La segunda Copa del Mundo llega bajo Sánchez: ¿tracción electoral o espejismo?
La selección española ha conquistado su segundo Mundial. El primero, bajo el mandato de Zapatero en 2010, no impidió que el PSOE perdiera las siguientes elecciones. La sombra de aquella derrota planea sobre el intento del actual Gobierno de capitalizar el éxito deportivo. En el debate económico, la pregunta es si una Copa del Mundo puede mover el voto en un contexto de inflación y descontento.
El paralelismo con 2010: la copa no siempre salva
Cuando España ganó su primer Mundial en Sudáfrica, el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero intentó rentabilizarlo. Tres meses después, en noviembre de 2011, el PSOE sufrió una estrepitosa derrota electoral frente a Mariano Rajoy. La economía amenazaba con el rescate y el paro superaba el 20%. Aquella Copa no blindó al Gobierno. Ahora, con Sánchez, el contexto es distinto pero igualmente delicado: los precios siguen apretando y la vivienda, inaccesible.
El show de Trump y el ruido político
Las imágenes del expresidente estadounidense Donald Trump entregando medallas y abrazando la copa han generado controversia. Mientras Sánchez aparecía discretamente en el palco, otros líderes coparon el foco. El coro multirracial y la presencia de Shakira en la ceremonia han sido interpretados por algunos como un giro "woke" que no casa con el relato de "España top" que vende el Gobierno. En el plano económico, la victoria no borra los problemas estructurales.
¿Refuerzo socialista o anécdota?
Hay quien sostiene que cualquier éxito internacional refuerza al partido en el poder, máxime si la victoria es tan simbólica como un Mundial. Otros recuerdan que la euforia deportiva dura poco y que el bolsillo manda en las urnas. El dato relevante es que la primera Copa no salvó a Zapatero; la segunda podría correr la misma suerte si la economía no remonta.
Lo que queda tras los fuegos artificiales
La selección ha ganado, pero el Gobierno sigue teniendo deberes. La renta de los hogares no crece al ritmo de los precios y la inversión extranjera espera señales de estabilidad. El Mundial puede alegrar una tarde, pero las elecciones se ganan en los datos de empleo y poder adquisitivo. Quien espere que la copa obre milagros, que mire a 2011.