El gran éxodo alemán alcanza las 250.000 personas que se marchan al año: "Me fui por la envidia"

El gran éxodo alemán alcanza las 250.000 personas que se marchan al año: "Me fui por la envidia"
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

Casi **270.000 alemanes** abandonaron el país en **2024**, la mayoría altamente cualificados. La envidia social y la sensación de ser un adversario para el Estado empujan a muchos a buscar oportunidades fuera. El éxodo de alemanes cualificados se ha convertido en una tendencia preocupante.

Leer el resumen completo →

El éxodo alemán se acelera: 250.000 se marchan al año

Casi 270.000 alemanes abandonaron el país en 2024, la mayoría altamente cualificados. La envidia social y la sensación de ser un adversario para el Estado empujan a muchos a buscar oportunidades fuera.

El éxodo de alemanes cualificados se ha convertido en una tendencia preocupante. Alrededor de 270.000 personas dejaron Alemania en 2024, una cifra que se mantiene estable por encima del cuarto de millón anual desde hace años. Lo más alarmante es que la gran mayoría de quienes se marchan son profesionales con títulos universitarios, el 75% del total.

La fuga de talento y la "envidia social"

El fenómeno no es nuevo; el saldo migratorio neto de Alemania lleva más de dos décadas siendo negativo. Sin embargo, la calidad de quienes se van es lo que enciende las alarmas. Se trata de individuos con idiomas, con capacidad de adaptación y con alternativas laborales en otros países. El autor Alexander Steffen, en su libro "Goodbye Deutschland", señala que estas personas son "necesarias en otros lugares y no dependen de Alemania".

Steffen argumenta que cuando los más cualificados "dimiten mentalmente", no es por un defecto de carácter, sino por el precio que paga un país por exprimir a quienes rinden, dándoles lecciones sobre su libertad y contemplando su éxito con recelo. La envidia social parece ser un factor clave. Una encuesta de Ipsos MORI revela que Alemania registra niveles de envidia social superiores a los de otros países como Polonia, solo superada por Francia. En otras palabras, el éxito ajeno genera más sospecha que admiración.

El peso de la burocracia y la falta de reconocimiento

Los motivos que esgrimen quienes deciden hacer las maletas son variados, pero un denominador común es la sensación de que el Estado les exige mucho y les da poco a cambio. Florian, de Hamburgo, que planea mudarse a Doha, relata cómo la excesiva regulación y las exigencias burocráticas en su sector, químico y de la construcción, le hacían sentir "tratado como a un delincuente". Una multa cuantiosa por un error de etiquetado irrelevante, sin comparación con la recompensa por el éxito, le hizo ver que "los incentivos están completamente al revés".

Tobias, que emigró a Suiza para unas prácticas y se quedó, trabaja más horas pero con un salario neto el doble y con gastos de vivienda cubiertos. Más allá de las cifras, lo que valora es la "sensación" de que trabajar allí es "más agradable". Percibe "mucho más reconocimiento, no solo por parte de su empleador, sino del conjunto de la sociedad", algo que no asocia con Alemania.

Jan, de Baviera, ahora residente en Bulgaria con una carga fiscal del 10%, no huyó solo por los impuestos. Su motivación principal fue la "profunda desconfianza que entra en juego casi automáticamente en Alemania cada vez que alguien tiene la osadía de construir algo propio". La factura fiscal era solo la manifestación tangible de una "sensación de alienación" que ya venía sintiendo.

El espejo sueco y la sensación de ser un adversario

Este panorama recuerda a la Suecia de las décadas de 1960 y 1970, cuando la carga fiscal se volvió insoportable y la envidia hacia empresarios y personas adineradas se extendió. El escritor Hans Magnus Enzensberger describió cómo los ricos suecos se sentían "superfluos, despreciados y excluidos".

Las conversaciones de Steffen con autónomos y pequeños empresarios alemanes se resumen en que no fracasan por la complejidad de los formularios, sino porque sienten que el Estado los trata como "adversarios en lugar de como a las personas que contribuyen a financiar todo el sistema". Llega un punto en que la gente deja de luchar contra esa sensación y busca alternativas. Un tenista de éxito que ahora vive en Estados Unidos corrobora esta idea, afirmando que allí experimentó por primera vez que el éxito "no es algo de lo que haya que avergonzarse", a diferencia de Alemania, donde se cuestiona si se está "queriendo demasiado".

La experiencia personal confirma esta tendencia. Un amigo alemán de origen turco, altamente cualificado, se mudó a Suiza para crear una nueva empresa, incapaz de imaginarlo en Alemania. Otro amigo, inversor exitoso, vive en Abu Dabi y afirma rotundamente: "No me fui por los impuestos, me fui por la envidia".

* 269.986 alemanes abandonaron el país en 2024.

* El 75% de los emigrantes alemanes posee un título universitario.

* Alemania registra un nivel de envidia social solo superado por Francia en una encuesta de Ipsos MORI.

* La carga fiscal en Bulgaria ronda el 10%.

* El saldo migratorio neto de Alemania es negativo desde hace más de dos décadas.

Datos clave
  • 269.986 alemanes abandonaron el país en 2024.
  • El 75% de los emigrantes alemanes posee un título universitario.
  • Alemania registra un nivel de envidia social solo superado por Francia en una encuesta de Ipsos MORI.
  • La carga fiscal en Bulgaria ronda el 10%.
  • El saldo migratorio neto de Alemania es negativo desde hace más de dos décadas.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Nefersen

Nuncio Apostólico
Desde
24 Sep 2012
Mensajes
63.933
Fruta
203.482

Las salidas no paran de acelerarse y 1 de cada 5 ciudadanos contempla esta posibilidad. Un nuevo libro superventas​


El 21% de los jóvenes alemanes de entre 14 y 29 años está haciendo planes concretos para abandonar Alemania. Un 41% reconoce que podría terminar haciéndolo. Incluso entre el conjunto de la población, 1 de cada 5 ciudadanos contempla la posibilidad de emigrar. Por supuesto, no todos los que dicen estar pensando en emigrar terminan marchándose, pero muchos sí lo hacen, y su número va en aumento.

En 2024, 269.986 alemanes abandonaron el país. Desde hace años, la cifra se mantiene estable, ligeramente por encima del cuarto de millón anual. No se trata de un fenómeno nuevo: entre los ciudadanos alemanes, el saldo migratorio neto lleva más de dos décadas siendo negativo. En otras palabras, de forma sostenida salen del país muchos más alemanes de los que regresan. En 2024, la pérdida neta fue de 81.000 personas y, el año pasado, de 97.000.

La fuga de talento​

Lo preocupante es que quienes se marchan son, en su inmensa mayoría, personas altamente cualificadas: el 75% tiene un título universitario. Alexander Steffen escribe en su libro Goodbye Deutschland que quienes se van "son los más cualificados, quienes dominan idiomas, quienes tienen alternativas, quienes son necesarios en otros lugares y no dependen de Alemania". Y no se trata únicamente de quienes emigran realmente, sino también de aquellos que ya han desconectado mentalmente del país: "cuando son precisamente estas personas las que dimiten mentalmente, no se trata de un defecto de carácter por su parte... Es el precio que paga un país por haber creído durante demasiado tiempo que podía exprimir a quienes rinden, dándoles lecciones sobre su libertad y contemplando su éxito con recelo y sin pensar que siempre pagarían la factura".

Steffen no defiende esta salida y escribe expresamente que quiere quedarse en Alemania porque ama a su país, pero advierte de las consecuencias de que entren cada vez más personas con poca o ninguna cualificación mientras se marchan cada vez más personas altamente cualificadas. Está a favor de la inmi gración, pero siempre que sea cualificada: "Alemania no tiene un problema con la cantidad de inmi gración; tiene un problema con su calidad. Con demasiada frecuencia mantiene y sostiene económicamente a personas que suponen una carga para el sistema, mientras pierde o expulsa a personas que harían más fuerte al país".

El autor entrevista a muchas personas —sobre todo jóvenes— que han emigrado o que se plantean seriamente hacerlo. Para él, los motivos que éstos ofrecen para explicar su salida son un claro indicador de lo que está funcionando mal en nuestro país. En una frase: "en otros lugares, el éxito es una invitación; aquí, es motivo de sospecha".

En efecto, los alemanes sienten una especial envidia hacia las personas ricas y exitosas. Así lo demuestra también una encuesta que coordiné en en 13 países, según la cual la envidia social es mayor en Alemania que en casi cualquier otro país. De acuerdo con la encuesta de Ipsos MORI, únicamente Francia registra un nivel superior. En Polonia, por ejemplo, un país muy dinámico y de rápido crecimiento, la envidia es mucho menor.

Los motivos para marcharse​

¿Qué mueve a los jóvenes a hacer las maletas? La queja fundamental es que el Estado les exige mucho y les quita mucho, ofreciendo cada vez menos a cambio. Florian tiene 33 años, es de Hamburgo y trabajaba en la empresa de su familia. Ahora planea mudarse a Doha: "viene de los sectores químico y de la construcción, un mundo en el que las regulaciones, los requisitos de etiquetado, las normas de responsabilidad y las cadenas de suministro determinan la jornada laboral. Cuando me dijo que en Alemania se sentía tratado como a un delincuente, no lo hizo con tono enfadado, sino más bien agotado". La gota que colmó el vaso fue una cuantiosa multa que hubo de desembolsar cuando uno de sus 5.000 productos resultó está mal etiquetado debido a un error de impresión completamente irrelevante: "un Estado que castiga un pequeño error con más dureza de la que nunca recompensa el éxito tiene los incentivos completamente al revés".

Tobias llegó a Suiza a hacer unas prácticas y se quedó. Trabaja cinco horas más a la semana, pero su salario neto es el doble y, además, su empleador le costea el alquiler de la vivienda. Pero, para él, al igual que para las demás personas entrevistadas por Steffen, no se trata principalmente de cifras como estas, sino sobre todo de una sensación: "trabajar allí es, sencillamente, más agradable", afirma, porque percibe "mucho más reconocimiento no solo por parte de su empleador, sino del conjunto de la sociedad". Alemania, en cambio, "no es un país que asociaría precisamente con esa palabra".

Jan tiene 38 años, procede de Baviera y ahora vive en Bulgaria, donde la carga fiscal ronda el 10%: "la fiscalidad influye, pero, al final, profesionales como Jan no huyeron por encima de todo de los altos impuestos, sino que actuaron movidos por la profunda desconfianza que entra en juego casi automáticamente en Alemania cada vez que alguien tiene la osadía de construir algo propio. La factura fiscal era únicamente la manifestación tangible de una sensación de alienación que, en realidad, llevaba mucho tiempo presente".

El precedente sueco​

Esto me recuerda a la Suecia de las décadas de 1960 y 1970, cuando no solo la carga fiscal se volvió insoportable, sino que también se extendió la envidia hacia los empresarios y las personas adineradas. El escritor alemán Hans Magnus Enzensberger escribió entonces sobre Suecia: "en una sociedad así, parece que los ricos tienen poco de qué reírse. ¡Si al menos fueran solo los impuestos! Como ciudadanos respetables, están dispuestos a pagarlos puntualmente, aunque sea de mala gana, pero lo que más les duele es el hecho de que nadie siente la menor simpatía por su situación". Suecia, escribió Enzensberger, se había convertido en un país en el que los ricos se sentían "superfluos, despreciados y excluidos".

Las conversaciones de Steffen con autónomos y pequeños empresarios pueden resumirse así: "no fracasaron porque un formulario fuera demasiado largo, sino porque sentían que el Estado los trataba como adversarios en lugar de como a las personas que contribuyen a financiar todo el sistema". Llega un momento en que la gente deja de luchar contra esa sensación y empieza a buscar alternativas.

Un tenista de éxito que ahora vive en Estados Unidos afirma: "en Estados Unidos experimenté por primera vez que el éxito no es algo de lo que haya que avergonzarse. En Alemania, la gente enseguida pregunta si quizá estás queriendo demasiado. En Estados Unidos, es más probable que te pregunten hasta dónde quieres llegar".

Puedo confirmar por experiencia propia lo que escribe Steffen. Un amigo mío, alemán de origen turco muy bien integrado y altamente cualificado, se mudó a Suiza hace una semana. ¿El motivo? Quiere crear otra empresa y ya no se imagina haciéndolo en Alemania. Y otro buen amigo mío, un inversor extremadamente exitoso y rico, lleva ya varios años viviendo en Abu Dabi. "No me fui por los impuestos", afirma, "me fui por la envidia".

​

 
Es fácil de entender el motivo.

Alemania es un territorio bonito para visitar -algunas zonas- pero con un clima desagradable y encima sin costa. La costa que tiene da al norte frío y lluvioso.

¿Merecía la pena vivir? Sí, porque
-era fácil acceder a trabajo estable y bien pagado en el motor industrial de Europa
-era una sociedad razonablemente homogénea racial y culturalmente y con buena seguridad ciudadana. Siempre hubo un colectivo de origen turco con el que a veces había roces y los típicos berlineses con estética alternativa, pero la mayoría del país era vivible
-el sistema de protección social, sanidad, pensiones... era bastante bueno
-los alemanes tenían a su familia allí, si tienes unos padres y hermanos tienes un incentivo para quedarte en un sitio con tu tribu

ahora
-el motor industrial está gripando. Miles y miles de despidos en VW y China sustituyendo todos los sectores
-situaciones desagradables por doquier hasta en pueblos de 1000 habitantes
-sistema de protección social cada vez más dependiente de la deuda, cada vez menos sostenible, muchos pensionistas ni llegan a fin de mes y tienen que trabajar para sobrevivir, los famosos mini jobs
-muchos alemanes serán, como en España, descendientes únicos de familia desestructurada con poca vinculación emocional con su familia

Pues para tener una vida complicada en un sitio adefesio y con mal clima, mejor tenerla en la costa de Portugal, España, Italia o Grecia. Y si tienes dinero y/o posibilidades de pogre profesionalmente, te vas a Suiza, a USA o a donde te vayas a forrar sin que el estado te grave fiscalmente.
 
Última edición:

Las salidas no paran de acelerarse y 1 de cada 5 ciudadanos contempla esta posibilidad. Un nuevo libro superventas​


El 21% de los jóvenes alemanes de entre 14 y 29 años está haciendo planes concretos para abandonar Alemania. Un 41% reconoce que podría terminar haciéndolo. Incluso entre el conjunto de la población, 1 de cada 5 ciudadanos contempla la posibilidad de emigrar. Por supuesto, no todos los que dicen estar pensando en emigrar terminan marchándose, pero muchos sí lo hacen, y su número va en aumento.

En 2024, 269.986 alemanes abandonaron el país. Desde hace años, la cifra se mantiene estable, ligeramente por encima del cuarto de millón anual. No se trata de un fenómeno nuevo: entre los ciudadanos alemanes, el saldo migratorio neto lleva más de dos décadas siendo negativo. En otras palabras, de forma sostenida salen del país muchos más alemanes de los que regresan. En 2024, la pérdida neta fue de 81.000 personas y, el año pasado, de 97.000.

La fuga de talento​

Lo preocupante es que quienes se marchan son, en su inmensa mayoría, personas altamente cualificadas: el 75% tiene un título universitario. Alexander Steffen escribe en su libro Goodbye Deutschland que quienes se van "son los más cualificados, quienes dominan idiomas, quienes tienen alternativas, quienes son necesarios en otros lugares y no dependen de Alemania". Y no se trata únicamente de quienes emigran realmente, sino también de aquellos que ya han desconectado mentalmente del país: "cuando son precisamente estas personas las que dimiten mentalmente, no se trata de un defecto de carácter por su parte... Es el precio que paga un país por haber creído durante demasiado tiempo que podía exprimir a quienes rinden, dándoles lecciones sobre su libertad y contemplando su éxito con recelo y sin pensar que siempre pagarían la factura".

Steffen no defiende esta salida y escribe expresamente que quiere quedarse en Alemania porque ama a su país, pero advierte de las consecuencias de que entren cada vez más personas con poca o ninguna cualificación mientras se marchan cada vez más personas altamente cualificadas. Está a favor de la inmi gración, pero siempre que sea cualificada: "Alemania no tiene un problema con la cantidad de inmi gración; tiene un problema con su calidad. Con demasiada frecuencia mantiene y sostiene económicamente a personas que suponen una carga para el sistema, mientras pierde o expulsa a personas que harían más fuerte al país".

El autor entrevista a muchas personas —sobre todo jóvenes— que han emigrado o que se plantean seriamente hacerlo. Para él, los motivos que éstos ofrecen para explicar su salida son un claro indicador de lo que está funcionando mal en nuestro país. En una frase: "en otros lugares, el éxito es una invitación; aquí, es motivo de sospecha".

En efecto, los alemanes sienten una especial envidia hacia las personas ricas y exitosas. Así lo demuestra también una encuesta que coordiné en en 13 países, según la cual la envidia social es mayor en Alemania que en casi cualquier otro país. De acuerdo con la encuesta de Ipsos MORI, únicamente Francia registra un nivel superior. En Polonia, por ejemplo, un país muy dinámico y de rápido crecimiento, la envidia es mucho menor.

Los motivos para marcharse​

¿Qué mueve a los jóvenes a hacer las maletas? La queja fundamental es que el Estado les exige mucho y les quita mucho, ofreciendo cada vez menos a cambio. Florian tiene 33 años, es de Hamburgo y trabajaba en la empresa de su familia. Ahora planea mudarse a Doha: "viene de los sectores químico y de la construcción, un mundo en el que las regulaciones, los requisitos de etiquetado, las normas de responsabilidad y las cadenas de suministro determinan la jornada laboral. Cuando me dijo que en Alemania se sentía tratado como a un delincuente, no lo hizo con tono enfadado, sino más bien agotado". La gota que colmó el vaso fue una cuantiosa multa que hubo de desembolsar cuando uno de sus 5.000 productos resultó está mal etiquetado debido a un error de impresión completamente irrelevante: "un Estado que castiga un pequeño error con más dureza de la que nunca recompensa el éxito tiene los incentivos completamente al revés".

Tobias llegó a Suiza a hacer unas prácticas y se quedó. Trabaja cinco horas más a la semana, pero su salario neto es el doble y, además, su empleador le costea el alquiler de la vivienda. Pero, para él, al igual que para las demás personas entrevistadas por Steffen, no se trata principalmente de cifras como estas, sino sobre todo de una sensación: "trabajar allí es, sencillamente, más agradable", afirma, porque percibe "mucho más reconocimiento no solo por parte de su empleador, sino del conjunto de la sociedad". Alemania, en cambio, "no es un país que asociaría precisamente con esa palabra".

Jan tiene 38 años, procede de Baviera y ahora vive en Bulgaria, donde la carga fiscal ronda el 10%: "la fiscalidad influye, pero, al final, profesionales como Jan no huyeron por encima de todo de los altos impuestos, sino que actuaron movidos por la profunda desconfianza que entra en juego casi automáticamente en Alemania cada vez que alguien tiene la osadía de construir algo propio. La factura fiscal era únicamente la manifestación tangible de una sensación de alienación que, en realidad, llevaba mucho tiempo presente".

El precedente sueco​

Esto me recuerda a la Suecia de las décadas de 1960 y 1970, cuando no solo la carga fiscal se volvió insoportable, sino que también se extendió la envidia hacia los empresarios y las personas adineradas. El escritor alemán Hans Magnus Enzensberger escribió entonces sobre Suecia: "en una sociedad así, parece que los ricos tienen poco de qué reírse. ¡Si al menos fueran solo los impuestos! Como ciudadanos respetables, están dispuestos a pagarlos puntualmente, aunque sea de mala gana, pero lo que más les duele es el hecho de que nadie siente la menor simpatía por su situación". Suecia, escribió Enzensberger, se había convertido en un país en el que los ricos se sentían "superfluos, despreciados y excluidos".

Las conversaciones de Steffen con autónomos y pequeños empresarios pueden resumirse así: "no fracasaron porque un formulario fuera demasiado largo, sino porque sentían que el Estado los trataba como adversarios en lugar de como a las personas que contribuyen a financiar todo el sistema". Llega un momento en que la gente deja de luchar contra esa sensación y empieza a buscar alternativas.

Un tenista de éxito que ahora vive en Estados Unidos afirma: "en Estados Unidos experimenté por primera vez que el éxito no es algo de lo que haya que avergonzarse. En Alemania, la gente enseguida pregunta si quizá estás queriendo demasiado. En Estados Unidos, es más probable que te pregunten hasta dónde quieres llegar".

Puedo confirmar por experiencia propia lo que escribe Steffen. Un amigo mío, alemán de origen turco muy bien integrado y altamente cualificado, se mudó a Suiza hace una semana. ¿El motivo? Quiere crear otra empresa y ya no se imagina haciéndolo en Alemania. Y otro buen amigo mío, un inversor extremadamente exitoso y rico, lleva ya varios años viviendo en Abu Dabi. "No me fui por los impuestos", afirma, "me fui por la envidia".

​

Vaya... emigran mucho más que en España en la maravillosa Alemania, y me temo que el corte del gas ruso está bastante detrás de ello. Aparte de una burocracia estulta.
 
Una amiga que vivía en Berlín se rió de mi cuando me escuchó quejarme de la burocracia española. Me dijo: "Tú no sabes lo que es la burocracia". Como ejemplo me dio uno sencillo: Para poder abandonar Alemania, era obligafo darse baja en el padrón (Bürgeramt) en un plazo de 2 semanas tras la mudanza. Para ello no bastaba con que rellenase un formulario, sino que tenía que solicitar un certificado del propietario de piso que abandonabas (Wohnungsgeberbestätigung).

Tuve una experiencia directa cuando, por error, se me ocurrió comprar una empresa divindinera alemana, y para reclamar las brutales retenciones del 26,37%, no basta con rellenar un simple formulario con tu broker, como hace los EEUU con el w8-ben, y que se te aplique un régimen especial, sino que te retienen los dividendos como si fueras alemán, y luego tienes que solicitar un certificado digital oficial a sus autoridades, enviando todo tipo de documentos, para luego, con ese identificador, rellenar el formulario con la información que, a su vez, le reclames al broker. Vamos, el resultado es obvio: Jamás inviertas en una empresa en Alemania.
 
Efectivamente, creo que más que Alemania, el tema es la UE en conjunto, que solo nos ha aportado trabas burocráticas a la economía y a la vida en general (véanse los tapones de las botellas, el gran invento del siglo)
 

Estadísticas del foro

Temas
2.056.706
Mensajes
58.358.554
Miembros
191.005
Último miembro
Jinete Nocturno

El blog de burbuja.info

-
Volver