El IVA de la gasolina baja al 10% y el surtidor no se entera
El Consejo de Ministros aprueba una rebaja del IVA de la gasolina, el gasóleo, el gas y la electricidad del 21% al 10%, y una bajada del impuesto especial sobre hidrocarburos hasta el mínimo que permite Europa. En el mismo paquete entra la luz, con el IVA eléctrico al 10%. La medida llega con el crudo disparado y el gasóleo rozando los 2 euros el litro. Y llega, sobre todo, con una pregunta incómoda: ¿cuánto de esa rebaja va a llegar al surtidor y cuánto se va a quedar por el camino?
La respuesta corta es que nadie lo sabe todavía. La respuesta larga es que el mecanismo tiene más capas de las que parece y que el calendario juega en contra del consumidor.
Cuánto baja realmente el litro de carburante
El cálculo que más circula entre quienes han mirado el BOE con lupa es el siguiente: el impuesto especial sobre hidrocarburos que se aplica de forma fija es de
0,072 euros por litro —el que Cataluña creó para financiar sanidad y que acabó convertido en estatal—, y el IVA pasa del 21% al 10%. La rebaja efectiva sobre el precio final se queda en torno a
7,2 céntimos por litro, o lo que es lo mismo, 72 euros por cada 1.000 litros. Hay quien ha corrido la coma y ha hablado de 72 céntimos; no. Son 7,2.
El segundo impuesto, el impuesto especial sobre hidrocarburos propiamente dicho, lo pagan las empresas distribuidoras, no el consumidor final. También se ha bajado al mínimo que permite la normativa europea. Eso significa que la rebaja llega primero al surtidor de las petroleras y solo después, si quieren, a la pantalla del consumidor.
Y ahí está el nudo.
Una cosa es lo que el Gobierno descuente y otra lo que veamos en la pantalla del surtidor. El precio total lo marca cada gasolinera. Si la distribuidora decide mantener su margen y no repercutir la bajada, el litro sigue a 2 euros y el BOE se queda en papel mojado.
Cuándo se nota la rebaja en el surtidor
La entrada en vigor es el día siguiente a la publicación en el BOE. Si el decreto se publica un lunes, la rebaja aplica el martes. Pero el efecto real tarda más: las estaciones de servicio tienen reservas compradas al precio antiguo, y hasta que no se agoten —calculan algunas voces del sector que
tres semanas— no empezará a notarse el nuevo precio. Y solo si las empresas quieren repercutirlo.
Ahí aparece otro detalle que ha hecho saltar a más de uno: entre el anuncio y la publicación en el BOE pasan varios días en los que Hacienda sigue recaudando el IVA al 21%. Cuatro días adicionales de recaudación al tipo antiguo. No son listos ni nada.
El IVA sobre un impuesto: la trampa que nadie discute
El IVA se aplica sobre el precio del carburante más el impuesto especial. Es decir, se paga IVA sobre un impuesto. Eso ha sido siempre así y sigue siéndolo. La rebaja del IVA al 10% reduce ese efecto, pero no lo elimina. Hay quien sostiene que el impuesto especial sobre hidrocarburos es, en la práctica, un impuesto a la movilidad, y que de eso nadie quiere hablar porque es una fuente de ingresos considerable para Hacienda.
La pregunta que queda en el aire es de dónde va a sacar el Estado ese 10% que deja de ingresar. Porque la rebaja es real, pero el agujero en las cuentas también.
Quién gana y quién pierde con la rebaja
Las petroleras y las energéticas han visto subir sus acciones tras el anuncio. Hay quien lo interpreta como una señal de que el mercado espera que la rebaja fiscal acabe engordando los márgenes empresariales en lugar de aliviar el bolsillo del consumidor. No es una prueba, es una lectura. Pero encaja con el patrón: cuando el Estado baja impuestos sin mecanismos de control de precios, el margen de maniobra lo tiene quien fija el precio final.
En el otro lado, el consumidor particular y el autónomo que depende del vehículo para trabajar. Para ellos, 7,2 céntimos por litro son entre 3 y 5 euros al mes en un depósito medio. Poco. Menos que la subida que ya se ha comido el precio del crudo.
El contexto que nadie quiere mirar
La rebaja llega en un momento de tensión global en el suministro. Según un escenario de pesadilla que circula, el barril de Brent podría tocar los
150-180 dólares si la UE aprueba un embargo total al crudo ruso antes de junio, y los
200 dólares no son descartables si hay un incidente grave en el Golfo Pérsico. En ese escenario, el gasóleo sube más que la gasolina por la estructura de refino europea.
Con el barril a 200 dólares, el litro de gasóleo podría irse a
3 euros. La rebaja de 7,2 céntimos se queda en anecdótica. Y ahí está el problema de fondo: una medida fiscal no arregla un problema de suministro.
Hay quien recuerda que en toda Europa hay reducciones fiscales de larga duración en energía, y que en toda Europa excepto España se deflacta la tarifa del IRPF. Es decir, que esto no es una excepción española, es una excepción española no hacerlo antes.
El dato que descoloca: el impuesto que se baja es el que se aplica sobre otro impuesto. Y aun así, el litro sigue a 2 euros.