de votos o paripé burocrático
La sombra electoral sobrevuela toda la discusión. Con las elecciones de 2027 en el horizonte, unos ven una partida de gasto social para arañar voto joven. Otros, más suspicaces, apuntan que si el objetivo fuera comprar voluntades lo harían con menos condiciones. Y entre medias, el ciudadano que cuida a un gran dependiente desde hace años recuerda que jamás recibió una compensación por ese trabajo.
733 euros en casa frente a 1.200 en un empleo
El cálculo que más circula no es el coste fiscal, sino el de oportunidad: 733 euros sin pagar alquiler ni una habitación de 500 euros, con lavandería incluida, frente a un trabajo de 1.200 euros brutos con los que apenas llegas a fin de mes. La conclusión es incómoda: para una franja de rentas, el incentivo a quedarse en casa es real. El argumento contrario es igual de simple: si el mercado no paga lo que cuesta emanciparse, el problema no es la ayuda.
El debate se queda en esa tensión no resuelta. La medida existe, es cierto. Pero su alcance real es mucho menor de lo que promete el titular. Quien crea que cualquiera con 30 años y un sofá puede cobrar los 733 euros, se va a llevar un disgusto burocrático. Y quien crea que es un chollo sin contrapartidas, no ha leído el párrafo del domicilio.