El 76% de las bajas alemanas las causó la URSS, según un cálculo difundido
El 8 de mayo de 1945, en Berlín, el mariscal de campo Wilhelm Keitel firmaba la rendición incondicional de la Alemania nazi. Lo hacía en presencia del mariscal soviético Gueorgui Zhukov, no de Dwight Eisenhower. Ese detalle, que la propaganda de posguerra ha ido diluyendo, resume una discusión que vuelve cada aniversario: ¿quién derrotó realmente al Tercer Reich? Según un cálculo difundido en el debate, la Unión Soviética infligió entre 3 y 4 millones de muertes de combate alemanas, mientras que
Estados Unidos y los aliados occidentales causaron unas 374.000. La proporción que se extrae es de 76% frente a 24%. No hay margen para el empate, sostienen quienes defienden esta lectura.
El frente oriental se llevó la peor parte
La Operación Barbarroja abrió un matadero que duró cuatro años. Stalingrado, Kursk, la Operación Bagration. Nombres que en los libros de texto occidentales ocupan un párrafo y que en la memoria rusa son cicatrices de 27 millones de muertos. La URSS perdió entre 8,1 y 11 millones de soldados, y entre 16 y 19 millones de civiles asesinados por los nazis.
El desembarco de Normandía, tan cinematográfico, llegó en junio de 1944. Para entonces el Ejército Rojo ya había roto la espina dorsal de la Wehrmacht y avanzaba hacia Berlín. Hay quien sostiene que el verdadero objetivo aliado no era tanto acabar con Hitler como frenar a Stalin. La cronología invita a pensarlo, según algunos participantes.
La ayuda occidental: ¿decisiva o anecdótica?
Aquí el debate se encona. La Ley de Préstamo y Arriendo envió material por valor de miles de millones. Camiones, comida enlatada, zapatos, máquinas herramienta. Los defensores de su importancia citan las 2 millones de latas de comida y los 12 millones de pares de zapatos. Sin ese flujo, argumentan, la URSS no habría resistido.
Los críticos responden con la distribución temporal. En 1941, cuando Moscú se jugaba el todo por el todo, llegó el 2,1% del total. En 1942, el 14%. En 1943, el 27,4%. El grueso, el 56,5%, llegó entre 1944 y 1945, cuando los alemanes ya estaban reventados. Los Matilda británicos eran lentos para las estepas rusas. Los Hurrican, escasos. Con ese material no se defiende Moscú, afirman.
El bombardeo de civiles: la otra cifra incómoda
Mientras el frente oriental se desangraba, los aliados occidentales bombardeaban ciudades alemanas. Dresde, Hamburgo, Colonia. Las estimaciones hablan de entre 350.000 y 500.000 civiles alemanes muertos por bombardeos estratégicos. Más civiles que combatientes alemanes causaron los angloamericanos, según los datos citados. Una táctica que entonces se llamó guerra total y que hoy, aplicada en Gaza, se llama de otra manera, sostienen algunos.
El relato de Hollywood y el mapa de 1950
La industria cultural hizo el resto. Películas, series, videojuegos. El soldado americano liberando Europa. El Día D como punto de inflexión. La realidad es que Estados Unidos perdió menos de 700.000 hombres en Europa, frente a los 27 millones soviéticos. Y que la bandera que ondeó sobre el Reichstag fue la roja con la hoz y el martillo.
Hay una explicación geopolítica. La URSS era el enemigo siguiente. Convertirla en secundaria en el relato de la victoria facilitaba justificar la Guerra Fría. El plan Marshall, la OTAN, la bomba atómica. Todo encajaba mejor si el salvador era Washington.
¿Qué pasa con la ayuda material?
El debate sobre el Préstamo y Arriendo sigue abierto. Los documentos soviéticos reconocen la importancia del material, pero insisten en que llegó tarde para los momentos críticos. La industria soviética, tras el desmantelamiento y traslado de fábricas al este, alcanzó su pico en 1942. Para entonces, la suerte estaba echada.
La pregunta que sobrevuela es incómoda: ¿habría ganado la URSS sin la ayuda occidental? Stalin, según algunas fuentes, dijo que no. Otros sostienen que la guerra de atrición habría acabado igual, solo con más muertos. Lo que nadie discute es que la carne la puso el Ejército Rojo.
Ochenta años después, la discusión sigue viva. No es solo historia. Es la base del relato que legitima el orden mundial actual. Y en ese relato, como en todos, hay más propaganda que datos. La pregunta no es quién ganó, sino a quién le interesa que creamos que ganó.